De pintxos y copas por Vitoria

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Vitoria te ofrece una amplia variedad de pintxos. Este es el ambiente de Sagartoki en sábado noche.

Yo soy de los que piensa que, para conocer una ciudad en profundidad, es tan necesario conocerla de día como hacerlo cuando el Sol cede el protagonismo a la Luna. Exploramos la noche de Vitoria a ritmo de pintxos, vinos, música y alguna que otra copa.

Como buena ciudad de tamaño mediano o pequeño que se precie, Vitoria te ofrece todo tipo de restaurantes, bares, pubs y discotecas en una zona que puede ser recorrida a pie sin ningún problema. Hay pocas cosas que hundan más la moral de la cuadrilla que el tener que tomar un taxi o el coche en mitad del fragor de la batalla nocturna.

Para pasar una buena noche en Vitoria debes perderte por las calles de su casco medieval.

Salimos de nuestro céntrico hotel pasadas las 9 de la noche. A pesar de encontrarnos ya a mediados de Septiembre, la temperatura era más que agradable y la calle de El Prado bullía de actividad . Parejas, cuadrillas y familias compensaban el encierro de la noche del Viernes -mucho más fría- con una merecida cata de pintxos regada con zuritos de cerveza o txacolís de vino.

En la calle Mateo Benigno de Moraza puedes encontrar marcha en el Zabala y la Comarca

Nuestra primera parada fue en esa calle. El Sagartoki -ganador de varios premios de pintxos desde el 2008- estaba lleno hasta la bandera, tanto dentro como la elegante terraza. Nos hicimos un hueco para poder tomar nuestra primera copa de vino blanco y un pintxo curioso: un huevo de codorniz frito envuelto en una prisión rectangular hecha de patata frita. Hay que comerlo de un bocado, cosa no muy complicada dado su minúsculo tamaño. Estaba buenísimo, aunque necesitas media docena para estar medio lleno. Otros compañeros probaron la famosa tortilla de bacalao y parece que no quedaron muy satisfechos.

Salimos al aire libre, atravesamos la plaza de la Virgen Blanca y llegamos a La Malquerida en la calle Correría. Allí cayó nuestro segundo vinito acompañado de una buena tostada con tomate y jamón serrano. Quizás no exactamente un pintxo, pero nunca falla. La parroquia era bastante joven al encontrarse inmerso en la zona de copas.

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La ruta que nos habían preparado consistía de seis paradas -sin fonda- pero nos quedamos atrapados en la tercera: Izartza. Cuando en un sitio te ponen una comida y bebida que quita el sentido y el dueño te atiende como si fueras de su familia, no hay salida.

No podéis marcharos de Vitoria sin comer o cenar en Izartza. Jose Ángel es un maestro y fue, de largo, el mejor bar de nuestro recorrido.

Llegamos al Izartza -ubicado en uno de los laterales de la Plaza de España (Plaza de España 5, 945235533)- para reunirnos con el resto del grupo. Cuando llegamos nos los encontramos sentados en una mesa larga en la terraza protegida por la arcada de la Plaza. Algunos del grupo habían comenzado la ruta por este bar y allí se habían quedado. Jose Ángel -el dueño- nos acomodó en otra mesa a Egoitz, Iñaki y un servidor y nos trajo una ración de pulpo y otra de tataki de atún rojo, regadas ambas con un buen vino blanco. Es-pec-ta-cu-lar. Sin duda, el sitio donde debéis cenar en vuestra noche vitoriana.

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Ya pasaba de largo la hora en que la carroza se convierte en calabaza cuando nos despedimos de Josean.

Había llegado el momento de tomarse una copa y comprobar qué tipo de noche tenía Vitoria.

Iñaki fue nuestro guía en este menester. Caminamos apenas 200 metros desde el Izartza al Zabala, emplazado en la calle Mateo Benigno de Moraza. El Zabala es claramente uno de los garitos de moda del casco antiguo. Durante el día sirve comidas pero al caer la noche se llena de gente bien que está dispuesta a pagar 7 euros por una copa -éso sí, de las buenas, nada de tubos- y 3 por el tercio de cerveza.

La música es comercial y empieza a ponerse bien a partir de la 1 o 1.30 de la mañana.

Nos tomamos la primera ronda con el equipo casi al completo. Aún era pronto y teníamos nuestra esquina en la que podíamos hablar en grupos sin necesidad de gritar.

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Ya más cerca de las 2 que de la 1, un grupo más reducido recargábamos las copas rodeados por grupos de chicos y chicas entre los 25 y 40 que respondían a la provocación del DJ -que estaba en su hora latina- con bailes realmente calientes.

La cuesta de San Francisco bulle de vida en las noches del fin de semana

Cuando ya se hacía difícil mantener un reducto propio en Zabala, decidimos salir como los galos de Astérix -en estampida- camino de la Cuesta de San Francisco, donde se encuentra el Toloño.

En el camino paramos en La Comarca, justo al lado de Zabala. Os puedo jurar que no eran Hobbits lo que allí había sino una muchedumbre sedienta de fiesta. Apenas se podía estar y decidimos marcharnos.

Algunos de mis compañeros se habían tomado ya unos pintxos en Toloño, pero ahora una parroquia muy parecida a la de Zabala se entregaba a la noche.

La decoración interior tiene bastante clase y la música y precio de las copas es muy parecido al Zabala: 7 euros por los tragos largos en copas balón o vasos anchos.

El gran Egoitz, gran nocturno y mejor persona, nos acompañó hasta que le venció el cansancio. ¡Un grande!.

Allí comenzamos el bailoteo y conocimos a unas simpáticas lugareñas que me sorprendieron al decirme que habían pasado muchos veranos familiares a 2 kilómetros de donde los pasaba yo, en mi amada playa Muchavista de Alicante.

Nuestro nutrido grupo -que había llegado a tener unos 15 integrantes- se había quedado reducido a 6 valientes que no se daban por vencidos fácilmente.

A las 4.30 de la mañana el ambiente olía a retirada digna pero nunca fui de los que da su brazo -ni piernas- a torcer fácilmente en temas de nocturnidad y alevosía. Conseguí engañar a Pau y Rafa y nos fuimos a completar nuestro reportaje nocturno a una de las discotecas en las que podéis seguir la noche una vez han cerrado los bares del casco medieval.

Nuestras opciones eran Cool o Datura. Nos acabamos decantando por Datura por aclamación popular de la gente vitoriana a la que preguntamos.

La sala Datura se encuentra en la Calle de La Paz 5, cerca de El Corte Inglés. Hay que pagar 10 Euros -con consumición incluida- para acceder a una gran sala con una única pista en la que suenan los temas del momento.

Cerca de las 7 de la mañana los pájaros mañaneros nos guiaron hacia el hotel como si fuéramos tres enanitos extraviados de nuestra amiga Blancanieves. Éso sí, después de una gran noche de pintxos, copas, bailoteos y risas en la gran Vitoria, ninguno de nosotros era Gruñón.

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9 Comentarios
  1. JD (@aitor_vca) 20 septiembre 2012
  2. Jexweber 20 septiembre 2012
  3. Egoitz 20 septiembre 2012
  4. Fran Soler 24 septiembre 2012
  5. David 27 septiembre 2012
  6. David 27 septiembre 2012
  7. David 27 septiembre 2012
  8. David 27 septiembre 2012
  9. Egoitz 28 septiembre 2012