Visita a la Isla de La Graciosa en Lanzarote

La mejor forma de descubrir La Graciosa es en bici

La mejor forma de descubrir La Graciosa es en bici

La isla de La Graciosa en Lanzarote es una de esas joyas ocultas que aún tienen el encanto de paraíso relativamente virgen. Con una población que ronda los 600 habitantes, distribuidos en dos pequeñas poblaciones (Caleta de Sebo y Casas de Pedro Barba), casi la totalidad de los 29 kilómetros cuadrados de superficie anclados a las profundidades del Océano Atlántico es un paraje natural precioso.

De hecho, toda la isla -menos los pueblos- forman parte del Patrimonio del Estado.

En mi primera visita a la isla de Lanzarote ni siquiera oí mencionar el nombre de La Graciosa, pero esta vez no dejé pasar la oportunidad de vagar por sus sendas de tierra y piedras.

Aunque hay un pequeño helipuerto, la manera más común de llegar a La Graciosa es con el ferry que parte del puerto insular de Órzola.

Nosotros estábamos pasando una semana fantástica en una escuela de surf situada en una de las mejores playas de Lanzarote: Caleta de Famara. Desde allí partimos bajo un Sol que auguraba un día espectacular en la isla.

Una de las pequeñas montañas de forma volcánica de La Graciosa

Una de las pequeñas montañas de forma volcánica de La Graciosa

Nos subimos a nuestro Seat León alquilado sólo para mirar el reloj y comprobar que, una vez más, íbamos con el tiempo justo para coger el ferry de las 12. Ya se sabe lo que cuesta madrugar en vacaciones, y más si las estás pasando en un lugar como Famara, donde la civilización escasea tanto como la gente con preocupaciones.

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Carlos Sainz habría estado orgulloso de los tiempos que marqué en nuestro recorrido hasta la punta Noreste de la isla de Lanzarote. Los aplausos se convirtieron en ovación cerrada cuando uno de los radares de la Guardia Civil me hicieron la foto-finish por la que después me cobraron 50 euros (¡Viva el descuento por pronto pago!).

Yo, que soy un conductor prudente y tranquilo, experimenté aún mayor decepción cuando llegamos al muelle a la carrera sólo para ver cómo se marchaba nuestro barco. Ana me miró, yo le miré… Y cuando vio mi cara de decepción me animó como sólo ella sabe hacerlo.

Tras pasar un rato por la playa cercana a Órzola, tomamos el ferry de las 13.30.

El precio por billete de ida y vuelta es de 20 Euros por adulto y 11 por niño (11 y 7 respectivamente para los billetes sólo de ida). Los residentes canarios pagan la mitad. Podéis comprarlos en el mismo muelle y las dos compañías disponibles tienen embarcaciones similares e igual tarifa.

Aparcamiento para bicis de la playa de las Conchas

Aparcamiento para bicis de la playa de las Conchas

Tengo que decir que me parece un poco excesivo para un trayecto que no llega a los 25 minutos. Pero bueno, se me pasó el pequeño cabreo cuando desembarcamos en el puerto de Caleta de Sebo.

Allí alquilamos unas bicicletas por 7 euros para todo el día.

La mejor manera de disfrutar de la Isla de La Graciosa es montado en una bici. De eso no hay duda. Los caminos son de tierra, piedra y arena y los únicos vehículos que podéis encontrar como compañeros de ruta son los 4×4 de las agencias autorizadas a organizar tours en la isla. Y son muy pocos.

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Al haber llegado tan tarde, cogimos nuestras bicis y el plano que nos facilitaron en la tienda de alquiler y, rápidamente, pusimos rumbo noreste hacia la famosa Playa de las Conchas.

El terreno es bastante llano y, superadas unas pequeñas pendientes iniciales, lo demás consiste simplemente en dejarse llevar y disfrutar de la soledad del paisaje. Pasamos entre dos pequeñas montañas y algunos pequeños senderos -sin llegar a ser caminos- se derramaban del principal hacia pequeñas playas de roca o arena.

La playa de Las Conchas

La playa de Las Conchas

Sentimos la tentación de seguir alguno de ellos pero está señalizado con un “prohibido bicicletas” así que seguimos nuestra senda. Si vais a pie y, sobre todo, con tiempo, os aconsejo que os perdáis por todos esas calas secundarias donde el mar bate las rocas sin descanso en una batalla sin testigos. La mayor parte del tiempo seréis los únicos espectadores.

Cuando recorrimos los casi 6 kilómetros hasta las Conchas encontramos un aparcamiento -hecho de madera- para las bicicletas. Encajamos las ruedas y enfilamos las dunas que bajaban del camino a la playa.

Tras caminar unos metros consigues tener una buena vista panorámica de la playa. Los dos nos quedamos con la boca abierta.

El Atlántico estaba algo embravecido y su color era azul oscuro, intenso. La playa era una mezcla de dunas, arbustos y arena en la que se vislumbraban fácilmente las marcas dejada por la marea a las distintas horas del día. Todo esto aderezado con una colina de color rojizo a nuestra espalda y un par de islotes de abruptas piedras en
frente.

Tan sólo un par de parejas más nos acompañaban a esa hora del día.

Uno de los pocos vehículos 4x4 que circulan por la isla

Uno de los pocos vehículos 4×4 que circulan por la isla

Montamos nuestro pequeño pinnic a una distancia prudencial de la orilla porque las olas que se forman tienen una gran fuerza y te puedes ver sorprendido. La bandera roja ondea todos los días del año y debéis tener mucho cuidado si vais con niños.

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Nos quedamos allí, disfrutando de nuestra soledad, durante un buen rato. No teníamos tiempo para visitar el resto de playas de la isla sin tener que pedalear como posesos para permanecer en ellas unos minutos. Así que decidimos hacer de la Playa de las Conchas nuestro hogar imaginario por un día.

Pero no sólo la superficie de La Graciosa es digna de visitar. Se organizan excursiones para el buceo en las aguas que la rodean.

Las vistas desde el ferry a nuestro regreso

Las vistas desde el ferry a nuestro regreso

Cerca de las cuatro de la tarde iniciamos el regreso con nuestras bicis. El último barco en invierno sale hacia Órzola a las 5 de la tarde.

Llegamos a Caleta de Sebo con tiempo suficiente para tomarnos un helado sentados en un bajo muro de piedra que daba al pequeño puerto pesquero. La pesca y el turismo es el medio de subsistencia de los habitantes de esa roca paradisíaca.

El atardecer desde la cubierta del ferry fue otra de las cosas que hizo que fuera nuestra mejor excursión en toda la semana.

Un lugar que no puedes perderte si estás en Lanzarote. Os recomiendo encarecidamente que os quedéis unos días -hay apartamentos y hostales- y disfrutéis de La Graciosa al ritmo que se merece. Nosotros pensamos hacerlo en el futuro.

Sin ningún aumento de precio te facilitamos la reserva de tu viaje:

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7 Comentarios
  1. Roberto 29 mayo 2014
  2. M Lourdes 9 agosto 2014
  3. Gala 15 septiembre 2014
  4. Francesca 9 febrero 2015
  5. Manuel 24 junio 2015
  6. Rubén ClickFerry 26 enero 2016
  7. David 26 enero 2016

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