Munnar, refugio del calor

autobuses keralaPara huir del calor de la costa, lo mejor es irse a las montañas y eso significaba abandonar Fort Cochin en dirección a Munnar. Con la lluvia del monzón cayendo con fuerza como despedida, en lugar de ir caminando hasta el ferri y de allí a la estación de autobús, a través del hostal contraté un rickshaw por 180 rupias que me conduciría con una pequeña parada: las oficinas de Air India Express en Ernakulam donde me compré el billete de ida y vuelta desde Chennai a Colombo.

Lógicamente, a los cinco minutos de ir atechado en el rickshaw deja de llover y el sol, con apenas un par de retazos de nubes, reina en el cielo cuando llegamos a la estación de autobús. El edificio es más viejo que yo, por cierto, pero hay suficientes establecimientos para comer y beber y comprar comida y fruta para el viaje. Me dicen que el siguiente bus a Munnar sale a las doce del mediodía, dentro de un rato. Como los carteles de los autobuses están todos en hindú, le pregunto al de megafonía y a las doce y cuarto que llega el bus, me indica cuál es. A bordo me dicen que salimos a las doce y veinticinco y, efectivamente, puntuales como un reloj chino, a la una menos cuarto emprendemos la marcha.

niebla en la carreteraComo el clima es de extremos (o llueve a raudales o hace tanto calor que ni los perros se levantan de la acera), no hay ventanillas de cristal en el autobús. Lo que hay son una especie de persianas plásticas, como un acordeón, que se bajan cuando llueve, cosa que ocurre apenas dos o tres veces durante el camino y por unos diez minutos en cada ocasión. En esos momentos, con la luz proveniente sólo de la parte delantera, donde el conductor necesita visibilidad, la sensación es como viajar dentro de un túnel. No es una experiencia apta para claustrofóbicos.

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Como eso sólo es puntual, para el resto del viaje os recomiendo sentaros en el lado derecho para disfrutar de las vistas, aunque hay zonas (como la llamada “Misty Mountain”, Montaña Neblinosa) en la que no se veía más allá de cincuenta metros de distancia. De todos modos, el viaje no se hace pesado en absoluto gracias en parte a que todo el que se me sienta al lado intenta entablar conversación amigablemente, con mas o menos nivel de inglés. También ayuda la manera de conducir por las montañas que tiene estos hombres. Si oyes una sinfonía de bocinazos cuando te aproximas a una curva, ponte a conducir por el arcén para dejar pasar al vehículo (que tú aún no has visto) que se aproxima en dirección contraria. Si te aproximas a una curva y no se oye nada, aplícate al trabajo de hacer sonar el cláxon reiteradamente para que, de venir alguien en sentido contrario, se tire al arcén. El sistema funciona tan bien que en dos horas sólo hemos tenido tres “casi” accidentes.

Cuando aclara la niebla, estás rodeado de plantaciones de té por todos lados. Apenas se ve otra cosa más que ese curioso arbusto que decide crecer sólo hasta que alcanza poco más de un metro de altura. Y después se niega a seguir haciéndolo, como si se tratara del protagonista del cuento infantil, aquel que era odiado por Dustin Hoffman, digo, el Capitán Garfio. El té no quiere ser un naranjo, ni mucho menos un pino. No, su tamaño es infantil, pero el producto de sus hojas es sólo para adultos.

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te en munnarSi mi llegada a Munnar se produjo, así es el tiempo aquí, bajo un sol que no quería irse a dormir aún, para cuando salí del hostal tras la media hora que tardé en soluciona mi alojamiento para dos noches, el astro rey se había rendido a la evidencia y la niebla ya lo cubría todo. Eso no me impidió dar un paseo por la zona vieja (el nuevo Munnar está a poco más de un kilómetro de distancia, pero, aparte de la Iglesia del Monte Carmelo, no tiene rasgos de mayor atractivo). Dado que oscurecía, me volví pronto a la habitación, no sin antes pasarme por la oficina de turismo y conseguir un pequeño mapa de la zona que me serviría para planificar mi trekking del día siguiente.

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2 Comentarios
  1. Flavia Bocchio 8 junio 2009
  2. avistu 13 junio 2009