Seguridad y viajes en avión

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“Los tripulantes de cabina con una insignia de color rojo velarán por su seguridad”, sonó por megafonía, después de darnos la bienvenida a bordo y antes de iniciar las explicaciones sobre los procedimientos de seguridad. El avión, un Embraer estaba operado por Régional, filial de Air France, y me llevaba el domingo desde Asturias a París. En el trayecto inverso, el día 23 de Diciembre esa frase no estaba entre las pronunciadas por el sobrecargo, ni ningún tripulante llevaba una insignia que ponía “Sécurité – Safety”.

Pero entre uno y otro viaje, se había producido el fallido atentado en un avión de Northwest Airlines cuando iba a aterrizar en Detroit, y eso ha provocado un reforzamiento de las medidas de seguridad a bordo y en los aeropuertos. En el de Asturias, a los carteles de precaución por la gripe A, se ha unido el de la prohibición de realizar fotografías o grabaciones de vídeo en las instalaciones.

Si tras el 11S desaparecieron de nuestro equipaje de mano los objetos punzantes o cortantes, todos recordamos que cuando se desbarató la operación terrorista islámica que pretendía hacer estallar en el aire varios aparatos que partían de Londres, los pasajeros volvimos a sufrir restricciones. Esta vez, fueron los líquidos y geles, que han de presentarse en una bolsita transparente y con un máximo en la cantidad transportada.

Se ha cambiado también la sensibilidad de los magnetómetros, los arcos magnéticos que hemos de cruzar y que pitan cuando alguien se olvida unas monedas en un bolsillo. Además, hay que quitarse muchas veces el cinturón (y a veces los zapatos) para que se examine con Rayos X.

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Si uno vuela desde un aeropuerto indio, que no se escandalice porque, “pite” o no el detector de metales, los pasajeros son cacheados metódicamente por oficiales varones o hembras según sea su género.

Y no solo nuestro equipaje, y nosotros mismos, somos ahora objeto de escrutinio físico, también lo son nuestras identidades electrónicas. Los datos de los pasajeros que vuelan a Estados Unidos o España, por ejemplo, son enviados por las aerolíneas a las autoridades nacionales mucho antes de que uno haya salido de su país (es lo que se conoce como Advanced Passenger Information o API).

Pero todas las medidas anteriores fallaron con Umar Farouk Abdul Mutallab, y mientras se estudia porque lo hicieron las que le hubieran señalado como potencialmente peligroso, los pasajeros debemos prepararnos para nuevos cambios, y molestias, en nuestros futuros viajes. A corto plazo, parece que los indiscretos escáneres corporales se introducirán en los principales aeropuertos y que los que vayan a volar a Estados Unidos sufrirán controles aún más rigurosos. Puede que los pasajeros solo puedan llevar un bulto de mano en la cabina, no se permitan utilizar aparatos electrónicos dentro del avión y no esté permitido levantarse del asiento durante la última hora del vuelo..

Pero como no existe la seguridad absoluta y ocurren errores (tanto técnicos como humanos) es imposible descartar nuevos incidentes en el futuro. Estoy seguro de que en las peores pesadillas de los analistas de seguridad figuran esos países menos estrictos o con menor presupuesto, los aeropuertos con zonas de tránsito sin controles de identidad y/o equipaje de mano, o el terrorista de aspecto occidental que no despertará sospechas a priori.

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Seguiremos viajando, porque es que lo que queremos o necesitamos hacer, y el miedo no nos mantendrá en tierra pero parece que, en aras de la seguridad colectiva, la experiencia individual será menos placentera.

Foto | Datalocker

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