Nuria alrededor del mundo: murallas y timos en China

Cuando se cumple ya un mes desde que Nuria iniciara su ansiado viaje alrededor del mundo, ella ya ha dado el salto a su segundo país, Tailandia. Mis noticias son que ahora está relajándose en las playas de la isla de Koh Tao…¡sana envidia la nuestra, aunque en Dublín luzca el astro rey!

Pero antes de llegar a sitios cuyos nombres nos traen reminiscencias de paraisos bajo el sol, como Koh Samui, Ko Phi Phi o Phuket, ha pasado un buen tiempo en el país que, pese a ser una dictadura, organiza los JJOO del 2008, China.

Naturalmente, no se perdió la obligada visita a la Gran Muralla, uno de cuyos tramos más visitados está cerca de Pequín, aunque obliga a darse un madrugón para llegar hasta allí. Si os imaginais la Muralla como una línea recta, estáis equivocados. La idea de que sube montañas y baja valles, se basa, como ahora os dais cuenta, en empinadas cuestas que, cómo no, Nuria tuvo que salvar pese a que el calor no era el mejor aliado y en muchos tramos, más que caminar, tenía que escalar. Compraos agua antes de llegar o disponeros a pagar los, relativamente, exorbitados precios de los vendedores, también de souvenires, que os encontrareis a cada paso, y a la sombra, por supuesto.

En Pequín, amén de visitar la Ciudad Prohibida y el Palacio del Cielo, se tropezaron con algunas exquisiteces gastronómicas que no llegaron a probar y que, a primera vista, no son demasiado apetecibles para el estómago occidental. Si quereis más detalles, echadle un vistazo a alguna de las fotos de su blog…

Ah, para el que crea que a la gente se la tima “como a un chino” que sepa que ni Nuria ni su amiga Silvia se libraron de caer en un pequeño timo que acosa a los turistas desde Shanghai hasta Pequín. Encontraron un grupo de estudiantes chinos que hablaban inglés y estaban de vacaciones en Shanghai. Se acercaron a saludarlas y a preguntarles cosas sobre su pais, siendo muy simpáticos en todo momento. Finalmente se quedaron sólo dos, un chico y una chica, y las invitaron a acompañarlas a una ceremonia del té tradicional, que solo se hacia cada tres años. Ellas aceptaron encantadas pero, como a estas alturas os podeis imaginar, era un timo que acabó con una astronómica factura presentada ante nuestras amigas…

Pero todo forma parte de las experiencias de un increible viaje y, ¡que levante la mano el que núnca haya sido timado por un taxista, un conserje, un cambista o un agente de viajes!

nuria en la gran muralla
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