Mis islas favoritas en el mundo (parte 1)

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El Parque Nacional de Abel Tasman. Isla Sur de Nueva Zelanda

El Parque Nacional de Abel Tasman. Isla Sur de Nueva Zelanda

Los anuncios de televisión y otros medios de comunicación nos bombardean continuamente con una imagen recurrente a la hora de instigarnos a ir de vacaciones: una isla de playas paradisíacas.

Pero en el mundo hay islas de muchos tipos, tamaños y morfología. Grandes, pequeñas, frías, cálidas, peladas, cubiertas por una densa vegetación, volcánicas, arenosas, etc. Cada una de ellas puede tener su encanto para el viajero.

De mis viajes por los cinco continentes, me quedo con esta pequeña lista subjetiva, sabiendo que desconozco la mayoría de las que salpican los mares del mundo y que, de las que he pisado, me dejo muchas buenas:

Isla Grande de Chiloé, Chile

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Chiloé es un lugar embrujado, mágico. En Chiloé el tiempo parece haberse detenido.

Si vas buscando unas buenas playas donde tirarte a tomar el sol, bañarte en aguas cristalinas y disfrutar de unos buenos cócteles tumbado en tu hamaca… Te has equivocado de lugar.

La isla Grande de Chiloé es la mayor del archipiélago que tiene el mismo nombre. Su capital es Ancud y está habitada por unos 80.000 chilotes (gentilicio que se le da a los isleños), esparcidos en 5 poblaciones principales.

Los chilotes son gentes fuertes, endurecidas por el duro clima de esta parte del Pacífico donde todas las estaciones, salvo el verano, traen fríos vientos y muchos días de lluvias racheadas. Aunque son de carácter reservado, siéntate con ellos junto a un buen fuego y tómate una copa mientras les preguntas sobre las leyendas de Chiloé. Los chilotes son muy supersticiosos y una gran cantidad de brujas, fantasmas, demonios, sirenas, duendes y demás seres mitológicos pueblan sus leyendas folclóricas. Una de las mejores tiene como protagonista a un barco fantasma: El Caleuche. Su tripulación intenta, camuflada por las nieblas nocturnas, reclutar y esclavizar a nuevos remeros entre la población humana.

Cuando me contaron la historia de El Caleuche no lo hicieron entre risas sino con una solemnidad a medio camino entre el respeto y el miedo.

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Pero Chiloé es también naturaleza salvaje, con grandes bosques,  reservas naturales y largas playas y calas desiertas donde el Pacífico bate con fuerza. Nosotros realizamos el largo trekking que llevaba desde Cucao a la preciosa playa de Cole-Cole, rodeada de verde y de difícil acceso desde tierra.

Hay otros bellos senderos en la isla pero recuerda llevar siempre el chubasquero. El clima de Chiloé es muy cambiante e impredecible.

Chiloé es un lugar distinto y peculiar.

La Graciosa, Lanzarote, España

Aparcamiento para bicis de la playa de las Conchas

Aparcamiento para bicis de la playa de las Conchas

Cerca del extremo norte de la isla de Lanzarote, se encuentra el islote de La Graciosa.

Una visita de un par de días a La Graciosa es el complemento perfecto para tu viaje a Lanzarote. Yo la descubrí en mi segunda visita a esta volcánica isla Canaria.

Para llegar a La Graciosa, debes tomar el ferry que sale del puerto de Orzola. Hay un servicio cada dos horas y el trayecto lleva unos 25 minutos. El barco te deja en Caleta de Sebo, principal asentamiento humano en la isla.

Aunque puedes caminar por La Graciosa, creo que la mejor manera de explorarla a fondo es alquilando una bicicleta. Eso fue lo que hice nada más desembarcar. Por 7 euros me la quedé el día entero.

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La Graciosa desde el mirador del Río

La Graciosa desde el mirador del Río

Saliendo de Caleta de Sebo me dirigí hacia la Playa de las Conchas, casi en el extremo opuesto. Se llega a ella recorriendo un camino de tierra y piedras que cruza el interior de la isla. La vegetación se reduce a algunos arbustos aquí y allá, y colinas de rocas de distintos colores te escoltan en tu camino hacia cualquiera de las playas de arena o calas rocosas de la isla.

Recorrí 6km y llegué a la Playa de las Conchas. Caminé entre las dunas de la entrada y una playa de arena dorada se abrió ante mí. Apenas había nadie. A mi espalda se levantaba una colina de piedra rojiza y enfrente batían las olas del Atlántico. Me metí solo un segundo en el agua, pues el agua me cubrió entero a 3 metros de la orilla y la corriente tenía una fuerza impresionante.

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Disfruta de la tranquilidad y soledad de Las Conchas o cualquier otra playa, que se intensifica cuando ya ha partido el último ferry del día y sólo quedan los vecinos de la isla y un puñado de turistas.

Koh Mook, Tailandia

La playa del lado este de Kho Mook junto al resort de Sivalai

La playa del lado este de Kho Mook junto al resort de Sivalai

La pequeña isla de Koh Mook se encuentra en el Mar de Andaman. A pesar de que hay algunas instalaciones turísticas, es una gran desconocida si la comparas con islas de la fama de Phuket, Koh Lanta o Kho Phi Phi.

Una parte de la isla está ocupada por cabañas y resorts pero la otra es totalmente auténtica y en ella solo habita gente local. Dada sus pequeñas dimensiones, puedes recorrer Koh Mook en kayak o andando. Investiga sus cuevas costeras, descubre tranquilas calas y mézclate con la gente local en el pueblo, especialmente los días de mercado.

Isla Sur de Nueva Zelanda

El pequeño lago que precede al valle que lleva al Franz Josef.Su agua refleja las montañas y crea una visión espectacular

El pequeño lago que precede al valle que lleva al Franz Josef.Su agua refleja las montañas y crea una visión espectacular

En mi opinión, la Isla Sur de Nueva Zelanda es la más bella de un país que fue tocado por la varita mágica de la Madre Naturaleza.

La exploré en dos ocasiones, una en verano y otra en invierno (os aconsejo hacerlo en el verano austral), y volvería las veces que hiciera falta.

Esta isla es como una réplica de nuestro mundo en miniatura. Glaciares, montañas, volcanes, selvas tropicales, bosques alpinos, playas inmensas, áridas estepas, ríos, lagos… Lo tiene todo.

La mejor manera de disfrutar al máximo de tu viaje en la Isla Sur de Nueva Zelanda es recorriéndola a tu ritmo, alquilando un coche, caravana o furgoneta, acampando en lugares donde te maravillarás cada mañana al abrir la cremallera de tu tienda o correr la cortinilla de tu ventana. No me extraña que Peter Jackson la eligiera para rodar tantas de sus escenas de su famosa trilogía El Señor de los Anillos. Encontró, como yo, un mundo mágico.

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