Maleducados en la montaña


El maleducado siempre se distingue. No saluda y no responde al saludo. Ensucia el prado y no respeta la naturaleza.

Te los encontrarás en cualquier lado. Esta señal, por casualidad, me la encontré en medio de los Alpes italianos pero bien podría encontrarse en cualquier lugar perdido entre las montañas.

Hay refugios que dan pena verlos y otros que da gusto dormir en ellos. Generalmente cuantos más metros a nivel del mar subes; cuanto más alejado de la humanidad te encuentras, sorprendentemente encuentras que las mantas están pulidamente ordenadas, los utensilios de cocina están debidamente limpios e incluso encuentras souvenires o detalles como una botella de aceite, una lata de tomates y otras sorpresas esperando al siguiente montañero.

Por eso, sigo fiel y optimista con la humanidad. Hay esperanza. Y, aunque he visto muchos refugios y prados echados a perder por botellones o fiestas varias, ante todo, sé que no todo el mundo “sporca i prati”.

Basta una pequeña señal en alta montaña; como dejar una vela a medias en un refugio a tres mil metros, un toblerone a medio comer pensando en el siguiente montañero para anunciar que no estamos solos en el mundo, que hay otros seres que compartirán en un futuro ese lugar con nosotros.

En esos casos, por fortuna, advierto que existe la empatía como estilo de vida y, eso me dice, que hay gente que fundamenta su propia filosofía de vida en ello. Ojalá los demás (los que sporcan y dejan basura por los prados) pudieran comprenderlo. Aunque sean incapaces de seguir el ejemplo, como mínimo, entenderlo.

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