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Ryanair comprueba el peso del equipaje de mano

frankfurt hahn airport
Los sudores de andar cargando con mochila, y bolsa, todo el día por media Alemania se convirtieron en sudores fríos esta tarde cuando ví lo que habían inventado en el aeropuerto (secundario) de Frankfurt-Hahn: antes de pasar por el control de seguridad había una báscula y frente a ella dos metros de germano empleado aeroportuario que se iba a encargar de que ni un sólo viajero pasara por delante suya sin comprobar el peso de su equipaje. Y si la única pieza autorizada superaba los 10,00 kilos, a pagar una pequeña tasa o, si era una exageración, a facturar la maleta. Y pagar por ello, claro.

Cuando inicié mi pequeña escapada centroeuropea, en el aeropuerto de Dublín mi mochila había pesado exactamente diez kilos. Pero gracias a que el cargador del portátil, los de los móviles (gracias, Nokia, por cambiar de modelo y hacerlo incompatible con los terminales más antiguos), la bolsita transparente con líquidos, cremas y geles, dos cargadores de pilas para cámara fotográfica, un adaptador de corriente universal y más de una docena de monedas iban apelotonados en los bolsillos de mi chubasquero. Y, en el colmo del cutrerio rata, mi flamante netbook estaba en una bolsa ligera que llevaba a la espalda, disimulada bajo el jersey y el abrigo.

¿El peso total de toda esa chatarra electrónica y del resto de mis cosas? Unos doce kilos más o menos. Un 20% más de lo autorizado, dimensiones aparte, para subir a bordo del avión de Ryanair.

¿Merecía la pena pagar 30 euros más por esos 2000 gramos? A mi parecer, no. Por eso, antes de hacer cola, en los últimos puestos, para acceder a la puerta de embarque en Dublín, distribuí el exceso de peso de la manera que he comentado y, simulando haber sido jorobado y deforme toda la vida, subí sin problemas al avión.

Pero, y por eso escribo este post, os aviso de que en Frankfurt-Hahn las cosas no son tan sencillas y si vais a volar desde allí comprobad el peso, y las dimensiones, de vuestra maleta antes de salir de casa. Yo lo que suelo hacer es ponerla en la cinta de un mostrador de facturación vacio, y así calculo si he de poner algo más de ropa en la que facturo o en la que subo a bordo. En el aeropuerto de Dublín hay en un lateral, a sólo unos metros del mostrador de Ryanair, un par de básculas en que podeis pesar vuestro equipaje gratuitamente.

En el aeropuerto alemán desde el que yo he volado esta tarde hay también una báscula aunque cuesta 50 centimos o 1 euro (¿?) y sospecho que los beneficios que se obtengan se reparten equitativamente entre las aerolíneas de bajo coste que tienen copada la terminal (es broma, aunque de los 7 aviones que llegué a ver en la pista, 5 eran de Ryanair).

Dado que esta vez el control de peso estaba antes, y a sólo un par de metros, del control de seguridad, lo que yo hice fue irme al servicio, redistribuir todo lo que pesara, libros y diccionario incluidos, en los bolsillos del abrigo, meter el netbook en la mochila, revisar los folletos y mapas turísticos no indispensables, sopesar los 300 gramos de mi genuina salchicha alemana…y encajonarme (ejem) varias camisetas en la cintura, por debajo del pantalón. Con mi recién adquirida nueva talla, me fuí a comprobar si la redistribución de peso funcionaba…en la zona de embarque que no me correspondía, por si tenía que hacer algún nuevo ajuste, que no me tocara el mismo funcionario. Con 9,500 kilos de peso verificados, me informaron amablemente de que estaba en la zona equivocada (la B) y que la mía era la A. Satisfecho, me fuí a la zona que me correspondía, comprobé que mi mochila inexplicablemente engordó 100 gramos por el camino y pasé el control de seguridad, no sin que pitaran tanto mi cinturón como mi cartera.

Y sí, antes de embarcar me fuí al servicio y volví a mi talla de pantalón habitual.


Publicado por el Miércoles, 15 abril, 2009
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