Lonely Planet:¿caída de un mito?

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Un denominador común de las distintas webs de viajes durante esta semana es el tema del escritor que plagió e inventó guías de Lonely Planet, incluyendo la guía entera de Colombia publicada en el 2006, país que nunca llegó a visitar. Thomas Kohnstamm llegó incluso a aceptar favores sexuales y sobornos a cambio de una crítica favorable de un determinado restaurante, pub u hotel.

Por lo visto en la red, la jugada le ha salido redonda a este campeón. Ha conseguido ser nombrado en casi todos los medios de comunicación y todo el mundo está expectante por ver qué cuenta en su libro Do the travel writers go to hell? (¿Van los escritores de viajes al infierno?) que está a punto de salir. El libro va, sin duda, camino de convertirse en un best-seller nada más publicarse.

En cuanto a la credibilidad que pueda o no perder Lonely Planet, creo que el tiempo me dará la razón si digo que prácticamente nadie se acordará de este incidente cuando, en unas semanas, se vean delante de una de las estanterías plagadas de guías de viaje y vean todos esos libros azules, inmaculados y bien alineados cuyos contenidos cubren casi todo el Planeta y -de forma casi indignante- hipnotizarán al comprador, se amoldarán rápidamente a su mano y le dirigirán camino de la caja registradora.

Sin embargo, algunos recordaremos el episodio cuando llegue el momento de elegir. Porque…¿será un caso aislado en la venerada editorial?. Pues aquí entra el comentario de David Stanley, antiguo escritor de LonelyPlanet y que escribe en su blog southpacifictravel sobre el tema.

David estuvo escribiendo para LP hasta el año 2002, cuando vio que no dejaba suficiente beneficio como para seguir dedicándose a ello. Comenta que: desde que los que publican poseen todos los derechos sobre la obra, ha decaído la motivación para autores que cobran un salario bastante escaso. Para mantener el control total y ahorrar dinero, Lonely Planet -en muchas ocasiones- asigna las actualizaciones de las guías a oficinistas sin experiencia y becarios internos. Les pagan un sueldo bajísimo y a menudo los nuevos escritores acaban recurriendo al plagio.

Muy buena la anécdota propia que incluye Dave. Afirma que sus libros de viaje fueron copiados por Lonely Planet más de una vez y finalmente, hace unos 20 años, el mismísimo Tony Wheeler -co-fundador de LP- le envió una carta para disculparse personalmente por un plagio cometido por un tal Jim Dufresne, que aún escribe para ellos. Dave sintió la tentación de poner una denuncia, pero entonces llegó Tony Wheeler con una oferta: un contrato para hacer la primera edición de Eastern Europe on a Shoestring (Europa del Este con presupuesto limitado) para LP. Stanley consiguió un buen botín ya que por aquellos tiempos LP aún pagaba a sus autores un 10% de los derechos de autor y les cedía el copyright. Hoy por hoy – comenta Dave – la gente que actualiza las guías de Lonely Planet no perciben nada por derechos de autor y ceden todos los derechos a LP, incluso los morales.

Con todo esto, no es una sorpresa que la calidad y fiabilidad de las guías de Lonely Planet sea, cuando menos, discutible.

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