De luciérnagas y cucarachas en Penarik, Malasia

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Atardecer en Penarik

Teníamos una corazonada con un remoto lugar llamado Penarik en Malasia. Esta localidad se halla lejos de las habituales rutas turísticas por el país pero tras leer unas breves líneas de la Lonely Planet pensé que Penarik verdaderamente se merecía un intento:

Para algo realmente mágico espera hasta el atardecer y súbete a un barco para navegar por el río en una travesía cruzando el Santuario de Luciérnagas de Penarik, donde, en ciertas noches -cuanto más oscuras, mejor- te verás envuelto en unas vistas de lo más inusuales: miles de luciérnagas parpadeando en una sincronización perfecta. El viaje en barco por la noche te lleva a un bosque fantasmal y etéreo inolvidable.

Con una descripción así -aún a sabiendas que Lonely Planet tiende a exagerar con sus descripciones cargadas de adjetivos- no podíamos evitar probar suerte y dirigirnos a Penarik.

Penarik es un pequeño pueblo de pescadores frente al mar de China con vistas a la isla de Redang. Apenas cuenta con 2.000 habitantes juntando las otras dos poblaciones cercanas y son pocos los turistas que se acercan por la zona.

De las islas Perhentian tomamos el barco de vuelta y ya en Kuala Besut regateamos para que un taxi nos llevara hasta Penarik. No fue tarea fácil, todos los taxis están habituados a realizar el trayecto Kuala Besut – Kota Bharu y viceversa. Eso de hacerles cambiar la rutina diaria y dirigirnos hacia el sur no les apasionaba demasiado.

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Finalmente, por 50 ringits conseguimos que un taxi nos llevara hasta el hotel que habíamos reservado previamente por teléfono: Penarik Inn. El establecimiento nos esperaba con una amplia habitación con aire acondicionado y encajado entre el río y la extensa playa. Con esta descripción así los 120 ringits invertidos en ella no parecerían mal a simple vista pero las cucarachas (contamos hasta siete), los mosquitos y las decenas de hormigas no pagan alquiler, además que la habitación necesitaba urgentemente una manguera a presión para limpiar la suciedad ya incrustada en las paredes.

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Desde el mismo hotel contratamos una barca para ver las luciérnagas por 100 ringts (50 por cabeza) que con una rara excusa se convirtió finalmente en 110. Quedamos que nos vendrían a recoger a las 8 de la tarde a la vera cercana del río y pasamos la tarde paseando por la playa con vistas a la isla Redang y comiendo arroz que nos sirvieron en el hotel. Tenían un largo menú de restaurante pero a la señora se le antojó cocinarnos arroz y antes de que pudiéramos pedir ya nos avisó que la comida estaba en camino. Lo mismo nos ocurrió la siguiente mañana para el desayuno. Una práctica que no me gusta nada. ¿Y si ha mi no me gustan los huevos o resulta que soy celíaco?

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Penarik Inn: aunque parezca bonito no os lo recomiendo por su mal servicio y suciedad

Por la tarde el viento sopló con mucha fuerza y unos negros nubarrones se apoderaron del firmamento. A las 8 nos fuimos al río a esperar la barca y justo entonces nos cayó la del pulpo. Truenos y relámpagos. Un torrencial monzónico asoló Penarik y nos dejó empapados. Volvimos al hotel para cancelar la cita y la mujer, tras un buen rato sin aparecer, explicó que quizás cuando terminara de llover podríamos volver a intentarlo.

Tras la cena, nos indicaron -o más bien entendimos porque la cosa no estaba clara- que el señor de la barca había comprobado que esa noche las luciérnagas no iban a salir. Por lo visto, el fuerte viento, la lluvia y los árboles mojados no son de su agrado. Así que nos fuimos a la cama con el pasatiempo de matar unas cuantas cucarachas más que habían aparecido en la habitación. También teníamos un par de geckos en la fiesta inesperada que se había montado en nuestra habitación pero, por desgracia, estos solo cuentan insectos como los mosquitos en su dieta diaria y esas cucarachas eran más grandes que ellos mismos, cola incluida.

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A eso de las 12 de la noche picaron a la puerta. Por un momento pensé que sería el abuelo cucaracho en busca de sus nietos desaparecidos pero resultó ser la señora del hotel. Había venido con su marido y el coche para llevarnos al río para probar fortuna con las luciérnagas.

Era uno de esos días raros a los que no puedes negarte a los designios que nos imponen así que nos volvimos a vestir y salimos con ellos en dirección al gran río Penarik.

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El río Penarik horas antes de la tormenta

Llegamos al río y apagamos las luces del coche. Nos unimos a un pescador bajo la oscura noche. Observamos cómo el río se divide en esa misma zona en dos tramos amplios bordeados por altos y frondosos árboles. Solamente pudimos ver un par de luciérnagas durante el rato que nos apostamos frente al río. Fue una verdadera pena. Viendo el escenario, el amplio río, los árboles y la profunda noche nos imaginamos a miles de luciérnagas parpadeando al unísono y decorando los árboles como si se trataran de centenares árboles de Navidad.

No tuvimos suerte. La naturaleza es así y ese preciso día, ya fuera por el viento, la lluvia, la media luna escondida tras un manto de nubes o la humedad las luciérnagas no hicieron acto de presencia esa noche.

A la vuelta a la habitación matamos tres cucarachas más y otra se escapó debajo de la cama en un lugar inaccesible.

Nedjma tiene fobia a las cucarachas así que para evitar que entraran más o emergieran las que ya habían entrado tomamos la decision de dejar la luz abierta a pesar de pedir a gritos de esta manera que los mosquitos nos vinieran a saludar.

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Tenía una corazonada con Penarik y, ya fuera para bueno o para malo, será una noche que recordaremos. Fuimos a buscar luciérnagas y nos recibieron las cucarachas. Afortunadamente para el planeta y mantener un mínimo de justicia en este mundo, a la naturaleza no se la puede domesticar.

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6 Comentarios
  1. Artchitectours 7 octubre 2013
  2. Quique 7 octubre 2013
  3. David 8 octubre 2013
  4. Avistu 8 octubre 2013
  5. Quique 8 octubre 2013
  6. Quique 8 octubre 2013