INDIA (4) El timo del taxista en la India


Llevamos más de 20 minutos en el taxi y la zona por la que circulamos no me parece ni de lejos el Barrio de Paharganj, en la Old City de Delhi. Pese no haber estado nunca allí anteriormente, algo me dice que esta zona oscura, medio en obras, y desanimada no puede ser el Barrio Antiguo lleno de bazares y restaurantes del que tanto nos ha hablado Nicole, nuestra amiga, y donde supuestamente tenemos que encontrarnos con ella mañana por la tarde.

El taxista nos comenta que anda un poco perdido, pues él no es el propietario del vehículo. Nos comenta que el taxi pertenece a uno de sus hermanos, que se ha puesto enfermo, de forma que él le esta cubriendo la noche de servicio. Nos resulta un poco extraño, pero no le damos demasiada importancia. Probablemente es algo normal en este lugar del que tan poco o, mejor nada, conocemos.

Se detiene en una supuesta agencia turística para preguntar. Esperamos en el interior del vehículo, extrañados. El chico regresa con malas noticias; el hotel en el que tenemos planeado alojarnos está lleno, no tienen habitación para nosotros. De todas formas dice conocer un lugar en el que seguro nos podemos hospedar.

Mientras conduce hacia tal hotel, Roisin y yo nos miramos sorprendidos y decidimos comprobar por nosotros mismos tal información. Le digo al taxista que quiero hablar con el Hotel en cuestión, de forma que, una vez llegamos al hotel alternativa propuesto por él, lo primero que hago es pedir el teléfono para hacer una llamada. Roisin, mientras tanto, se queda en el vehículo cuidando de las mochilas. Empezamos a desconfiar.

No me dejan marcar el numero, pues dicen que hay unos prefijos que deben ser marcados por ellos. Hablo con alguien que me confirma que ‘mi’ hotel está lleno. El taxista y los encargados del ‘hotel alternativa’ insisten en que nos alojemos allí, por el módico precio de 650 rupias, unos 11 euros al cambio. El hotel en el que supuestamente debiamos alojarnos cuesta tan solo 250 rupias, menos de la mitad.

Vuelvo al vehículo y le cuento a Roisin lo sucedido, la llamada, la conversación, la oferta. Ella insiste en que debemos ir a nuestro hotel, pues allí debemos encontrarnos con Nicole. Está convencida de que aquí hay gato encerrado.

Vuelvo al hotel de nuevo, y les doy el veredicto; no aceptamos su oferta, queremos ir a nuestro hotel, y si es necesario, esperaremos en recepción a que amanezca y nos encontraremos allí con nuestra amiga. El encargado, enfadado, me cobra 20 rupias por la llamada. El taxista, resignado, vuelve conmigo al taxi, donde espera Roisin.

Nos disponemos a poner el vehículo de nuevo en marcha, y sorpresa, el taxi no arranca. Ya enfadado, le digo al taxista que me deje probar a mí, pero no hay forma de arrancarlo. Roisin sale del vehículo, sacamos las mochilas, y enviamos al taxista a tomar viento.

Son pasadas la 1 de la madrugada. Todo está oscuro. Unos cuantos curiosos se acercan al oír la discusión. Alguna vaca merodea por el lugar. Sólo llevamos unos minutos en este nuevo país, y ya estamos metidos en un lío.

De repente se acerca otro taxi. Lo detenemos, nos montamos, y le pedimos que nos lleve a Paharganj. El taxista, sin problema, nos traslada de zona y la luz reaparece, estamos en la Old City.Por calles increíblemente estrechas llegamos hasta la puerta de nuestro hotel.
Mostramos nuestros pasaportes, nos registramos y nos entregan la llave de nuestra habitación.

Por curiosidad les pregunto, y como era de esperar, no habían recibido ninguna llamada en el transcurso de la última hora.

Todo había sido un montaje entre el taxista, la ficticia agencia turística, y los encargados de aquél hotel en tierra de nadie, que se habían compinchado para sacarles unas buenas rupias a unos turistas recién llegados a India.

No les había funcionado, pero para nosotros había sido una experiencia que no olvidaríamos jamás.

Lección aprendida; ojos bien abiertos, y no te fíes de nadie.

Y recuerda, cuando llegues a un nuevo lugar y necesites un taxi, no le digas que es tu primera vez, o te convertirás en la víctima perfecta.

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