Revuelta tibetana en Lhasa

lhasaRevueltaEn las últimas horas se han ido conociendo más datos sobre lo que está ocurriendo en Lhasa y ya hay cifras de fallecidos, procedentes de fuentes oficiales unas, extraoficiales otras. Para las autoridades chinas, son diez las víctimas mortales de estos disturbios, todos ellos eran civiles chinos y fueron quemados vivos por los enfurecidos tibetanos. Para el gobierno del Tíbet, en el exilio desde los años cincuenta, los muertos rondan el centenar y desmiente las informaciones chinas de que no se abrió fuego contra los manifestantes, que habían centrado su ira principalmente incendiando coches y establecimientos de propietarios chinos. La prohibida (como también lo están las fotos del Dalai Lama) bandera tibetana, aparecía enarbolada por algunos monjes en incidentes separados.

Si ayer hablaba de estos disturbios a través de fuentes extranjeras, hoy ya está la noticia en las páginas web del coloso comunista, tanto en la de agencias de prensa como la de la televisión y prensa oficiales. Tal y como era de esperar, el tono y contenidos siguen fielmente el dictado que se marca desde el correspondiente Ministerio y todos acusan a los monjes y a la “camarilla” del Dalai Lama de preparar, alentar y ordenar la revuelta (los “violentos sabotajes“).

El hombre que, en su discurso aceptando el Premio Nobel de la Paz de 1989, afirmó “Hablo sin sentimientos de ira u odio hacia aquellos que son responsables del inmenso sufrimiento de nuestro pueblo y la destrucción de nuestra tierra, hogares y culturas. Ellos son también seres humanos que luchan para encontrar la felicidad y merecen nuestra compasión”, es hoy, una vez más, el gran enemigo, el chivo expiatorio y un vergonzoso borrón en el discurso oficial que emana de Beijing.

vehiculos militares lhasaLos turistas, algo más de medio millar, que fueron evacuados de la ciudad hablan de brutales palizas a los monjes por parte de policías y militares chinos, acontecimientos previos a la incorporación de civiles a la revuelta. La zona más étnica y arquitectónicamente tibetana de la ciudad, en torno al templo Jokhang, uno de los más sagrados lugares, fue el centro de los incidentes. Mi recuerdo de esa plaza, en Octubre de 2007, es el de la foto: fieles arrodillados y tumbados, rezando, mientras en el ambiente se respiraba olor a incienso y papel de oraciones quemado, nada más lejos de la realidad en estos días.

Tal y como se ve en otras fotos que acompañan al artículo, más recientes y menos místicas, camiones cargados de soldados y vehículos blindados se dirigen o están ya en las calles de la capital tibetana. Beijing ha de tener mucho cuidado con la forma de resolver la situación. Si actúa con su habitual firmeza (como en Tiananmen), ensuciará la imagen que quiere dar de cara a los Juegos Olímpicos de Agosto. Si la mano es demasiado blanda, se pueden generalizar las protestas e incluso convertirse en una ola de demandas de democracia a lo largo y ancho del país.

Y eso es algo que Hu Jintao, reelegido esta mañana como Presidente de la República Popular China, no permitirá que ocurra.

Via, BBC, CCTV
Fotos, BBC, BBC/Reuters

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