Sicilia: visita a Ragusa Ibla


Una de las cosas que más aprecio en un viaje es levantarme la primera mañana y sentir esa sensación de estar a punto de descubrir algo nuevo. Se han roto las pautas y recordamos que ayer dejamos encerrada con llave la rutina en casa. Empieza la aventura y lo mejor es salir a la calle y buscar el primer lugar con ajetreo -un café, un mercado- donde tomar el primer contacto con el nuevo mundo que nos rodea y disfrutar de la libertad que otorga viajar.

Me encontraba en Ragusa Ibla, en el interior de Val di Noto. Una ciudad al sur de Sicilia declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Tras el obligado café y desayuno me pasé por la oficina de turismo que se encuentra en la vía Duomo para coger un mapa de la ciudad y conocer las lugares más emblemáticos de Ragusa Ibla. Encontraréis una guía en castellano detallando los sitios y las rutas que pueden realizarse por la ciudad así como información sobre lugares vecinos como Scicli, Modena o las cavas.

El corazón de Ragusa Ibla está hecho de piedra barroca y parece palpitar con la misma fuerza que lo hizo en sus inicios arquitectónicos. Sicilia ofrece un estilo barroco único en el mismo. En la isla se importaron las ideas que corrían en el mundo arquitectónico del continente y se plasmaron con toques de expresión únicos.

Ragusa Ibla es un claro ejemplo y da gusto perderse por sus callejuelas bien conservadas y con ese toque de decadencia que ofrece la penumbra y la piedra oscura tallada de los volcanes vecinos.

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La catedral preside la rambla principal de Ibla y curiosamente se encuentra hacia en lado en lugar de romper la verticalidad del paseo. Esto es debido a que los nobles que habitaban en la casa contigua se negaron a pagar los impuestos para levantar la catedral. Por ello, hoy en día la fachada le da la espalda a sus habitantes.


Entre otros edificios notables encontramos el palacio de la Cancellería y el de Arezzi, la iglesia de Santa María o también la del purgatorio. A veces, es incluso mejor, olvidarse del mapa y los nombres de los palacios y las iglesias y darse una vuelta por la bella Ibla.

Es casi de obligación turística subir a la Ragusa moderna para poder contemplar a vista de pájaro el casco antiguo de Ibla con sus edificios barrocos levantándose entre el valle.

Por el atardecer el ayuntamiento enciende sus bonitas farolas y el color amarillo y tenue ofrece un misterioso tono a las paredes labradas de la ciudad.

Existen bares y restaurantes alrededor del casco antiguo donde tomar o comer algo. No obstante, por calidad precio preferí subir a la Ragusa moderna donde existe más oferta aunque indudablemente si el escenario dista mucho de la preciosa Ibla.

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