Sin billete de vuelta


Artículo participante en el concurso de relatos Viajablog.
Escrito por Rosi Miralles.

Esta historia va dirigida a todas aquellas personas que como yo nunca se han podido permitir el lujo de viajar aunque en mis sueños y en mi mente no me ha quedado milla por recorrer. De pequeñita me sentaba junto a la carretera esperando a que pasara un coche y bajase el típico matrimonio perfecto que me invitase a subir para llevarme a mi destino.

Yo creía que para cruzar el charco te subías al coche y llegabas, pero con el tiempo entendí que hay un mar intenso y azul que había que cruzar para llegar a mi amada Nueva York.

Curiosamente, la ciudad de los rascacielos, es el lugar que más amo en el mundo y lo seguiré haciéndolo hasta el fin de mis días. Cuando intentan destruirla con los atentados me hieren a mí, siento como me atraviesan el corazón partiéndolo de dolor. Y a Dios le pregunto. Señor ¿como puedo sentir tanto amor hacia ella?

Llevo cuarenta años esperando para conseguir mi gran viaje y aun tendré que esperar algunos más. Aquí me necesitan y no puedo partir. Cuido de mi familia y me debo a ellos. Al ser mayores y enfermos dependen de mí pero mi corazón se encuentra allí.

Desde que tuve uso de razón es por lo que vivo. Y sueño saber que ese día llegará auque mi viaje será especial. No tiene billete de vuelta porque allí quiero morir auque sean pocos los años que me queden la experiencia valdrá por toda una vida.

Lo más bonito de esta historia es que tengo un hijo de trece años que siente lo mismo y con él es con quien quiero viajar por primera vez y llevarlo una semana para que su sueño sí sea una realidad y no tenga que esperar toda una vida como yo que, sin darme cuenta, pierdo el tren de la vida sin disfrutar de ella apostándolo todo por mi final aun sabiendo que puedo quedarme en el camino y no llegar a mi destino.

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Pero mi deber esta aquí ayudando y tendiendo una mano al necesitado y más cuando se trata de tu madre o hermana que ves que cada día te necesitan más. Y un padre que te dice que sin ti todo seria un desastre.

Entonces es cuando te dices a ti misma: ¿soy feliz con mi vida? ¿es pecado sentir lo que siento?. Quiero estar aquí pero al mismo tiempo sueño con vivir allí. Cuando decidí este camino sabía que tenía que anteponer muchas cosas en mi vida: mi matrimonio, mis ilusiones y proyectos. Sin embargo, la recompensa vale la pena al ver que haces feliz a tu gente a cambio de nada, tan solo mi paz interior y mi concencia limpia y transparente.

Seguiré esperando a que llegue ese gran día en que pueda volar como ave emigratoria hacia ese inmenso lugar llamado AMERICA. Auque si no consigo llegar quiero que mis cenizas sean expandidas por la bahía de Manhattan donde finalmente reposaré en el fondo del mar.

Por las noches miro al cielo infinito esperando ver pasar ese avión con su luz roja que parpadea sin cesar destacando entre miles de estrellas y mi hijo me dice. “¡Mami, ya viene el avión a por nosotros, mira nos está buscando desde el cielo.”

Y es aquí cuando decido -¿por qué esperar a mañana?- entrar en mi pagina de viajes preferida donde cada día entro y simulo mi billete de avión y mi mente empieza a soñar a volar. Y vuelvo a aterrizar en mi silla una vez más.

Busco y rebusco todas las ofertas y elijo la más asequible a mi bolsillo agujereado y aquí empieza mi viaje. Aunque he de decir que lo que supuestamente iba a ser nuestro medio de transporte -un avión- se convirtió en nuestro viejo coche de catorce años con las ruedas desgastadas que se ofrecio a llevarnos a Benidorm; lo más parecido que encontré.

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Sus apartamentos altos simulan un Manhattan en diminuto y alli nos plantamos mi hijo y yo. Gracias a atrápalo “y no lo dejes escapar” como digo yo, pillamos una escapada de esas de ultimo minuto.

Fue maravilloso, tan solo teníamos veinticuatro horas para disfrutar del paisaje.

Llegó la noche y Benidorm se encendió con sus luces y glamour. Entonces cerramos los ojos y nuestras mentes viajaron a muchos kilometros fusionando esa bahia nocturna que sabe que es comparada con la bahia de Manhattan. No nos quiso defraudar convirtiendose en lo que no era; se disfrazó para nosotros porque sabía que íbamos a verla.

Al dia siguiente regresamos a nuestros puestos de mando: yo al de cuidadora familiar y mi hijo al de hijo ejemplar.

Y con este sabor de boca nos quedamos.

Espero que si alguien se siente identificado con mi historia le sirva para seguir luchando para lograr su sueño e ilusión. Solamente me queda por decir que hay que vivir el momento y no guardarlo para el final como yo he hecho.

¿Por qué? Muy facil de responder. A mi me operaron hace cuatro meses del pie. Entre al quirofano y salí peor que estaba. Creí que me quedaba coja porque he tenido que esperar cinco meses para recuperar el anda normal y ya no tengo la fuerza y vitalidad de antes. Lo mío es duro porque yo estaba bien y el médico quiso investigar conmigo. Fui su conejillo de indias y he perdido un cincuenta por cien de mi movilidad total pero aun así todavía me queda el otro pie para ayudarme a levantar el ánimo y seguir esperando mi viaje sin billete de vuelta.

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Por ahora, he conseguido hacer feliz a mi hijo por un día a tan solo unos kilómetros de aquí.

Por ultimo solamente me queda decir que no sacrifiqueis vuestra vida como yo. Vivid el momento, el minuto, el instante que este tren solo pasa una vez.

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