El día en que me enamoré del surf en Cantabria

Reconozco que la ola no es para tirar cohetes, ¡pero no sabéis lo bien que se siente uno cuando se pone de pie!

La italiana Raffaella Carrá nos cantaba en su época, antes de la última glaciación, que para hacer bien el amor había que venir al Sur. Nunca me quedó muy claro si se refería al sur de España o el de Italia -imagino que sería el país transalpino- pero, por las dudas, os aconsejo recorrer los dos. Tras probar el surf en Cantabria he decidido mandarle mi letra original -me forro con los royalties- de la canción para hacer bien el surf hay que venir al Norte, más concretamente a Cantabria.

Cuando nos llegó la invitación para asistir al surfblogtrip en Ribamontán al mar no dudé en pedirle a mis compañeros que me dejaran asistir a mí. Soy un amante de los deportes pero además había probado el surf una sola vez en Brasil y me había encantado.

Aquella vez fue a lo indio. Tabla prestada, conocimientos nulos y muchas ganas. Cóctel de ingredientes que, aún siendo sin alcohol, hicieron que no pudiera sostenerme en pie -sobre la tabla- ni en una sola ocasión. Pero esta vez fue muy diferente yendo de la mano de los grandes profesionales Damian Freeman -con una mujer e hijo maravillosos deberías cambiarte el apellido, amigo- y César Vázquez.

Con todos los chicos y el gran César, de la Escuela de Surf La Curva, en Loredo

Damián y César son unos tíos estupendos que llevan la Escuela de Surf la Curva, situada justo delante de uno de los accesos a la magnífica playa de Loredo. Además de ser unos cracks del surf, demostraron tener una paciencia de santo para conseguir convertir a blogueros en surferos en 4 horas de curso. Era casi tan complicado como conseguir que Popeye tumbara a Brutus sin su chute de espinacas.

En la mañana del Viernes salimos de nuestro maravilloso hotel, Torres de Somo, a las 9.45 de la mañana y David Mora -gran organizador del viaje- nos llevó a la Curva. Allí nos recibieron César y Damián y nos empezaron a asignar los trajes de neopreno tras los primeros saludos.

Iñaki y Jorge dándolo todo sobre las olas

Nos explicaron que el grosor de los trajes varía en función de la temperatura del agua. Eran de una marca que no había oído nunca, XCEL, pero pudimos comprobar la razón que tenía César al decirnos que eran los mejores del mercado. No sentimos nada de frío y eran comodísimos, dos requisitos fundamentales para disfrutar del surf en el Cantábrico.

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Tras calzarnos los trajes nos bajamos caminando a la playa mientras ellos bajaban las tablas en la furgoneta.

Era un día gris y con poco viento. Condiciones ideales para principiantes. Ya en la arena, acompañados por nuestras tablas, nuestros monitores comenzaron a explicarnos principios básicos relacionados tanto con el mar como con la técnica del surf. No puedes separar una cosa de la otra.

Felicidad, sorpresa y risas...¡Viva el surf!.

El haber crecido cerca del mar siempre te da un pequeño plus a la hora de entender la explicación sobre las corrientes, las olas y cómo aprovechar ambas para disfrutar de la actividad en lugar de sufrirla.

César nos contaba que eran zonas más profundas y peligrosas aquellas en las que no veíamos espuma de la ola y Damian añadía que nunca debemos luchar contra las corrientes, sino aprovecharlas para salir de una zona conflictiva.

Cuando aprendes a leer el mar un poco, llega la técnica sobre la tabla. Cuerpo centrado sobre la mitad de la misma, pies tocando el extremo y saber cuándo y cómo hay que nadar sobre ella en pos de la ola que nos haga volar.

Aquí con un poquito más de estilo.

El momento cumbre llegó con la explicación del movimiento -en tres pasos- para ponerse sobre la plancha. Flexión de brazos con cuerpo estirado, colocación del pie de apoyo y conseguir poner el otro sin caerte, con la vista al frente, rodillas flexionadas y brazos cerca de tu centro de gravedad. En la arena no parece tan difícil pero en el agua se complica ligeramente.

Tras un calentamiento de piernas y brazos nos pusimos el invento -la cuerda flexible de uretano que une tu pie de apoyo a la tabla- y entramos en las frías aguas del Cantábrico. El primer impacto me hizo apretar ligeramente los dientes pero dejé de sentir frío a los 20 segundos de reloj.

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Las gentes de Somo, Loredo y Langre -las 3 playas de Ribamontán que en realidad es una sola- aprecian sus vidas y, casualmente, teníamos todo ese trozo de playa para nosotros solos. Dale a un mono dos pistolas o dale tablas de surf a 6 blogueros inexpertos. ¿Alguna diferencia?.

No nos engañemos, ésta era la imagen más habitual. Risas al fondo.

Comenzaron los primeros intentos fallidos de ponerse de pie. Quien más y quien menos ya cogía olas de una forma bastante decente a los 20 minutos de estar en el agua. Para mí, lo fundamental es éso: saber cuándo tienes que comenzar a remar y aplicar la progresión de intensidad de remada de manera adecuada. Una vez has cogido bien la ola, tienes muchas posibilidades de conseguir ponerte de pie.

César y Damian iban de aquí para allá dando consejos, ayudando con la remada, recordándonos que no teníamos que mirarnos los pies sino mantener la vista al frente -es uno de los errores más frecuentes entre principiantes- y aplaudiendo nuestros modestos avances.

Con la emoción de ponerte en pie por primera vez, se te pasa cualquier tipo de cansancio físico. No es que haya que ser un triatleta para hacer surf, pero sí que hay que tener cierto nivel de físico. Creo que aún cansa más cuando eres inexperto porque no paras de entrar y salir de la zona de olas, con el desgaste que éso conlleva.

Damian, con su paciencia y buen rollo, me indicaba cómo tenía que hacer las cosas.

En mi caso lo dejé todo en el mar. Nunca un deporte me había enganchado con tanta rapidez. Quería coger todas las olas que pudiera. Me caía y salía casi hasta la orilla, pero nada más ponerme en pie iba directo a embestir las olas en dirección opuesta.

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Todos conseguimos mantenernos durante algunos segundos sobre nuestras tablas y las explosiones de júbilo y risas hicieron eco en la playa desierta.

Dos horas de curso por la mañana no fueron suficientes y volvimos a las aguas por la tarde.

Llevando las tablas en la playa de Loredo.

El Sábado regresamos a La Curva para nuestras últimas dos horas. Recuerdo cómo calentaba ya nervioso mientras César nos explicaba cosas sobre la formación de las olas y cómo se decide quién tiene preferencia si dos surfistas van a por la misma ola. Yo escuchaba todo deseando que acabara ya y pudiéramos meternos al agua. Es el ansia de saber que es tu última clase y tienes que surfear -o intentarlo- como si no hubiera un mañana.

El mar estaba algo más picado que el día anterior y nos brillaban los ojos al verlo. ¿Quién dijo miedo?. Recuerdo que sentí dolor la primera vez que puse mis costillas sobre la tabla. ¡Agujetas a 3 céntimos el kilo, señora!.

Esta vez compartimos las olas con otros alumnos de la escuela. Afortunadamente no arrollamos a ninguno aunque yo me crucé un par de veces con mi compañero Jesús.

De nuevo disfruté como un niño y salí el último del agua, a regañadientes. Sólo faltaba mi madre en la orilla diciéndome que si no salía inmediatamente me dejaba sin poder bajar a jugar al fútbol con los chicos por la tarde. Si llega a pasar éso me creo que he vuelto a los años de mi infancia en mi querido edificio Coral en la alicantina playa Muchavista.

“Igual de feliz me sentía”, habría narrado una voz en off tipo la del chaval (Kevin Arnold), convertido en hombre, de la serie Aquellos Maravillosos Años.

Estoy seguro de que repetiré. El surf es como el primer amor: te marca y nunca lo olvidas (Kevin Arnold dixit).

Fotos: Escuela de Surf la Curva

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5 Comentarios
  1. Miguel (Kebrantin) 22 mayo 2012
  2. David Mora 22 mayo 2012
  3. David 22 mayo 2012
  4. Iñaki Mk 24 mayo 2012
  5. Pablo Solórzano 29 mayo 2012