Visitando Mikulov, perla de Moravia del Sur

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Mikulov es uno de esos lugares que te hacen desear tener una máquina del tiempo. Si su belleza actual es deslumbrante, poder pasear por sus calles durante su esplendor medieval debería ser toda una experiencia. Sin embargo, mientras Stephen Hawkings siga sin dar con la tecla que nos abra la posibilidad de viajar en el tiempo, nos tendremos que conformar con su majestuosidad contemporánea.

Cómo llegar a Mikulov

El pueblo de Mikulov se encuentra en la región checa de Moravia del Sur, casi en la frontera con Austria, la cual se puede divisar sin problemas desde la cercana Colina Santa.

La mejor forma de llegar a aquí es alquilar un coche y conducir los 50 km que separan a Mikulov de Brno, la capital de Moravia del Sur. Para ello debes tomar la carretera E461 dirección sur.

Si vienes de Praga, el viaje te llevará unas dos horas y media para cubrir los 250 km de distancia. Recuerda que en las autopistas checas el límite de velocidad es de 130 km/h.

El tren, aunque funciona muy bien en el país, no es una buena opción porque debes ir de Praga a Olomouc y hacer traslados.

Historia de Mikulov

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Cuando caminaba por las adormecidas calles de Mikulov intentaba imaginar el alboroto que debió existir en ellas hace cientos de años.

Enclavada en la ruta del ámbar y cerca de la frontera con Austria, siempre tuvo una gran importancia estratégica. Bajo su vigilante castillo pasaban las carretas cargadas de sal procedentes del Mediterráneo y de ámbar extraido en los Balcanes.

Aquí se instalaron dos familias de nobles muy poderosas en Europa Central. Los Liechtenstein adquirieron Mikulov a mediados del siglo XIII y los Dietrichstein a finales del XVI.

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Además fue un lugar de gran importancia religiosa donde judíos, protestantes y católicos convivieron en paz.

En Mikulov durmió también Napoleón tras la definitiva batalla de Austerlitz y aquí tuvieron lugar las conversaciones de paz tras ella, así como las que acabaron con la guerra entre Prusia y Austria, en 1866.

Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió la ocupación de los nazis y el saqueo tras la expulsión de las familias alemanas tras la liberación. Los Dietrichstein tuvieron que abandonar sus posesiones para siempre.

Bajo influencia soviética Mikulov cayó en un completo olvido, pero, en cierto modo, esa preservación provocada por la pasividad, contribuyó a que hoy podamos verlo tal como fue hace siglos.

Tras la caída del telón de acero, Mikulov vuelve ser la ciudad acogedora que siempre fue.

Qué ver en Mikulov

Al entrar caminando al centro histórico de Mikulov llegarás a su plaza principal, presidida por el ayuntamiento y donde encontrarás la oficina de turismo. Es un buen lugar para recabar información y hacerte con algún plano de la ciudad.

Parece mentira todo lo que hay que ver en Mikulov a pesar de su reducido tamaño. Ponte unas zapatillas cómodas y prepárate a caminar… ¡E incluso a ascender colinas!

El castillo de Mikulov

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Fue en el siglo XIII cuando el rey checo Premysl Otakar I ordenó la construcción de este castillo sobre la colina rocosa. Su principal cometido entonces era guardar la frontera con Austria. Poco después lo usaría la familia Liechtenstein, cuyo dominio dejarían en manos de los Dietrichstein durante la época renacentista.

Ellos lo quisieron convertir en un auténtico palacio, haciéndole perder su apariencia inexpugnable y temeraria. Sin embargo, la roca de la colina hacía complicada la tarea y solucionaron el problema añadiendo alguna bonita fachada que no guardaba nada en su interior. La apariencia en esta época era algo de vital importancia.

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En 1719 fue incendiado por los suecos en la guerra de los 30 años y sería renovado en estilo barroco.

En este castillo tuvieron lugar las charlas de paz en 1805 (Napoleón) y 1866.

Hoy en día las funciones del castillo de Mikulov son muy variadas y ninguna tiene carácter militar.

En su interior podrás encontrar una bodega que guarda dos piezas bastante impresionantes: una enorme y antigua prensa de madera de roble que era de uso público en la ciudad, y una impresionante barrica de madera, que es la más grande de la República Checa y una de las mayores del mundo, teniendo una capacidad de 1.100 hectolitros. Aquí se hacen catas de los fantásticos vinos de la región cada fin de semana.

También debes visitar la antigua librería del siglo XVII, el bastión del norte (la parte más antigua del castillo original), los patios exteriores y la exhibición del museo regional de Mikulov, alojado en las dependencias del castillo.

El centro histórico

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Pasear por las calles del pequeño centro histórico de Mikulov es como hacerlo por un museo medieval.

En una escasa distancia podrás visitar las iglesias de San Václav (siglo XVI), San Juan Bautista (con frescos del siglo XVIII) y la ortodoxa de San Mikulás (principios del siglo XX).

El ayuntamiento de principios del XVII se encuentra cerca de la fuente de la plaza principal, de finales del mismo siglo.

La Casa de los Cañones, la tumba de los Dietrichstein y otras casas pintorescas se pueden divisar desde la antigua torre de Kozí, que protege el norte de Mikulov desde el siglo XVI.

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La herencia judía

Los judíos tuvieron, durante cientos de años, un gran peso en la vida de Mikulov. Casi 4.000 llegaron a vivir aquí y, en un lugar tan pequeño, llegaron a existir 12 sinagogas y casas de rezo.

Hoy en día puedes visitar su legado recorriendo la calle Husova, con sus casas de casi 400 años de antigüedad; la antigua casa del rabino (que ahora es sede del hotel Rohatý krokodýl); las sinagogas y el cementerio judío, con más de 4.000 tumbas.

Todo un legado histórico y cultural.

La Colina Santa de Mikulov

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El primer peregrinaje a esta colina se produjo en 1623, pero antes esta colina era de todo menos santa. Los habitantes de Mikulov realizaban un festival pagano la última noche de abril de cada año. Esto no gustó al cardenal Dietrichstein, que mandó construir la iglesia de San Sebastián en su cima y lo decretó lugar de peregrinaje.

Seas creyente o no, debes subir a esta colina. Es un paseo agradable en la naturaleza de no más de 25 minutos. Las vistas de Mikulov desde lo alto de la Colina Santa son las mejores que podrás obtener.

Allí subí una fría mañana de marzo y junto a un muñeco de nieve y mi amiga Markéta, contemplé la bella Mikulov desde las alturas. Cerré los ojos y cuando los volví a abrir, soldados en armadura escoltaban carretas cargadas de ámbar, un par de nobles parecían discutir en la muralla del castillo y el pueblo llano acudía a la iglesia y laboraba en el campo… ¿O fue todo un sueño?.

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