Trekking en el Cajón del Maipo

Google +TwitterFacebook


Tras los dos días que pasamos en Maitencillo y Valparaíso, Richard nos tenía preparada otra buena sorpresa a todos en forma de madrugón y buen trekking a tan sólo dos horas y media de la capital chilena.

A las 7.30 am ya estábamos saliendo en un par de furgonetas las 15 personas que nos apuntamos al trekking que Richard tantas veces había realizado para sus clientes -mi amigo es guía para tripulantes de Air France que pasan unos días en Santiago- y ahora enseñaba a sus amigos y familiares que habíamos venido desde tan lejos para su boda en tierras chilenas.

El Cajón del Maipo ofrece circuitos múltiples: desde trekkings de un día hasta los de una semana que recorren lagunas y glaciares, incluyendo altitudes de más de 5.000 metros.

Nosotros, teniendo en cuenta que en el grupo había personas de unos 60 años, realizamos un recorrido que nos llevaría desde la entrada al parque hasta la Laguna Morada, desde donde se podía contemplar una buena vista de los glaciares que esperaban a aquellos que se aventurasen durante más días en la zona.

Tuvimos mucha suerte con la metereología -que, según nos explicó Richard, suele ser bastante cambiante en el mismo día- y el Sol nos acompañó por la totalidad del trayecto. Sin embargo, fue ésta un arma de doble filo ya que el calor era bastante fuerte y trás unas horas de caminata se notaban sobremanera los efectos del Lorenzo pegando duro.

El terreno dibuja una ascensión casi continuada pero con una pendiente bastante suave. La vegetación escasea y tan sólo encontraréis arbustos y hierbas, así que olvidaros de cobijaros del Sol bajo las copas de los árboles. Una parada curiosa que podéis hacer durante el camino es la de las pequeñas lagunas de agua con alto contenido en hierro. El sabor es un poco extraño pero en pequeñas cantidades es totalmente inocua para la salud.

Lee:
El trekking de Dodola en Etiopía (Parte 3)


Erik -mi amigo cubano que conocí en ésa gran semana de actividades antes de la boda- y yo encabezamos el grupo y llegamos a la Laguna después de unas 2 horas y media de caminata. Comimos nuestro almuerzo y esperamos al resto del grupo. El hecho de tener tan cerca los glaciares y no poder acercarnos más nos tenía mucho más quemados que el Sol chileno, así que decidimos continuar los dos con la marcha mientras el resto del grupo descansaba y comía para luego emprender el camino de vuelta.

Lo pasamos muy haciendo el cabra y aproximándonos a las cuevas que formaba el glaciar sobre la roca. Un par de ríos de estrecho caudal y congeladas aguas se originaban de estas cuevas y el seguir la ascensión se hacía casi imposible debido a la orografía y composición geológica del terreno. Era todo piedra suelta que te hacía recular uno de cada cuatro pasos.

Nos hicimos algunas fotos, tomamos algo de aire y emprendimos la carrera de vuelta. Nos habíamos adentrado una hora más en el parque y ahora teníamos que intentar alcanzar al grupo.

No fue posible aunque bajamos a la carrera y nos perdimos los baños termales -aunque yo no puedo disfrutarlos por motivos de salud- que se encuentran cercanos a la zona.

Tampoco estuvo mal porque nos fuimos con Richard al Refugio Alemán que utilizan para estos eventos y que está totalmente equipado con restaurante, habitaciones, baños, parrilla e incluso tumbonas. Allí nos encargamos de preparar los manjares que nos repondrían a todos un par de horas más tarde: vino chileno, olivas, papas, queso, pinchos de carne y verdura a la brasa y algunas cosas más que no cuento porque me estoy muriendo de hambre al recordarlo.

Lee:
El día que salí a pescar cangrejos de río en Suecia y acabé cantando

El viaje de vuelta fue alegre debido al vino, cerveza, cansancio y el saber que nos esperaba una buena noche de marcha por Santiago.

Una vez más Richard nos trató de lujo y pasamos un gran día.

Reserva tu viaje al mejor precio:

Puntúa este artículo
,
Google + Twitter Facebook
4 Comentarios
  1. Rodrigo 27 abril 2009
  2. David 6 mayo 2009
  3. Catalina 18 abril 2011
  4. francisco 12 julio 2011