Saltar en paracaidas sobre el Everest

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Creo que es para los que piensan que escalar la montaña más alta del mundo es una tarea que necesita demasiada preparación y esfuerzo, aunque su cumbre la hayan coronado montañeros con 15 años y también con 64. O tal vez para los que quieren disfrutar de una espectacular vista, de una manera más original que un lento y aclimatado ascenso que puede ser agotador a veces, aunque sin duda merece la pena.

Hablo de la novedosa opción de ver el Everest desde una altura superior a la de los 8850 metros de su mítica cumbre, saltando en paracaidas sobre el mismo, a 8991 m y aterrizando a 3.764 m de altitud, tal y como publicaba ayer el gratuito Metro en Dublín.

Si uno está acostumbrado a subirse a aviones, pero no a lanzarse desde ellos, podrá saltar en tándem (para lo que no se requiere experiencia previa) literalmente atado a un monitor pegado a su espalda – y os aseguro que cuando estás en caida libre no lo notarás lo más mínimo.

Sin embargo, si realmente quieres llevar tú el control y tienes el título correspondiente, podrás lanzarte en solitario y disfrutar aún más de esos efímeros momentos de libertad y velocidad.

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La inyección de adrenalina siempre tiene un precio y en condiciones tan extremas no es barato: la empresa High and Wild cobra 16.300 Euros por el salto en támden o 21.700 si se hace en solitario (y no se incluyen los vuelos para llegar a Nepal). Y fue esta última opción por la que se decantó Holly Budge, una fanática del paracaidismo que se convirtió el domingo en el primer ser humano en saltar en paracaidas sobre el Everest.

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Tras 8 días de trekking por la cordillera del Himalaya para aclimatarse a la altitud, Holly disfrutó de un minuto de caida libre. Ha explicado como la cumbre de la montaña surgía sobre la capa de nubes, mientras ella descendía a 225 kilómetros por hora, con temperaturas de 40 grados bajo cero. Su paracaidas era tres veces más grande de lo habitual, para adaptarse a un aire menos denso de lo normal.

En este primer salto iban a participar 32 personas pero sólo 3 pudieron hacerlo antes de que el mal tiempo obligara a cancelar el resto de saltos, y es que los cambios en el clima son más que frecuentes en la zona.

Entre la cumbre de Chomolungma (la Diosa Madre del Universo, su nombre en tibetano) y el campamento base, reposan los cuerpos de otros menos afortunados, unos 120 escaladores que nunca pudieron abandonar Nepal o Tíbet. Tumbas vacías al pie del campamento base, en el lado chino, cuentan historias como la de una expedición de India fallecida en su totalidad, un militar del SAS apasionado del montañismo o un joven que intentó descender haciendo snowboarding.

Cerca de esas lápidas recogí una piedra, grande, pesada y áspera, que aún conservo en Avilés. Me la llevé para no olvidar nunca el rostro más frío de la belleza más salvaje que, con 60 millones de años a sus espaldas, aún sigue inspirando nuevas formas de disfrutarla y, a veces, de conquistarla.

Saltar en paracaidas sobre el Everest
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Una respuesta
  1. Quique 7 octubre 2008