Sicilia: de Catania a Ragusa


El vuelo menos indicado me llevó a Catania por el precio más asequible que encontré por internet. Partí a las seis y media de la mañana del aeropuerto del Prat en Barcelona con destino a Roma y en el aeropuerto de Fumicino tuve que esperar cuatro horas para subirme al siguiente avión que me dejaría en una horita más en la ciudad de Catania.

Si se tratara de una jornada de trabajo probablemente estaría extenuado al llegar a Sicilia, no obstante, viajando se me pasan las horas volando y la emoción de llegar a un nuevo lugar disipa cualquier marca de cansancio en mis ánimos.

Mi primer destino en Sicilia era Ragusa Ibla. Un buen amigo me había hablado bien de la zona y preferí concentrar mi semana de vacaciones alrededor de Ragusa y su alrededores -Modica, Scicli, etc.- repletos de bonitos paisajes, barroco, historia y un estilo de vida tradicional digno de contemplar. Además, tenía un sofá esperándome en Ragusa, así que no quería desperdiciar la oportunidad de mezclarme entre sicilianos y conocer bien la zona junto a ellos.

Al llegar a Catania no tenía claro si permanecer en la ciudad o seguir el camino para dormir en Ragusa. En el mismo aeropuerto observé que el autobús que parte de Catania a Ragusa tiene una parada en el mismo aeropuerto y parte casi a cada hora. Así que dejé la visita a Catania para el final del viaje y me subí al primer autobús que pasó.

Las carreteras sicilianas son estrechas. Recuerdan a Irlanda con el musgo y la hierba creciendo a ambos lados del arcén como si trataran de esconden la anomalía del asfalto en la virginidad del paisaje. El trayecto tardó aproximadamente dos horas y me bajé en la Ragusa nueva a escasos kilómetros al norte del casco antiguo de la ciudad llamado Ibla.

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Una calle parecida a las de San Francisco inicia un abrupto descenso desde la parte alta de Ragusa que en media hora te deja en el casco histórico. Estábamos en noviembre, hacía más frío que en Barcelona y la oscuridad empezaba a impregnar el escenario barroco con luces misteriosas.

No tardé en encontrar la dirección del amigo de mi amigo donde me alojaría durante unos días. Nos presentamos y, como si fuéramos amigos de toda la vida, salimos a celebrar la llegada a Ragusa con unas buenas cervezas.

A todos aquellos que deseen buscar alojamiento en Ragusa, os aviso que no encontré ni un sólo hostal en la zona. Encontraréis hoteles y bed and breafkast donde podréis dormir como mínimo por unos 30 euros por persona.

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