Nueva Zelanda (6) : Queenstown y el river boarding

Dejamos atrás los glaciares Franz Joseph y Fox y continuamos rumbo Sur hacia Queenstown. En el camino nos encontramos un par de playas desiertas que me dejaron marca, sobre todo aquella en la que acampamos para pasar la noche. Encendimos una pequeña hoguera y nos quedamos charlando sobre las aventuras vividas hasta el momento, sobre las que nos quedaban por disfrutar, sobre mujeres, amigos, noches de risas y copas en nuestra querida playa Muchavista en Alicante -donde los 3 nos conocimos siendo aún retacos-, gamberradas de niños, partidos de fútbol…y miles de cosas más que habíamos vivido juntos y recordábamos como si fuera ayer. Mientras un cielo plagado de estrellas tardías nos contemplaba silencioso y alguna estrella fugaz se reía y salía corriendo.

A la tarde siguiente llegamos a la ciudad. Queenstown es sinónimo de deportes de aventura. Caminamos por sus calles y los escaparates de los negocios sólo mostraban carteles de diferentes ofertas de precios para hacer puenting, bungee jumping (puenting con la cuerda elástica con la que rebotas varias veces), rafting, saltos en paracaídas y multitud de cosas más. Nosotros nos decantamos por el river-boarding, una especialidad que ninguno habíamos practicado y que siempre nos había llamado la atención.

Este lugar perfecto para la aventura es en realidad un pueblecito de pequeñas dimensiones, calles limpias, amplias y cuidadas zonas verdes que bordean un lago enorme y precioso, y, sobre todo, una gran cantidad de gente joven ávida de actividades que les suba la adrenalina a niveles desconocidos. Además, siendo finales de Enero -pleno verano austral- los pubs estaban que explotaban y con las copas a 1.5 Euros podéis imaginar que dejamos de lado nuestra vida sana por una noche.

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Al día siguiente nos montamos en el buseto de la compañía que habíamos elegido y fuimos hacia una parte en alto del río Kama. Rober, Óscar y yo estuvimos de charla con el conductor durante el camino, un chaval de unos 23 años que… ¡había hecho de orco de Saruman en El Señor de los Anillos!. Y es que, dada la belleza natural de la zona, sirvió de escenario para gran parte de las tomas de la película: Edoras, los campos de Ithilien, Amon Hen, Rohan e Isengard. De hecho hay agencias en el pueblo que te montan tours para frikies y te llevan a todas estas localizaciones mientras te cuentan los pormenores y anécdotas del rodaje. Dada mi condición de admirador de Tolkien, envidié al conductor…¡un orco!…vaya tela.

Llegamos a una caseta propiedad de la agencia, situada cerca de la ribera de una zona tranquila del río, y donde guardaban los trajes de neopreno y las tablas con las que descenderíamos. El artilugio en sí es como una pequeña tabla de plástico duro y forma de punta de flecha redondeada que consta de dos mangos donde agarrarte -uno en la parte derecha y otro en la izquierda- y con los que debes dirigirla. Tras una pequeña demostración nos soltaron y comenzamos a bajar el río. Al principio había un tramo tranquilo para poder ensayar lo que nos habían mostrado, pero al poco comenzaron los rápidos y remolinos que comenzaron a disparar nuestro niveles de adrenalina.

Se oían gritos de emoción por todos lados y veías a la gente hundiéndose en el agua, tragados por uno de los remolinos, para reaparecer unos segundos después gritando de euforia, escupiendo agua y totalmente desorientados. Fue una risa y nos cansó una barbaridad a pesar de no durar más de hora y media porque el agua estaba helada y no invitaba a estar ni un segundo parado. Después nos remolcaron con una especie de motos de agua, saltamos desde unas rocas y demás actividades complementarias. Aquella noche dormimos como auténticos bebés en nuestro coche-cama-comedor-vestuario, pero ésa es una historia que dejo para otro día.

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Sin duda, todo viajero que se precie y se encuentre en Nueva Zelanda debe pasar unos días en Queenstown y dedicarse a realizar todos los deportes de riesgo que le gusten pues pocos lugares encontrará en todo el planeta tan apropiados para practicarlos…¡Y hay orcos!.

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