Parque Nacional Tierra del Fuego

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Cuando llegamos a Ushuaia, después de atravesar toda la Patagonia argentina, pasando por Bariloche y Calafate, coincidió con la celebración del día de San Patrick, patrón de Irlanda. Y, después de atravesar cientos de kilómetros de tierra patagónica en lo más parecido a estar en medio de la nada que jamás he conocido, cuál sería nuestra sorpresa al descubrir que en la ciudad más austral del planeta, conocida popularmente – para orgullo de los locales – como fin del mundo, había dos pubs irlandeses, uno llamdo Dublín y otro llamado Galway. La fiesta que nos pegamos junto con otros viajeros que conocimos durante el camino fue de las que se podrían catalogar como memorables.

Pero no habíamos llegado hasta tan lejos sólo para beber un montón de cerveza y echarnos unas buenas risas al son de la música de U2 – aunque ahora que lo pienso tampoco es una mala razón para recorrerse la Patagonia entera, con crucero por el Estrecho de Magallanes incluído – sino que existían otras motivaciones. Por una parte nos habíamos propuesto llegar lo más al Sur posible dentro del continente sudamericano, y lo habíamos conseguido. Por otra, habíamos oído hablar de un parque natural muy bonito que sin duda valía la pena visitar.

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El Parque Nacional Tierra del Fuego argentino está situado a 12 km de la ciudad de Ushuaia. De sus 63.000 hectáreas solamente unas 2.000 están abiertas al público, el resto está catalogado como reserva estricta. Habitado por una gran variedad de mamíferos y de aves, una característica singular de su ecosistema es la absoluta ausencia de anfibios. El Parque posee también restos arequeológicos del pueblo aborigen yámana, y dentro de él se encuentra el fin de la Ruta Nacional Nº3 y de la Ruta Panamericana, en la famosa y bella Bahía Lapataia.

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Además de las excursiones organizadas se pueden llevar a cabo dentro de él caminatas por senderos con distintos grados de dificultad y niveles de exigencia. Nosotros decidimos caminar la Senda Costera, de unos 8 Km de longitud. Fue el circuito que más nos llamó la atención pues habíamos leído que permitía observar las aves y fauna marina y costera, así como distintas especies de árboles y arbustos. Nos llevó unas 6 horas realizar el circuito completo y regresar al punto de partida. Llevábamos con nosotros botellas de agua y unos bocadillos, algunas piezas de fruta y un poco de chocolate, de modo que nos detuvimos en más de una ocasión para disfrutar de la paz y la tranquilidad que reinaba en este maravilloso rincón del mundo. Bosques, praderas, bahías y riachuelos, con pájaros y conejos yendo y viniendo alegremente. Creíamos encontrarnos inmersos en un paisaje digno de película de Walt Disney, sólo faltaba que en cualquier momento algún conejo se pusiera a hablar con un castor, o que alguno de los patos empezara una conversación con una garza.

El Parque Nacional Tierra del Fuego: si pasas por Ushuaia ¡no te lo pierdas!

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