Recorrido de dos semanas por Malawi. Impresiones finales

Elefante en Liwonde

Elefante en Liwonde

Cuando tomé el avión de British Airways que me llevaría desde Madrid a Ciudad del Cabo vía Londres, Malawi no aparecía en mis planes de ruta.

En ese momento ni siquiera sabía si me iba a quedar en África 10 días o 2 meses porque estaba pendiente de una posible entrevista de trabajo en España. Sin embargo, el destino quiso que ésta nunca se produjese y pudiera extender mi estancia en el continente negro. Estando en Sudáfrica mis primeras opciones de viaje eran Lesotho y Swazilandia, por aquello de la proximidad geográfica y las cosas que había leído sobre esos países.

Finalmente, y dejándome llevar por los comentarios de la gente que fui conociendo en Sudáfrica, acabé cruzando la frontera mozambiqueña y quedé atrapado un mes en la antigua colonia portuguesa. Fue, sin lugar a dudas, uno de los países que más me ha cautivado hasta la fecha.

El pequeño río que ejercía de frontera natural entre el parque y nuestro campamento

El pequeño río que ejercía de frontera natural entre el parque y nuestro campamento

Una vez en el norte de Mozambique, llegó el momento de pensar qué hacer con las 2 semanas que me sobraban. Una opción era acelerar el paso para cruzar Zimbabwe en un viaje relámpago y llegar a ver las famosas cataratas Victoria. Sin embargo, esta opción me daba una pereza tremenda porque suponía dejar la verdadera África para acabar en un reducto turístico donde estaría rodeado de caras blancas en busca de la foto perfecta. Después de pasar tres semanas en las tierras perdidas del norte de Mozambique, en total contacto con su gente, pensar en ésto me producía tristeza.

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Tanzania era otra opción, pero su vastedad y el hecho de estar alejándome de mi punto de regreso a Europa (Johannesburgo) hicieron que desechara la idea.

Fue entonces cuando leí sobre Malawi. País habitado por gentes tranquilas y amables, con mejores infraestructuras que Mozambique y un gran lago donde descansar unos días. Además, Andre -camarero noruego en Vilanculos, al sur de Mozambique- nos había recomendado una visita al parque natural de Liwonde y recorrer las tierras escarpadas que rodean al monte Mulanje.

Gentes viviendo en el Lago Malawi

Gentes viviendo en el Lago Malawi

Me pareció una muy buena alternativa. Y, en parte, acerté.

No tuve el tiempo suficiente para formarme una idea profunda de Malawi. De los trece días que pasé en el país, cuatro los perdí haciendo papeleos en la insulsa ciudad de Blantyre, al sur del lago Malawi.

En este país todo se referencia al lago. Las ciudades o pueblos se encuentran a esta u otra dirección del mismo, los habitantes viven de cara a él y los turistas lo exploran en unos puntos ya determinados y preparados para alojarlos. Nkhata Bay y Cape Maclear son dos de los más conocidos y fue en este último donde yo me alojé.

Me vinieron muy bien los días de descanso después de la paliza física de mis últimas semanas en Mozambique. La temperatura a orillas del Malawi es agradable, lejos de los calores sofocantes de otras partes de África y con unas noches en las que se podía dormir de lujo. Observé la vida cotidiana de las gentes que viven del lago. Allí se pesca,  se lava ropa y cuerpo, se juega y se coge alguna enfermedad que otra. Esa gran fuente de agua dulce lo es todo para millones de personas.

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Atardecer en el lago Malawi

Atardecer en el lago Malawi

Fue el punto en que volvimos a tomar contacto con la gente blanca. No habíamos visto a ninguno durante 10 días y había pasado aún más tiempo desde la última vez que me había encontrado entre un grupo numeroso de occidentales. Fue extraño y sentí cierta melancolía. También por volver a comer y cenar en bares de estilo occidental y, en definitiva, regresar a un tipo de vida europea.

En cuanto recuperamos las fuerzas pusimos rumbo al sur, en busca de la naturaleza salvaje una última vez antes de regresar a la realidad. En Liwonde Safari Camp nos sentimos como en casa. Nuestra casa africana. Así nos hicieron sentir el amigo holandés Frederick y sus compañeros durante los días que pasamos acampados en un lugar donde la naturaleza te rodea y absorbe hasta el punto de recibir visitas nocturnas de hipopótamos y elefantes junto a tu tienda de campaña.

Fue un buen punto y final a mi aventura africana. Los días en Blantyre, segunda ciudad más poblada de Malawi, fueron, en un símil futbolístico, los minutos de la basura. Lo pasamos bien  y me despedí de mi gran amigo Ophir entre mercados y una buena noche de fiesta, pero las ciudades de África no son precisamente su tesoro más preciado.

El mercado de Blantyre

El mercado de Blantyre

Malawi me pareció un país muy tranquilo donde su gente es respetuosa y amable con el turista. El hecho de que tengan el inglés como lengua oficial hace que sea mucho más fácil moverse pero también tiene su parte negativa. La lengua inglesa hace que viajar a Malawi sea mucho más accesible para todo el mundo y verás más caras blancas que en la portuguesa-parlante Mozambique. Es decir, Mozambique es más auténtica, más África, que su vecino.

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En cuanto a naturaleza tiene en su gran Lago Nyasa el auténtico emblema del país, con parques naturales como Liwonde, Kasungu y Lengwe ideales para observar vida salvaje. Quien quiera montaña siempre puede acercarse a la zona del Mulanje.

En cuanto a la seguridad, no tuve ninguna sensación de peligro más allá de los típicos intentos de timo que suele sufrir el turista en tantos países. Pero, incluso aunque consigan hincharte un poco el precio, te seguirá pareciendo un país bastante barato.

En definitiva, un buen país para tener un primer contacto con África sin muchos sobresaltos.

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2 Comentarios
  1. Manu 18 febrero 2015
  2. David 18 febrero 2015

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