Sicilia: visita a Catania

Llegué a Catania después de disfrutar del val di Noto, las maravillas de ciudades como Ragusa Ibla, Modica y Scicli todavía estaban presentes en mi retina cuando llegó el momento de preparar el viaje de vuelta a Barcelona.

Desde Ragusa tomé el autobús de la compañía Etna y en un par de horas llegué al centro de Catania. Existen muchos servicios de esta compañía que unen ambas ciudades sicilianas así como al aeropuerto de Catania. En este PDF podéis ver los horarios.

Tenía un día y medio para visitar la ciudad, así que me dirigí Agora Hostel que me habían recomendado en Ragusa. No está mal. Se encuentra en el corazón de la ciudad, justo al lado del la plaza del Duomo y de todo el bullicio. Una cama en el dormitorio me salió por 10 euros y con ellos venían incluidos un par de amigos italianos que me hice en la recepción. No recomendable para aquellos que busquen tranquilidad en sus vacaciones aunque si buscas nuevos amigos y movida; este es tu sitio.

Por la tarde-noche nos dedicamos a pasear por el centro de Catania. Paseamos por la plaza del Duomo y nos metimos por el interior del cercano mercado de La Pescheria. me sorprendió que incluso a altas horas de la noche todavía seguían vendiendo pescado entre sus clientes. El barullo que se monta en este mercado a todas horas es digno del espíritu italiano bullicioso y transnochador.

Tras unas copas por alguno de los frecuentados bares del centro nos fuimos a la cama y al día siguiente nos dedicamos a visitar los lugares más emblemáticos de la ciudad.

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Ese mismo día por la tarde volaba con Winjet de vuelta a Barcelona así que aproveché la mañana.

Catania está declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. No obstante, la primera sensación que uno tiene al visitar Catania es que se trata de una hermosa ciudad dejada a la mano de dios. Las autoridades no se han preocupado demasiado en embellecer los antiguos palacios, monumentos y casas que se encuentran en el corazón de la ciudad. Al estilo de ciudades como Trapani o Nápoles, se echa de menos un buen lavado de cara.

No obstante, esa mugrienta superficie que puede verse en los edificios le da un toque interesante, romántico y misterioso. Sin embargo, no todo es mugre lo que reluce ya que la mayoría de edificios están realizados con piedra volcánica que ya es oscura por sí misma.

Paseamos por el castillo Ursino que se levanta a lo alto de la ciudad. Visitamos, por supuesto, la Catedral cuya ejecución es una auténtica maravilla del barroco siciliano, y los edificios adyacentes a la plaza del Duomo.

Un delicioso café es imprescindible entre pausa y pausa. También los helados y la auténtica pasta catanesa hecha con berenjena y ricota. Se llama pasta a la norma y si uno visita Catania está casi obligado por ley a probarla.

Entre tantas delicatessen se me pasó el tiempo y tuve que eludir otras visitas en Catania como el anfiteatro o el mercado de la Fiera.

Lo guardaremos para otro más que posible viaje a Sicilia. Así que volví al hostal donde tenía guardada mi mochila y emprendí el desdichado camino hacia el aeropuerto que me devolvería a Barcelona en apenas hora y media de viaje.

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Imágenes | La Sicilia

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