Sobre las tiendas duty free y las nuevas medidas seguridad

Es una de esas cosas que me ponen de mal humor en un viaje. Mucha gente -entre los que me incluyo- al no facturar maleta, por comodidad o pereza, prefiere abandonar el desodorante y el Colgate en casa y esperan llegar al hotel o a cualquier tienda para aprovisionarse nuevamente de esos productos con líquido que podrían –¡Válgame Dios!- hacer explotar un Airbus.

Aquí vemos a los ganadores de toda la historia de la nueva seguridad en los aeropuertos aprovechando la ocasión brindada por esa extraña idea de creer que uno va a romper un avión en mil pedazos con su bote de sanex.

En el aeropuerto de Oporto el otro día me encontré con esta oferta donde tenemos un pack completo con marcas insólitas quizás sacadas de la tienda china: desodorante, crema dentífrica, champú, cuchilla y crema de afeitar. El lote completo por 15 euros.

Si el beneficio que consiguen las tiendas del duty free gracias a las nuevas medidas de seguridad se redujera sólo a eso y todos esos millones de botellines de agua que venden mi indignación, por supuesto, sería leve.

Pero si le añadimos que cada día más gente evita facturar sus maletas debido a las tasas que incrementan nuestro vuelo, entonces me cabreo un poco más. Debido a ello, uno ya no puede ir a la tienda de toda la vida, en Oporto por ejemplo, y comprar esa botella de vino Porto entre una buena selección de artículos y generando, aunque de manera ínfima, un reparto de la riqueza del territorio visitado más equitativo y más humano. Uno al final tiene que limitarse a la oferta -cara y habitualmente selectiva- que ofrecen las tiendas del aeropuerto. Además, es lo más cómodo.

Un negocio redondo, sin duda.

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