Palacios, castillos y viñedos en Lednice y Valtice, República Checa

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Moravia del Sur es una tierra de diversidades. Quizá sea por su ubicación, cercana a la frontera con Austria y Eslovaquia, países en cuya historia, ineludiblemente, acabó participando y de los que también ha recibido una herencia cultural. Sea como fuere, esa diversidad le hace tener algo que ofrecer a cada viajero.

Las ciudades de Brno y Mikulov son auténticas joyas monumentales, pero no son las únicas. En 1996, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a un área de casi 300 kilómetros cuadrados comprendida entre las poblaciones de Lednice y Valtice.

En esta zona habitaron, durante siglos, los Liechtenstein. Esta poderosa familia centroeuropea – que hoy en día incluso posee un país con su nombre – esculpió la zona a su antojo, creando un complejo natural y artístico que ha merecido reconocimiento a nivel mundial.

Lednice

La escalera de la biblioteca del castillo de Lednice

La escalera de la biblioteca del castillo de Lednice

Este pequeño pueblo fue propiedad de los Liechtenstein entre 1322 y 1945. Tras la Segunda Guerra Mundial y la llegada del Ejército Rojo, esta familia aristócrata de raíces alemanas no fue bienvenida y decidió salir de la zona. Pero su legado quedaría para siempre.

Lednice es, hoy en día, una tranquila villa que vive del turismo y los viñedos. Su mayor atractivo es el castillo.

Castillo de Lednice

Fachada del castillo de Lednice

Fachada del castillo de Lednice

Los Liechtenstein no repararon en gastos cuando se trató de resaltar la grandeza de una de las villas donde tenían residencia. En Lednice no sólo construyeron un castillo con estructura palaciega y jardines de estilo francés, sino que, alrededor de todo esto, crearon un sistema de estanques, bosques y monumentos de estilo inglés que llamaría la atención de toda la aristocracia de la época.

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Llegamos a los jardines del castillo una gris mañana de marzo. A pesar de la ausencia de sol, la piedra de la fachada del edificio principal parecía tomar un tono amarillo brillante. Nuestra guía nos explicaba que su apariencia neo-gótica fue completada entre 1848 y 1858, pero la construcción de todo el complejo llevó nada menos que 200 años, combinando también los estilos barroco y renacentista. Está claro que cuando se tiene dinero y paciencia, se pueden emprender grandes obras.

Consta de ocho alas y cuatro patios, además de unas caballerizas y el invernadero.

Invernadero del castillo de Lednice

Invernadero del castillo de Lednice

Pasamos a su interior y comenzamos la visita en una sala donde una gran lámpara de tres pisos colgaba de un alto techo de madera de tilo. Vimos también algún dormitorio, baños, el salón de baile y un comedor antes de llegar a una biblioteca que aún conserva más de mil valiosos volúmenes antiguos y cuya escalera de caracol es una obra de arte en sí.

Después paseamos por el invernadero, que aún hoy es cuidado por varios jardineros cada día. La temperatura interior era casi tropical y nos sentimos reconfortados al poder descansar un poco del frío del exterior.

Tras la visita al interior, nos dirigimos a la zona de estanques y bosques de estilo inglés.

El Minarete

El Minarete

El Minarete

En esta vasta extensión de terreno verde, los Liechtenstein mandaron construir varias excentricidades, como un Templo de Apolo y otro dedicado a las Tres Gracias. Sin embargo, el monumento que resalta desde casi cualquier lugar es el Minarete. Sobresale del verde prado hasta alcanzar una altura de casi 60 metros. Fue erigido entre 1798 y 1804 y en su momento causó una gran conmoción entre la población, cristiana hasta la médula.

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Haz un poco de ejercicio y sube los 302 escalones de la escalera de caracol que lleva hasta un punto de observación desde el que podrás disfrutar de unas vistas impresionantes, no sólo del complejo sino también de las montañas de alrededor.

El lugar es ideal para pasar un bello día de primavera o verano, con el sol luciendo y tiñendo todo de colores vivos. Como no era el caso, nos ajustamos abrigos, guantes y gorros y pusimos rumbo al vecino pueblo de Valtice.

Valtice

Un camino de 7 km de largo conecta Lednice con Valtice. Esta población tiene un aura algo más melancólica que Lednice y el viajero llega atraido por su fantástico palacio de principios del XVIII y su tradición vitivinícola.

El Palacio de Valtice

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Fue ideado por el arquitecto Johann Bernhard Fischer von Erlach como encargo del príncipe de Liechtenstein y está considerado como una de las perlas del barroco de la Europa Central.

El palacio está rodeado por un jardín inglés que contiene el Templo de Diana y algunas otras estructuras neoclásicas. Los miembros de la familia Liechtenstein se rodearon de una cantidad de lujo sólo comparable a los de la Corte Imperial de Viena.

Recorrimos sus jardines exteriores pero no tuvimos tiempo de visitar su jardín herbolario ni el Museo de la Tortura. En lugar de ello, y dada la importancia del vino en el lugar, decidimos visitar el Salón Nacional del Vino de la República Checa, cuya sede se encuentra en los pasadizos del palacio.

El Vino de Valtice y Moravia del Sur

El interior del Salón Nacional del Vino

El interior del Salón Nacional del Vino

La región de Moravia del Sur produce el 97% del vino que se elabora en toda la República Checa.

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La fuerte tradición vitivinícola de la zona encuentra su origen en los tiempos del rey Juan de Luxemburgo, quien, en 1325, ordenó que no se consumiese en Brno, desde la cosecha de la uva hasta Semana Santa, ningún vino procedente de Austria. Para asegurarse de ello, mandó a los mejores enólogos del país a las puertas de la ciudad y les hacía probar cada barril de vino que querían entrar los comerciantes. Sólo dejarían pasar en la ciudad aquellos que contuvieran vino autóctono.

El vino de Moravia del Sur ya tenía, por aquellas fechas, un carácter distintivo que ha preservado hasta nuestros días.

En los alrededores de Valnice existen viñedos de los que se obtiene un vino blanco de un nivel excelente, siendo los tintos y rosados también más que aceptables.

Puedes aprender todo lo necesario sobre tipos de uva y procesos de elaboración de la zona acudiendo al Salón Nacional del Vino, en el palacio de Valnice. Nosotros realizamos una cata a un precio más que asequible.

Con el presidente emérito de la República de Kraví Hora

Con el presidente emérito de la República de Kraví Hora

Como extra del viaje, te recomiendo que visites el curioso “pueblo-República” de Kraví Hora. Estas dos o tres calles de casas bajas ocultan pequeñas bodegas privadas en su interior. Los vecinos se han montado un auténtico tinglado nacionalista y tienen un presidente electo, Constitución, himno, aduana, monedas, pasaporte, sedes ministeriales e incluso embajadas en sus calles.

Pásate a conocer al presidente en su propia casa. Seguro te invita a un buen vino. Y si no, ¡siempre puedes pagarlo en su propia moneda! Kraví Hora es uno de los lugares más curiosos que vi en mis viajes.

 

 

 

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