Bajando la pedrera del Pedraforca

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Vistas a la montaña del Pedraforca

Probablemente el Pedraforca en la comarca de Berga sea la montaña más fotogénica que conozco del Pirineo catalán. Sus dos imponentes cimas sesgadas por la visible pedrera desde larga distancia hacen de esta montaña una de las más emblemáticas de la cordillera.

Uno de los mejores miradores para contemplar la silueta del Pedraforca se encuentra en Montgrony pero lo más recomendable es realizar la vía tradicional para atacar su cima y disfrutar o sufrir bajando su famosa pedrera.

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En la cima del Pedraforca

Esa pedrera que algunos adoran y otros la odian…

La ascensión es especialista en formar a futuros escaladores en potencia ya que no entrama riesgos, se puede realizar sin el uso de cuerdas y da esa sensación aérea que tanto engancha.

Una vez se ha ascendido al pico (2.506 metros) se atraviesa la Enforcadura y ante nosotros se extiende de manera considerablemente vertical una larga pedrera que nos llevará hasta el refugio de Estasen.

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A punto del descenso por la pedrera del Pedraforca

Es una de esas bajadas trepidantes en la que tienes dos opciones: bajar a toda leche apoyando los talones o sentarte de culo y pasarlas canutas. Por supuesto, la mejor opción es perder el miedo e ir a por todas y disfrutar como si uno fuera una cabra montesa saltando sobre las innumerables piedras. Aunque esa habilidad requiere un cierto entreno, unas buenas piernas y olvidar el miedo a posibles fracturas.

Si uno tiene la mala suerte de torcerse un tobillo a medio camino como le ocurrió a una buena amiga, la bajada será dura y larga, para ella y para sus acompañantes.

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En esa ocasión, para sacarla de la pedrera nos costó unas cuatro horas y tres iboprufenos. Paciencia, buen humor y más paciencia.

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Bajando a un herido por la tartera del Pedraforca

Eso sí, una vez conseguimos llegar al coche empezamos un segundo descenso; en este caso a través de nuestro aparato digestivo. Nos dirigimos al restaurante Els Roures en la localidad de Espinalbet (Carretera Rasos, kilómetro 4) donde nos pegamos un auténtico festín con sus platos más típicos: Patates emmascarades, plat del dimoni y carne a la brasa.

Antes existía otro lugar mítico que cerró sus puertas hace unos años y que añoró con cariño: Cala Lola. Una pequeña choza en Saldes donde sus amos preparaban un riquísimo embutido. Te sentaban en cajas de patatas, sacaban el pan y los embutidos y la señora Lola aparecía con un porrón de vino cuyo agujero era casi del tamaño del dedo meñique y gritaba: “¡Aquest ví es molt puta!”. Por apenas 500 pesetas comías de maravilla -hablo de los añorados años 90- al aire libre y con vistas al Pedraforca.

Sin duda, era la mejor manera de finalizar un estupendo trekking por el Pedraforca. Si alguien sabe que fue de la gran Lola y su marido sería bueno que nos lo comentara.

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6 Comentarios
  1. Joan 13 noviembre 2013
  2. Francisco Javier Garcia Orts 14 noviembre 2013
  3. Quique 14 noviembre 2013
  4. Quique 14 noviembre 2013
  5. Sandra 18 noviembre 2013
  6. Quique 18 noviembre 2013