Modernidad en el Citizen M de Amsterdam


Mi viaje a Holanda del pasado fin de semana comenzó con un buen madrugón en Dublín para tomar el vuelo de Aer Lingus que salía a las 6 am y me dejo en el aeropuerto de Schiphol a las 8.45. Aunque levantarse a las 3 de la mañana es tan placentero como dormir en la cama de David el Gnomo, la cosa tiene sus ventajas porque primero, llegas al avión totalmente dormido y no te enteras del trayecto; y segundo, aprovechas el día completo en tu destino.

Así llegué al Meeting Point de Schiphol donde la simpática Chantal, de la Oficina de Turismo y Congresos de Holanda estaba ya esperándome. Charlamos un rato hasta que el resto de componentes del grupo llegaron de Madrid y Barcelona. Meri, Eli, Egoitz, Juanfran, Alicia, Marcos, María Luisa, Ángeles, Santiago, Joan y Nani llegaban con caras de sueño trás haber madrugado casi tanto como yo.

Un autobús nos estaba esperando a la salida de la terminal y trás 15 minutos nos dejó en la puerta del hotel más trendy en el que estado en toda mi vida. El Citizen M de Amsterdam, situado en la zona financiera de Amsterdam destila originalidad y buen rollo desde el momento en que traspasas su puerta y te encuentras con el joven y amable personal de recepción que te indica cómo hacer tu propio check in en las pantallas digitales que tienen para tal propósito.

El hall del hotel en sí es más bien pequeño pero conecta -sin separaciones- con el bar-restaurante del mismo, con decoración vanguardista. Mesas, sillas y sofás de distintos colores y formas, estanterías de extraño diseño con libros de varias clases y una gran televisión de pantalla plana que no llegué a disfrutar, son algunos de sus atractivos.

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Las habitaciones constan de televisión plana de unas 32 pulgadas, una cama gigante con comodísimas almohadas y nórdico para cubrirte, y un baño que -curiosamente- carece de separación del resto de la habitación. La ducha tiene una mámpara cuya función no es sólo la de evitar que el agua se desparrame por la habitación, sino que al cerrarla del todo activa el agua de la ducha. Me llevó unos minutos averiguar qué llave tenía que girar para que saliera el agua. Sólo veía una para regular la temperatura, y como empezaba a tener frío, cerré la mámpara. Fue como gritar el Ábrete Sésamo y el agua comenzó a correr caliente por mi cuerpo. Muy bueno el detalle de poner un bote de gel para el “Citizen AM” y otro para el “Citizen PM”, el amante de la nocturnidad y alevosía. Os dejo adivinar cuál de los dos utilicé.

El Citizen M ofrece conexión Wifi gratuita para sus huéspedes y tienen 4 Macs al lado de la recepción, cosa que me vino bien porque en el último minuto decidí no llevarme mi ordenador.

Para llegar al centro sólo tenéis que tomar el tranvía número 5 que os lleva hasta la Centraal Station como última parada de la línea. El trayecto dura menos de 15 minutos.

El precio de las habitaciones -era para mí sólo pero suficientemente grande como para albergar 2 personas- rondaba los 105 euros por noche.

Sin duda una magnífica elección por parte de la Oficina de Turismo y Congresos de Holanda. Un magnífico hotel a medio camino entre el aeropuerto y el centro que te permite estar en un ambiente tranquilo combinado con una magnífica conexión con las zonas más visitadas de la capital holandesa. Todo ello en el ambiente más innovador y cool de todos los hoteles en los que he estado.

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Sin duda, totalmente recomendado.

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3 Comentarios
  1. Ronald 29 noviembre 2010
  2. David 29 noviembre 2010
  3. Mochilero 1 diciembre 2010