Nochevieja viajando por el Mundo

Y cuando parece que ya va pasando todo, llega la mítica Nochevieja.

Nochevieja, esa noche donde la gente se alegra al dejar el año de turno y empezar otro que seguro será mucho mejor. Porque yo lo valgo.

Tamaña certeza sobre un futuro mejor sólo puede llevar a una borrachera de órdago. Y viceversa.

Durante mis viajes por el Mundo, en un par de ocasiones tuve la suerte de vivir la última noche del año bajo unas estrellas distintas. Fue en Sydney y Buenos Aires.

En Sydney aterricé con mi gran amigo Rober un 31 de Diciembre de 2003. Optimistas como siempre, pensamos que encontraríamos alojamiento en algún hostal barato. Nos tiramos el día pateándonos medio Sydney y no pudimos encontrar nada, ni siquiera en los hoteles. Así que dejamos nuestras mochilas grandes en un locker -por 3 días- y nos fuimos a la Bahía de Sydney con una mochila pequeñita donde guardábamos un par de mudas, algo para ducharnos y nuestros manjares para la cena de Nochevieja: bocata de mortadela y queso y una botella de Ballantines acompañada de 2 litros de Coca Cola.

Las zonas verdes con vistas al puente comenzaron a llenarse desde las 6 de la tarde. La gente se traía su comida y bebida y era como un macrobotellón a la anglosajona.

Rober y yo sacamos nuestras delicatessen y a eso de las 11 ya íbamos realmente bonicos. A las 12 comenzaron los famosos fuegos artificiales de la Bahía. Sí, ya sabéis, Matías Prats diciendo: “Pero ya hay un sitio del Mundo en el que ya están en el 2004. Estas son imágenes de la Bahía de Sydney…Blablabla…Goooool de Señorrrrrrrrrrrr (¡ah no!éste era Jose Ángel de la Casa)”.

Mi primer recuerdo del 2004 fue de lo mejor. Echo mano de mi móvil para llamar a la familia totalmente ebrio y me doy cuenta de que no lo tengo. Dan las 12 en punto y allí estoy yo, mirando al césped y caminando en círculos mientras la gente se abraza, besa, bebe y hasta se ríen ajenos a mi desgracia. Gentuza.

sydney

Mañana del día 31 antes de la hecatombe

Rober seguía empeñado en abrazarme a pesar de mi mala leche y al final me dí cuenta de que era imposible encontrar algo en aquella marabunta, así que me entregué a la noche a cambio de un móvil.

Seguimos festejando por las calles de Sydney -han pasado muchos años pero no recuerdo haber entrado en un solo bar- hasta que nos venció el sueño y buscamos un parque donde tirarnos a dormir. Habíamos llegado hasta allí con una bolsa de plástico con 3 cervezas y nuestra mochila.

Al despertar por el frío matinal un par de horas después nos dimos cuenta de que nos habían robado…¡Las cervezas!. Buena gente por allí. De hecho nos vino bien que nos las quitaran.

Estábamos rotos y comenzamos a buscar un hostal donde poder pasar esa noche y las siguientes y, aunque volvió a costar bastante, al final encontramos un sitio que tenía habitaciones. Ya habíamos decidido ir a una iglesia que acogía a los sintecho en colchones pero en el hostal de al lado encontramos sitio.

En Buenos Aires dije adiós al 2008 y di la bienvenida al 2009. Un amigo español y yo habíamos alquilado un pequeño apartamento en la zona de Palermo, la mejor de la ciudad si te gusta el ambiente de terracitas y restaurantes varios para la vida nocturna.

Se nos cayó el plan inicial con unos amigos colombianos que conocí en Brasil y fue una noche como otra cualquiera, la verdad. Una cenita en casa, nos tomamos unas copas y salimos a la mítica Plaza Serrano hasta las 6 de la mañana.

El regalo de Navidad bonaerense nos llegó durante los 3 primeros días del 2009. Nos encontramos en las calles del barrio a los actores Willem Dafoe y Ricardo Darín. Los dos muy majos, sobre todo el norteamericano, con el que nos tiramos charlando 15 minutos hasta que su mujer vino a por él. ¡Qué tío más majo!. Y encima había un ciclo en la tele argentina sobre él y esa noche habíamos visto Platoon.

¡Seguro que muchos de vosotros tenéis anécdotas sobre Nocheviejas en países remotos!. Venga…¡Hablad malditos!.:)

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2 Comentarios
  1. Avistu 2 enero 2012
  2. Gildo Kaldorana 3 febrero 2013