Una de las visitas que más me sorprendió en mi viaje a Roma, fue sin duda la visita a la cripta capuchina en la iglesia de Santa María de la Inmaculada Concepción.
Nos llevó un amigo que vive en Roma sin decirnos antes qué tipo de lugar íbamos a visitar. Íbamos completamente a las ciegas y tras tomarnos un riquísimo helado nos llevó a la iglesia en la vía Veneto tras estacionarnos en la parada de metro de Barberini. Una vez en la entrada de la cripta, un monje nos indicó que las fotografías estaban prohibidas y observamos que la entrada era gratuita aunque esperan una donación.
Entramos en la cripta. En su interior nos esperaban centenares de huesos, calaveras y todo el set de anatomía para convertirse en el mejor traumatólogo especialista en huesos.
Uno circula por un pasillo y delante suyo puede observar toda una serie de celdas donde decenas de cráneos y huesos humanos de todo tipo adornan la habitación. Verdaderamente no causa pavor pero el hecho de imaginarse a un monje descuartizando y posteriormente colocando a conciencia cada uno de los huesos da escalofríos.
Pocos turistas encontraréis en el lugar y ni se os ocurra sacar la cámara para fotografiar. Existen postales en la entrada por si queréis llevaros un recuerdo visual.
Si queréis más información sobre los capuchinos y las horas de visita, podéis hacerlo a través de la página de los Capuchinos de Roma


