Los salgados: mi snack favorito en mi viaje a Brasil

salgadosEncontrándome ahora en Montevideo y, sabiendo que pasará algún tiempo antes de que vuelva a poner un pie en mi querido Brasil, me vienen al recuerdo todas aquellas cosas que dejé atrás en tierras brasileñas y que difícilmente volveré a disfrutar durante este viaje.

Es normal; imagino que sentiré lo mismo cada vez que deje un país al que sé que no voy a volver durante este viaje. No obstante, en el caso de Brasil, al no saber lo que me esperaba, el sentimiento es muy fuerte porque me ha maravillado hasta un punto insospechable. Ahora recuerdo con algo de saudade -morriña- las calles de Río, la colonial Paraty, las playas de Ilha Grande o Ubatuba, el caos de Sao Paulo, la sublime naturaleza del Pantanal o el paraíso salvaje y la hermosa gente de Florianópolis. La alegría de la gente, la música en vivo de los pubs junto a las playas o en las terrazas de las calles, la gente bailando, los paisajes de belleza sobrecogedora…los olores de la calle.

Y entre estos olores, el del salgado frito.

Los salgados puedes pedirlos al horno o fritos y tienen de diferentes ingredientes, siendo los más comunes los de pollo o carne. Había días que eran nuestra comida en la playa junto con alguno de los maravillosos zumos de sandía, mango, fresa o cualquier otra mezca tropical que nos sabían a gloria bajo el sol brasileiro.

La filosofía del salgado es algo fuera de lo común. Hay decenas de lancherías o sandwicherías que venden lo que sea y, por supuesto, salgados. Es el denominador común de todo lugar de comidas que se precie. Lo venden en todas las cafeterías y tiendas de zumos, en puestos de la calle, los vendedores ambulantes que se cuecen bajo el sol en la playa. Son casi tan omnipresentes como las banderas de Brasil al viento que puedes ver en este país tan orgulloso de su belleza y su alegría.

Ahora que lo he vivido, comparto ese orgullo. ¡Viva Brasil! Volveré.

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