Los sindicatos contra Ryanair

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A la hora de plantearse el negocio del transporte de pasajeros por vía aérea, hay dos opciones, una la tradicional, que han seguido hasta ahora las aerolíneas de bandera o ex-estatales y otra la de esa pléyade de compañias que englobamos bajo el concepto de bajo coste (o low cost en su original inglés). Son dos modelos de negocio que sólo repiten en un mercado distinto lo que el consumidor ya ha disfrutado, o padecido, en otros sectores, como el informático (Dell frente a HP, IBM o Compaq), o el de alimentación (Dia, Aldi, Lidl, frente a El Corte Inglés o Marks & Spencer). En europa, línea aérea de bajo coste es sinónimo de Ryanair.

Como vivo en Irlanda no visito mucho la versión española de la web de Ryanair, pero el sábado lo hice, buscando confirmar cierta información que había leído en el periódico (y de la que hablaré esta semana) y me encontré, admito que por casualidad, en la sección de noticias con una que merecía un texto aparte: los sindicatos “alertando” a la administración española contra la aerolínea irlandesa y la respuesta de la misma.

Ni más ni menos que seis organizaciones sindicales (ASETMA, OCTA, SEPLA, SITCPLA, STAVLA y USO-STA), enviaron una carta en Octubre al Ministro de Fomento, con copia a la Secretaría de Estado de la Seguridad Social y al Ministerio de Economía y Hacienda, con una solicitud de medidas a tomar contra la supuesta competencia desleal y las condiciones laborales imperantes en Ryanair.

Con seis firmas en cada página, a lo largo de ocho folios se desgranan una mezcla de opiniones, datos, consideraciones, juicios de valor, sugerencias y una lista de supuestas irregularidades cometidas por Ryanair desde los contratos de trabajo hasta las reservas de combustible de sus aparatos. Como no podía ser menos, la aerolínea no se quedó de brazos cruzados y le envió poco después una carta de respuesta, y protesta, al Ministro de Fomento, con copia entre otros a la Seguridad Social, AENA y al Ministerio de Economía y Hacienda, y firmada por el mismísimo Michael O´Leary.

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Me he leído ambas cartas pero como no soy piloto, experto en derecho comunitario o sindicalista, no voy a juzgar el contenido desde esa perspectiva puesto que carezco de la formación adecuada (pero os dejo el enlace a ambas al final del artículo para que opinéis por vosotros mismos). Sí puedo decir que, como hace años que trabajo en Irlanda, conozco la legislación laboral en lo que me toca y he de decir que, a ese respecto, algunas de las alegaciones de los sindicatos españoles son inexactas cuando no falsas (y a juzgar por el tonillo triunfalista y prepotente, algunos de los comentarios de la respuesta de Ryanair parece que las ha escrito su departamento de Márketing y no el de Asuntos Legales).

Uno, que ha sufrido los ilegales pactos de precios entre Iberia y Spanair en la ruta desde Asturias a Madrid, dió en su momento la bienvenida a EasyJet y su vuelo diario a Londres (Stansted) y lamentó la cancelación de su Oviedo – Madrid, que te dejaba en una hora en la capital de España por poco más de lo que te hubiera costado el trayecto de casi cinco horas con ALSA o RENFE.

De Ryanair hablamos mucho, y generalmente no muy bien, y todos los que embarcamos en sus aviones nos quejamos del trato que recibimos y de cómo nos cobran por casi todo, pero esa compañía y otras como ella nos han abierto Europa a los pasajeros, aunque los de Barcelona se tengan que “bajar” a Reus o Gerona para subirse en sus aviones. Y aunque París o Bruselas estén a una hora en autobús cuando nos bajamos de ellos. La primera vez que volé desde Dublín a Madrid con Aer Lingus me costó 177 euros un billete de ida y vuelta. Hoy puedo hacerlo por la mitad de ese precio con Ryanair.

Desde el punto de vista del consumidor, la compañía irlandesa debería mejorar, y mucho, en lo que respecta a la atención al cliente, las reclamaciones y las devoluciones del precio de billete (a Michael O´Leary no le importa que yo pague un billete y luego no suba al avión: no hay manera de avisarle para poner ese asiento a disposición de otro, y yo recuperar mi dinero, pero él se ha hecho multimillonario y yo sigo dependiendo de una nómina, así que algo sabrá que yo no sé).

Cuando he de volar desde Dublín a cualquier destino europeo, la primera aerolínea en la que pienso es Ryanair y después compruebo quien más vuela allí, a que aeropuerto, y comparo precios, tomando después la decisión que más me interesa según mis circunstancias,

Tengo opciones porque no dependo de una sola línea aérea. Bienvenida sea la competencia.

Ryanair | Web con la carta de los sindicatos y la respuesta de la empresa

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