Río de Janeiro, Brasil

Río de Janeiro se mueve, sin ninguna duda, a un fresco y alegre ritmo de samba.

Llegué a Rio desde Buenos Aires, y quedaban diez días antes de mi regreso a Europa. Era la última etapa de mi viaje de un año alrededor del mundo, y quería despedirme de mi mochila a lo grande. Qué mejor lugar para poner el colofón final a un año lleno de experiencias y de aventuras que la meca de la juerga y de la diversión.

Aterrizé en Rio a media mañana. Salí del aeropuerto, me subí al primer taxi que quedaba libre, y sólo necesité pronunciar una palabra, posiblemente la palabra ‘mágica’ si te encuentras en Brasil , Copacabana.

El taxista, muy eficientemente, me dejó a los pies de una playa larguísima, repleta de mujeres guapas, porterías de fútbol, y sobretodo, de buen humor. Me registré en un pequeño hostal que encontré en una calle secundaria (cuestiones de presupuesto) y me dediqué, única y exclusivamente, a gozar de los placeres de la vida.

Los paseos nocturnos desde la playa de Copacabana hasta Ipanema me acompañaran en el corazón por el resto de mis días. Una brisa suave acaricia tu rostro, el olor a salitre impregna tu cuerpo, el sonido de samba o bosanava se adentra plácidamente por tus oídos y crea su propio camino hasta tu alma. Rio se apodera de todos tus sentidos, y sin explicarte muy bien ni el cómo ni el por qué, de repente te sientes feliz.

Las vistas desde el Cerro del Corcovado, junto al Cristo Redentor, o las que se pueden disfrutar desde la montaña monolítica conocida como Pāo de Açúcar, son simplemente espectaculares. Con la ciudad rendida a tus pies, un aroma de felicidad recorre tu ser, y lo único que invade tu mente es un fuerte y sonoro ¡Viva la vida!

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Amigos, ha sido un auténtico placer cuidar de Viajablog durante esta semana. Mañana vuelve Quique de Marruecos, al que me consta muchos de vosotros está esperando ansiosamente. Bueno, más que a él, a la multitud de aventuras que seguro trae consigo en su mochila.

Habrá que estar atentos pues a Viajablog, un lugar, sin ninguna duda, con licencia para soñar.

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  1. Anonymous 26 agosto 2008