INDIA (19) Sunauli: La frontera entre India y Nepal

Imagen, muahebkk

Llegar hasta Nepal fue otra odisea, esta vez bastante divertida todo hay que decir.

Desde Varanasi nos montamos en un autocar que tras unas cuantas horas nos dejó en Sunauli, un pequeño pueblo que hace las veces de frontera entre India y Nepal.

Llegamos a Sunali de madrugada. Acababa de amanecer. El vehículo iba medio vacío. Dormíamos profundamente cuando nos dimos cuenta de que parábamos. Habíamos llegado a nuestro destino.

Lo que sucedió a continuación no fue más que otro detalle para reafirmar la idea del tipo de lugar en el que nos encontrábamos; India.

El autocar se detiene e inmediatamente, lo primero que pude ver fue una multitud de bici-rickshaws esperando impacientemente nuestra llegada. Automáticamente, un par de ellos, ni cortos ni perezosos, se lanzan hacia una de las ventanas que estaba medio abierta para introducirse en el vehículo. La guerra por conseguir un ‘cliente’ acababa de comenzar.

Róisín y yo no nos lo podíamos creer. Salimos del autobús como pudimos, haciéndonos camino entre la multitud de ‘ciclistas’, intentando recoger nuestras mochilas. Entonces empezaron las negociaciones.

La cuestión es que desde el punto donde aparcan los autocares hasta la frontera hay uno distancia considerable. No es una distancia exagerada, pero teniendo en cuenta que cargas con la pesada mochila, no está de más que te lleven. A eso hay que sumarle que no tienes ni idea del procedimiento que hay que seguir para entrar en Nepal, y los taxi-ciclistas sí, por lo que no sólo hacen de taxistas, sino que también hacen de guías improvisados. La batalla que libran los tipos por apoderarse del cliente te rompe el corazón, porque sólo uno la puede ganar y, todos ellos, desde el primero al último, necesitan tu dinero.

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Es una situación que provoca un sentimiento de contradicción en tu conciencia. Por una parte te quieres revelar ante el agobiante acoso de esta pobre gente, y por otra parte puedes sentir parte de la realidad de sus difíciles vidas. Es un sentimiento que me acompañó constantemente mientras viajé por este fascinante país del que es imposible sentirse indiferente.

Una vez montados en el bici-rickshaw del afortunado ciclista, llegó la siguiente situación curiosa; la frontera.

Había que poner el sello de salida del país en el pasaporte, así que el primer paso era pasarse por la oficina de inmigración India. La puerta estaba cerrada. Era muy temprano. Pero de repente distinguimos, en frente de la puerta, una mesa cubierta por una mosquitera que colgaba de un pequeño techo que la cubría. En el interior, una persona durmiendo. Nuestro intrépido guía se bajó de la bicicleta y se acercó hasta allí y despertó al hombre que estaba durmiendo. Este se incorporó, abrió la puerta del despacho, entramos todos juntos, selló los pasaportes, y volvió a su dormitorio. Volvimos a la bicicleta donde habíamos dejado las mochilas. El ciclista levantó la barrera mientras intentaba empujar la bicicleta, así que nos bajamos para que pesara menos y me puse a empujar desde la parte trasera del vehículo.

Menudo recibimiento. Impresionante la logística y la seguridad en la frontera de la India y Nepal. Increíble pero cierto: nos vimos empujando una bicicleta cargada con nuestras mochilas mientras un hindú levantaba a duras penas la barrera fronteriza para internarnos en el reino de Nepal.

Una vez en tierra nepalí había que ir de nuevo a la oficina de inmigración para sellar el pasaporte. Esta vez no hubo que despertar a nadie, por suerte acababan de abrir, así que sin ningún problema nos estamparon el visado para permanecer en Nepal durante 90 días.

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El siguiente paso fue llegar hasta la estación de autobuses (un descampado). Nos despedimos de nuestro ‘ciclista-guía-taxista’, le pagamos, y le dimos las gracias por su inestimable ayuda. Compramos el billete y nos subimos en el vehículo que nos llevaría hasta nuestro siguiente destino, Katmandú, la capital de Nepal.

Esta es la historia de nuestra salida de India para llegar al país de las montañas más altas del mundo. Otra vez más solamente os puedo decir: This is India, love it or leave it! (Esto es India, ámala o mejor que te largues)

A ver que nos depara Nepal. Un país que nos llama mucho la atención… ya os contaré.

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