Sooleuy: un pescador en Myanmar

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Con Sooleuy en las aguas del río

Como llevo repitiendo en casi todos mis artículos sobre Myanmar, la mejor razón para venir a visitarlo es la gente que lo habita.

Después de semana y media en Burma nuestro destino nos llevó a la mítica ciudad de Bagan. Sus miles de templos, pagodas y estupas son famosos en el Mundo entero y la verdad es que la ciudad nos maravilló. Sin embargo, para mí lo mejor del lugar no fueron todos esos monumentos religiosos, sus miles de Budas o sus venerados atardeceres. Lo mejor de Bagan fue conocer a Sooluey.
Le conocí cuando íbamos con la bicicleta por Nuevo Bagan. Teníamos prisa por recorrer esa parte a la que casi nadie va y dirigirnos al lugar donde debíamos encontrarnos con nuestras amigas para ver el atardecer. El Nuevo Bagan comprende muchas casas de residentes y pocas pagodas en comparación con el Viejo Bagan. Vimos una gran pagoda orientada hacia el río y coronada por una cúpula enorme hecha de oro. Nos paramos a verla y explorar la ribera del río. Un chico burmés se me acerco para preguntar el típico: Where are you from?. Le contesté: Spain y él comenzó a decir nombres de jugadores de fútbol españoles. Con la coña del fútbol él iba caminando a mi lado todo el rato.

Bajamos al río y Sooluey me guió por el camino más sencillo. La cosa empezó así: con una típica conversación de fútbol. Para que luego digan que hablar de fútbol es un típico tópico. Pues sí, pero une a gente que tiene muy poco en común. Y no es un hecho aislado de un país.

El inglés de Sooluey era más que básico porque jamás lo había estudiado. Es un pescador de 26 años que fue a la escuela lo justo para aprender a leer, escribir y algo de matemáticas. Su inglés lo había adquirido de hablar con los turistas que pasaban por allí. Alucinante.

Explicando las cosas de la forma más básica posible conseguimos tener una larga conversación en la que los dos aprendimos cosas de cómo vivía el otro. Me confesó que le encantaba leer sobre países lejanos y, para mi sorpresa, conocía bastantes cosas de España, como que se hablaban distintas lenguas, el sentimiento nacionalista catalán y la figura del Franco. Cuando me comentó esto último yo ya flipaba. Sin saber cómo, me vi haciendo un dibujo del mapa de España en la arena de una isleta que formaba el río. En él le explicaba nuestro sistema de regiones, el tema de Cataluña -yendo hasta los tiempos de Jaime I el Conquistador-, de País Vasco e ¡incluso la ocupación árabe!. Sooleuy asentía y preguntaba de nuevo. Era una esponja que sólo quería agua y más agua.

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Hablamos de muchísimas cosas más de Europa, España, el Mundo. Su curiosidad no tenía fin. Él me explicó el tema de las revueltas del 2007 en el que murió tanta gente asesinada en las calles, monjes entre ellos. Sooleuy participó y pagó un alto precio por ello. Fue encarcelado por 18 meses. Lo torturaron -me enseñó marcas en la cabeza y los dientes arrancados- y derribaron su casa con un bulldozer. Me confesaba que, a pesar de todo, era feliz en Bagan pero que el Gobierno era muy malo con el pueblo y lo odiaba.

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Tras el derribo de su casa y la condena, le quitaron el pasaporte y no puede dejar jamás su país. Así, como suena. Lo escribo ahora y aún se me ponen los pelos de punta. De la rabia.

Ahora tiene una pequeña barca de pesca alquilada con dos amigos más y los tres la utilizan para pescar y alimentar a sus familias. Como se quedó sin casa, tuvo que alquilar una en la que vive con su mujer y una niña de año y medio. No tienen luz ni agua corriente. Los números sólo cuadraban en su mente. Los días que la pesca iba bien solía sacar unos 1.000 K, cuando no unos 500 K. Pagaba 4.000K a la semana al dueño de la casa y me dijo que alimentar a toda la familia un día -a base de arroz, pescado y poco más-salía por unos 600 K (medio Euro). Echad cuentas.

Me hablaba de sitios a los que yo pensaba ir en su país como si los conociera bien pero después me decía que lo sabía por amigos porque él no podía permitirse viajar.

Me despedí de Sooluey y su familia ese día prometiéndole que volvería al día siguiente a buscarle. Él insistió en invitarme a cenar a su casa pero le dije que no, porque Tatiana me esperaba y ya eran las 9 de la noche. De todas maneras me parecía increíble la generosidad de una persona que apenas tiene para mantener a su familia.

A las 5 de la tarde del día siguiente regresé al río y allí estaba Sooleuy esperándome ya en el agua. Aparqué mi bici en la ribera y me reconoció en la distancia y comenzó a hacer aspavientos. A los 2 minutos ya estábamos en el agua -donde parecía que se podía pillar de todo menos peces comestibles- nadando hacia la isleta del día anterior.

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Allí continuamos nuestro ciclo de preguntas y respuestas. Los dos queríamos saber tanto del otro que a veces nos interrumpíamos.

Se preocupaba mucho por mi problema de drenaje linfático que tengo en la pierna derecha desde hace 9 años. Yo le había explicado cómo sucedió y él me aplicó un masaje budista. Empezó a apretarme zonas de la planta del pie y partes de la pierna. Fue algo doloroso pero os juro que, cuando acabó, el tamaño de mi pierna -siempre hinchada- se había reducido. Me explicó que todos los nervios del cuerpo acaban en los pies y por ello son fundamentales para masajes terapeúticos. Además me aconsejó -y enseñó- hacer yoga como método de mejora de todo en general en la vida.

Tenía una sabiduría totalmente distinta de la occidental.

De nuevo se nos hizo de noche y me preguntó si volvería al día siguiente. Me puse muy triste cuando le dije que no, que debía marcharme porque nos quedaban pocos días en el país. Él me preguntaba si volvería al año siguiente y yo sólo pude sonreír y dejar caer un “Maybe” que a mí me sonaba a gran mentira.

Antes de separarnos le entregué unos libros de inglés que había comprado en una tienda que encontré. Quería darle algo que tratara sobre el Mundo y no sobre Myanmar, pero me fue imposible. Lo único que pude encontrar eran revistas con artículos estúpidos para practicar el inglés, diccionarios y libros sobre las falsas beldades de un régimen corrupto.

A las 9.30 tomé la bicicleta y nos separamos en el cruce de la carretera principal que lleva a Viejo Bagan, donde muchos turistas descansaban en sus hoteles preparándose para otro día de deleite con pagodas, templos y estupas. Muchos de ellos permanecerían ajenos al problema tan grave que oprime a gentes de corazón tan noble. Afortunadamente, yo ya no era uno de ellos.

Espero volver algún día a ese río y encontrarme a Sooleuy mejor que cuando lo dejé. Él me dijo que estaría allí y yo le dije que sabía que me recibiría en su propio barco, con varios hijos más y siendo más libre. Espero que el pueblo dé los pasos necesarios para que no sea sólo un sueño.

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6 Comentarios
  1. Anibal Trejo 26 abril 2011
  2. Alvaro 26 abril 2011
  3. Quique 26 abril 2011
  4. Iván 27 abril 2011
  5. Juan Antonio 28 abril 2011
  6. David Escribano 28 abril 2011