El nuevo aeropuerto internacional de Bangalore

Llegó el desafortunado día de volver a Barcelona. Mi vuelo con escala en Londres salía a las 6 de la mañana. Precisamente ese mismo día inauguraban el flamante nuevo aeropuerto de Bangalore y todos los vuelos internacionales partían desde medianoche desde la nueva ubicación

Como es de imaginar, no dormí. Cuando se inaugura un nuevo aeropuerto uno tiene que ir con antelación por si las moscas y si encima el aeropuerto se inaugura en un país como India uno puede esperar de todo. La nueva ubicación del aeropuerto se encuentra a unos 50 km. al norte de la ciudad así que tomé un taxi a las 2 de la madrugada que por 900 rupias me dejó en el lugar. Las carreteras estaban semi-vacías y el trayecto duró apenas media hora.

A medida que llegábamos al aeropuerto empezamos a cruzar nuevas rotondas. Todas ellas engalarnadas con bonitas flores, árboles y luces psicodélicas. El taxista, que evidentemente hacía su primer trayecto al nuevo aeropuerto, no cabía de su asombro. “This is India! Beautiful!”.

El aeropuerto se ha abierto principalmente gracias a las ayudas que han aportado todas las multinacionales interesadas en tener una decente comunicación con la tecnológica Bangalore. De no ser así, todavía tendríamos el cochambroso viejo aeropuerto que parece una estación de autobuses.

Al llegar al aeropuerto tuve que indicar al taxista que tomara la dirección de “Departures” y no al parking como parecía dirigirse. El pobre andaba perdido. Nunca en la vida había visto nada igual. Se trata de un nuevo aeropuerto de una sola terminal con bonitos acabados y merecedor se encontrarse en cualquier país desarrollado.

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La seguridad estaba a la orden del día. La policía estaba en las puertas de la terminal y no permitían la entrada de personal que no tuviera un billete en la mano. El interior rebosaba de gente mirando hacía arriba y contemplando los últimos detalles del aeropuerto.

A pesar de la extrema seguridad existía muy buen rollo entre los trabajadores. Nunca en la vida había visto a las secretarias del check in ayudar a la gente a subir las maletas en la cinta. Incluso vi a una que sonreía picaronamente y perdonaba a un usuario porque su equipaje superaba los 30 kilos. ¡Ojalá el mundo fuera siempre así!

Si partís del nuevo aeropuerto de Bangalore os avisó que deberéis pagar una tasa de 1,200 rupias. La llaman “Development Fee” y puede pagarse en rupias o con tarjeta de crédito.

En su interior, la mayoría de las tiendas están todavía vacías y, por desgracia, tuve muy pocas distracciones para pasar las tres horas que me quedaban todavía para tomar el vuelo.

Un vez en el interior del avión, no pude dormir y me tragué tres películas enteras –Beowulf, I am legend y 27 Dresses– a través de la mini-tele incorporada en el asiento delantero. Realmente eso de poder ver Family Guy o una peli a bordo en un vuelo de 10 horas es una auténtica maravilla.

Viajaba con British Airways y no las tenía todas con mi equipaje ya que gozan del privilegio de ser los líderes europeos en perder las maletas. Sin embargo, mi mochila salió la primera de la cinta en Barcelona y, al pisar suelo catalán, me asombré al saber que desde que había partido no había parado de llover durante las últimas dos semanas.

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