Introducción a Viajar a Kurdistán, el otro Iraq

¿Vientos de cambio para Kurdistan? Feria sobre el Nuevo Iraq en Erbil

¿Vientos de cambio para Kurdistan? Feria sobre el Nuevo Iraq en Erbil (c) Avistu

Kurdistán es “la tierra de los kurdos”, un pueblo maldito que se reparte entre Iraq, Irán, Siria y Turquía (si, incluye tres de los países más conflictivos del mundo). Y los kurdos son gente hospitalaria, amable y de corazón generoso que podrían haber tenido un país propio tras la Primera Guerra Mundial si el padre de la moderna Turquía, Kemal Atatürk, no lo hubiera impedido por las armas.

Kurdistán no existe para los turcos. Conforme el autobús se acerca al pueblo de Silopi, el más cercano a la frontera de Habur/Ibrahim Khalil con Iraq, el número de torres de vigilancia que se divisan desde la ventanilla va aumentando y no es raro observar vehículos militares.

Desde la caída del Imperio Otomano varios levantamientos populares, brutalmente reprimidos, han manchado Anatolia con la sangre de decenas de miles de kurdos y turcos, ante la pasividad o el desconocimiento internacionales (entre 1925 y 1965 los extranjeros tenían vetado el acceso a la zona por las autoridades militares).

En estas montañas, a la sangre se responde con la sangre. El PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) añadió ideología a la lucha nacional y la guerra de guerrillas y los actos terroristas se multiplicaron. Ni el Estado ni quienes le combaten han conseguido inclinar la balanza en ningún sentido.

Charlando en una calle de Sulaymaniyah, Kurdistan, Iraq

Charlando en una calle de Sulaymaniyah, Kurdistan, Iraq (c) Avistu

Hoy existe un pequeño Kurdistán reconocido internacionalmente y que se está abriendo lentamente a las visitas de turistas, una región semi-autónoma al norte de Iraq compuesta por las provincias de Erbil, Sulaymaniyah y Duhok. Es tan semi-autónoma que el visado que expide el KRG (el Gobierno de la Región de Kurdistán) para visitarlo es diferente al del resto de Iraq y sólo sirve dentro de su zona de influencia.

Cuando después de un duro regateo llegué en taxi compartido a Ibrahim Khalil/Habur, le indiqué al guardia fronterizo que mi destino era Iraq. Una mentira aplastantemente obvia que quien la pronuncia y quien la escucha aceptan por razones políticas.

No hay turismo en Kurdistán”, me dijo el oficial kurdo de aduanas cuando le entregué mi pasaporte, tras cruzar la tierra de nadie que aquí todos quieren.

Conociendo un poco de la historia del pueblo kurdo dentro de las fronteras de Iraq parecía difícil no darle la razón.

Museo Prisión Amna Suraka, Kurdistán, Irak

Museo Prisión Amna Suraka, Kurdistán, Irak (c) Avistu

El Ejército de Saddam Hussein perpetró multitud de masacres contra el pueblo kurdo (una de las más conocidas es la de Halabja, con armas químicas), especialmente durante la larga y sangrienta guerra contra Irán en los años 80. El error de invadir Kuwait lo pagó Iraq con, además de una derrota y un embargo internacional, la declaración de una Zona de Exclusión Aérea sobre el norte de Iraq.

El hecho de que cualquier aeronave iraquí pudiera ser derribada, limitó las acciones anti-kurdas al uso de medios terrestres y eso supuso un balón de oxígeno para los combatientes kurdos y una existencia semi-independiente del régimen de Bagdad. La caída del partido único de Iraq y el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, señalaron oficialmente una nueva era para Kurdistán.

No todo el mundo lo sabe. En la sala de espera del edificio de aduanas del KRG yo era el único occidental que tomaba un té mientras esperaba a que me sellaran el pasaporte. También fui el único occidental en la parada de taxis compartidos, el mismo sistema en que crucé la frontera, que buscaba una plaza libre en un vehículo con destino Dohuk, a poco menos de dos horas de allí.

La moderna ciudad desde la vieja ciudad de Erbil, Kurdistan, Iraq

La moderna ciudad desde la vieja ciudad de Erbil, Kurdistan, Iraq (c) Avistu

Y, sin embargo, nunca ha habido un solo atentado contra occidentales en la zona controlada por el KRG. La zona es tan segura que se convirtió en lugar de descanso para los soldados aliados destinados más al sur, en el Iraq árabe que a duras penas y de lego, que no de facto, se gobierna desde Bagdad.

Es más, en Dohuk tuve problemas para encontrar alojamiento (pregunté en media docena de pensiones y hoteles hasta encontrar una habitación en un alojamiento de 4 estrellas, el Khani Hotel) porque eran días festivos en Iraq y Kurdistán se había llenado de gente de vacaciones.

La seguridad absoluta no existe en ninguna parte. Como en cualquier otro país hay que saber cómo y por dónde moverse. Lo que en España pueden ser barrios peligrosos aquí son ciudades, concretamente Kirkurk y Mosul. Aunque están en territorio del KRG, este no los controla y han de ser evitadas pues los islamistas más fanáticos se han hecho fuertes allí. El aviso hay que tomarlo en serio. Durante mi viaje por Kurdistán (Julio del 2010) un coche bomba estalló en Mosul.

Los taxistas saben que tienen que evitarlas y, aunque eso suponga dar un rodeo, no pasarás cerca de ellas.

Niño vendedor de bebidas frías en Sulaymaniyah, Kurdistan, Iraq

Niño vendedor de bebidas frías en Sulaymaniyah, Kurdistan, Iraq (c) Avistu

Aparte del atractivo de ser un “país” al que no va casi nadie (si, eso es para mí algo que me impulsó a visitarlo), en Kurdistán podemos encontrar la ciudadela de Erbil, que con más de 8.000 años a sus espaldas es (más bien era) uno de los asentamientos humanos habitados sin interrupción más antiguos del mundo. En la misma ciudad, el bazar Qaysari es el mercado tradicional para los kurdos.

Las paredes de la prisión de Amna Suraka, la Prisión Roja, en Sulamainiyah han enmudecido los ecos de incontables gritos. Aquí las fuerzas de seguridad de Saddam Hussein torturaron y ejecutaron a kurdos, rebeldes o no, durante décadas. Las decenas de agujeros de bala en lo que hoy es un museo son testigo de la tenacidad con que fue atacada y conquistada por los kurdos.

Al sur del Kurdistán se encuentra Halabja, donde un museo (con fotografías, vídeos y testimonios explícitos) y un cementerio, son los testigos inanimados de la tragedia (con nombre y apellidos, Alí Hussein, “El Químico”) que segó más de 5.000 vidas en 1988.

Observando revistas en Sulaymaniyah, Kurdistan, Iraq

Observando revistas en Sulaymaniyah, Kurdistan, Iraq (c) Avistu

Pero lo más interesante de Kurdistán son sus gentes y la oportunidad de relacionarse con personas que, de religión mayoritariamente musulmana, han visto emigrar a otras tierras a los familiares y amigos que habían sobrevivido a las torturas y asesinatos de Saddam Hussein.

Gentes que te ofrecen su ayuda sin pedir nada a cambio. Que te llevan en su coche durante horas cuando te has quedado sin transporte o que te invitan a su casa a tomar un té y unos aperitivos. Personas que te miran con la misma tímida curiosidad con la que tú visitas su país.

“El otro Iraq”, como se autodefine en la escena turística internacional, es la zona más tranquila y segura (excepto en Mosul y Kirkurk) de uno de los puntos más calientes, en términos de violencia, del planeta. Y si buscas un destino poco visitado pero interesante, aquí te encontrarás con que te recibe uno de los pueblos más amables del mundo.

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Introducción a Viajar a Kurdistán, el otro Iraq
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11 Comentarios
  1. Devjani 6 noviembre 2013
  2. Avistu 7 noviembre 2013
  3. Devjani 8 noviembre 2013
  4. Xavier 25 marzo 2014
  5. Avistu 25 marzo 2014
  6. Lourdes 24 agosto 2015
  7. Maja 4 febrero 2016
  8. kattia 1 abril 2016
  9. Avistu 5 abril 2016
  10. ismat 23 junio 2016