Trekking alternativo en Munnar

mirador
Como ya he dicho antes, la principal razón para venir a Munnar no se encuentra en el propio Munnar, sino en que su temperatura es más agradable (por algo está a mil seiscientos metros de altitud) y en sus alrededores, sus bosques y montañas. Y eso significa, por supuesto, una oportunidad para hacer trekking en zonas poco frecuentadas por turistas, ahora que es temporada baja para los occidentales (la alta es de Agosto a Marzo).

El trekking alternativo que yo decido hacer es de unos doce kilómetros aproximadamente, con un mirador y unas cataratas como principales puntos de interés. Empieza al sur del pueblo y es circular, de modo que acabo volviendo al punto de partida pero por otra ruta. Salgo del hostal a las nueve de la mañana y compro galletas, bizcocho y agua en una de las tiendecitas al otro lado de la carretera, mientras la gente que va a coger el autobús desayuna, al estilo indio, por supuesto.

fumigandoEl primer tramo deja a mi izquierda la estación y un parque, y a mi derecha el paisaje ondula pero las plantas de té son casi el monocultivo de la zona, y desde luego el más importante económicamente. En un trabajo que les llevará días, veo a dos operarios fumigando las hojas. He de girar a la izquierda, cruzando el puente, y se me ofrece una bonita vista del comienzo del valle, con el agua fluyendo con desgana bajo mis pies. A los pocos minutos, como si de un efecto especial se tratara, el panorama es engullido por la niebla, que me irá acompañando a ratos por el camino.

Me cruzo con las mujeres que trabajan recogiendo el té, pero en este caso parece que lo están abonando. Un capataz vierte el contenido de los sacos al borde de la carretera y ellas se acercan, llenan unos sacos más pequeños y con ellos a sus espaldas (sostenidos con correas sobre su frente), van esparciéndolo a los pies de las plantas. Les pido permiso para hacerles fotos y sonríen con timidez, sin poner reparos.

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Cuando llego al mirador, menos de hora y media después de comenzar a andar por la carretera, la niebla lo cubre por sectores y esta básicamente nublado, así que no se dan las circunstancias más favorables para disfrutar de las vistas (fijaos en la foto que encabeza el texto). Pero me siento igualmente y disfruto de un chai durante un rato, mientras veo aparecer y desaparecer los parches de color verde en la distancia. Según el mapa, a partir de ese momento he de buscar un sendero que indique un “trekking trail”, a la derecha de la carretera, que lleva, de paso, a unas cataratas (las de Attukkad), que presupongo con poca agua porque la temporada del monzón no ha hecho mas que empezar.

Camino y camino pero la falta de escala del mapa no me hace fácil calcular donde está el sendero, ademas de que, para variar, llevo un rato sin ver a nadie, solo palmeras, bosque y plantaciones de té. Ahora me encuentro, curiosamente, por encima de la niebla así que el Señor Lorenzo se desahoga con gusto sobre mi espalda y nuca. El forro polar y el chubasquero llevan ya un rato de vuelta en el interior de la mochila.

paisajeUn mojón en el camino me indica que, de volver sobre mis pasos, estoy a cinco kilómetros de Munnar y a diez de Bisonvalley. La distancia parece ridícula para el tiempo invertido, pero es lo que tiene el caminar por senderos de montaña que son curva tras curva tras curva. Me doy cuenta de que en algún momento me he pasado la desviación, pero juraría que no he visto ningún cartel que la indicara o tampoco el camino a la catarata. Está claro que sólo tengo dos opciones, puedo desandar lo caminado las dos horas anteriores y recorrer camino conocido de vuelta a Munnar, o bien continuar caminando y buscar una forma de “girar a la derecha” para hacer lo que pretendía inicialmente pero trazando un círculo más amplio.

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¿Quién dijo miedo? Mi tozudez me lleva a decidirme por lo segundo. El trekking continúa por carreteras secundarias, atravesando bosques donde escucho a las cigarras reinando con su música sobre la de los pájaros. No las he contado, pero he pasado por lo menos por media docena de plantaciones distintas y, como no podía ser menos, encuentro una que pertenece a la omnipresente familia Tata.

chicosTras subir una pronunciada cuesta, me tropiezo con el Hotel Oak Fields, en Pothamedu y sigoel camino que lo deja a la izquierda, cruzándome con el acceso a resorts con idílicas cabañas con porche en medio del bosque. Atravieso pueblecillos que son literalmente cuatro casas a ambos lados del camino. De ellas sale gente a la puerta para verme, porque los turistas no pasan por aquí. Y menos, andando. Todos sonrien, me dicen hello, y de donde vengo (un chico intenta entablar conversación pero creo que me confunde con alguien porque repite constantemente “Henry?”, hasta que me doy cuenta de que es su forma de pronunciar “country?”, país).

Los niños me paran y me piden que les haga fotos. Se ríen, posan y me dan las gracias cuando se las enseño en la pantalla de mi cámara. Incluso me estrechan la mano, lo que en realidad me hace sentir más bien ridículo, pero todos nos reímos. Llegado a un punto entre las poblaciones de 20Acre y Kunjithanni, un señor que viaja en rickshaw me insiste en que le acompañe a Munnar, yo sonrío, le estrecho la mano, se lo agradezco y le digo que prefiero caminar. Dos chicos que conducen un jeep, se paran y me ofrecen llevarme, pero yo declino amablemente la oferta.

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A eso de las cuatro menos veinte llego a Anachal y me siento a tomar un chai en un pequeño puesto junto a la carretera, al final del pueblo. Ya son casi siete las horas que llevo caminando, empieza a llover con intensidad, ha bajado la niebla y dentro de un par de horas comenzará a anochecer. Me llevaría por lo menos tres o cuatro horas más recorrer los trece kilómetros que aún me separan de Munnar, pero no tiene sentido llegar de noche y haber acabado el día con once o doce horas de trekking a la espalda cuando no se trata de parte de una ruta entre dos puntos, y teniendo en cuenta que mañana me voy del pueblo.

Por una vez, obra la sensatez y me subo a un autobús local que, media hora después, me deja en Munnar, cansado y con la cara del color de un cangrejo, pero satisfecho con la experiencia.

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