Machu Picchu perjudicada por el turismo

Cuando realicé el Camino Inca hace algo más de 4 años aún no se hablaban de las listas de espera que ahora parecen de lo más comunes a la hora de reservar tu puesto en uno de los grupos que atravesarán valles y montañas de un paisaje de belleza indescriptible para llegar a la ciudad escondida de los poderosos Incas, Machu Picchu. Recuerdo como Rober y yo llegamos a Cuzco y, en aquella primera tarde, nos recorrimos la multitud de agencias de viaje situadas en la Plaza de Armas para comparar precios y disponibilidad. Al final, la simpatía de Rubén, un joven peruano de mirada viva y entusiasmo a raudales, nos convenció y 3 días más tarde tomábamos el autobús que nos conduciría hacia las primeras rampas del Camino.

Pero las cosas cambian y, en este caso, para peor.

La afluencia masiva de turistas al principal punto de turismo de Perú -y uno de los más populares del planeta- está deteriorando las ruinas hasta tal punto que ha sido uno de los principales temas a tratar en la reunión mantenida en Quebec la semana pasada por el Comité del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Desde 1998 hasta la fecha, el número de visitantes al año se ha más que doblado, alcanzando los 800.000. El Comité se reunió para tratar de determinar qué nuevos lugares pueden ser incluidos en su lista y cuáles de los actuales deben ser declarados bajo amenaza.

Como ocurre en muchas ocasiones -y más en países muy necesitados de los beneficios económicos del turismo- las autoridades locales hacen la vista gorda al crecimiento desregulado de hoteles, restaurantes y zonas de ocio en la población de Aguas Calientes, situada justo al lado de las ruinas. Ésto está modificando la orografía del terreno y erosionando el cauce del río que por allí corre, pudiendo provocar corrimientos de tierra que afecten al camino que lleva de Aguas Calientes hacia la Ciudad Perdida. Tampoco se poseen efectivos sistemas de detección de posibles incendios en toda la zona de bosque que rodea el lugar.

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Luis Lumbreras, arqueólogo peruano de renombre que ha estudiado la ciudadela durante 40 años, piensa que una afluencia incontrolada de turistas podría degradar las ruinas ya que Machu Picchu nunca fue construida para tanta gente. Además, prosigue Lumbreras, fue diseñada para sandalias y pies descalzos y ahora ponemos turistas con sus botas que saltan, corren y escalan por las ruinas. Eso entraña peligro.

Pues bien, veremos cuál es la decisión de la UNESCO pero me gustaría ver cuál sería la reacción de sus verdaderos dueños, sus creadores, los magníficos Incas, si por un segundo pudieran contemplar la invasión de turistas con sus mochilas, botas, bastones y cámaras que ahora toman lo que otrora fuera su último bastión sagrado. ¡Respetemos estas maravillas de nuestro Mundo!.

Vía msnbc

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