INDIA (17) Varanasi y el Ganges: Un contraste cultural


Cuando uno se acerca a orillas del Ganges (o del Ganga, tal y como le llaman los locales) entiende por qué es considerado el río sagrado de India por excelencia. Y es que la cantidad de mierda, y perdón por la expresión, que va a parar en este río no tiene nombre.

El hostal en el que nos hospedamos está relativamente cerca de uno de los principales crematorios, así que en más de una ocasión durante nuestra estancia en Varanasi fuimos a echar un vistazo. Lo que vieron nuestros ojos fue algo imposible de olvidar.Por un lado se encuentran los encargados de la barbacoa humana quemando cadáveres a diestro y siniestro… ¿los restos? al río.

A pocos metros, unas cuantas vacas dándose un bañito. A su lado, algunas señoras haciendo la colada. Mientras, los señores se pegan una ‘ducha’ con su pastilla de jabón incluída (la pregunta es, ¿para qué?)

¡Ah! y por supuesto, unos cuantos niños chapoteando y buceando entre vaca y vaca… cómo iban a desaprovechar semejante piscina!

No me lo podía creer. Nunca había visto semejante guarrada.

Y quiero reiterar el profundo respeto que tengo por esta gente, sus creencias y por su forma de vida.


El motivo por el que insisto en remarcar las sensaciones que me produjeron tal espectáculo es el de contestar a dos preguntas que desde que llegué a este país me persiguen continuamente:

1- El por qué del shock cultural que uno recibe al viajar por India. Las diferencias son tan abismales que no lo podemos evitar.

2- ¿Qué haría esta pobre gente sin el río? ¡Con razón es sagrado!

Así que nos fuimos a dar un paseo en barco por el Ganga.Por unas cuantas rupias hay unos tipos en los crematorios que te llevan a dar una vuelta con su barca río arriba y río abajo. Y estando de crucero fue cuando ya vi lo último que me faltaba por ver, lo nunca visto, algo que me hizo confirmar que India, y sobre todo sus ‘indios’ están hechos de otra pasta!

Dos hombres, diría yo que más cerca de los cuarenta que de los treinta, nos llevaban en su barca. Cuando nos subíamos a la embarcación vi que uno de ellos agarraba un recipiente, algo parecido a un botijo metálico. “Será para coger un poco de ‘agua sagrada’ para bendecir su casa” pensé. A mitad de trayecto, en el cuál nos cruzamos con restos de cadáveres, fascinado por la putrefacción del río, mis ojos vieron ‘el no va más’.

El tipo que estaba en frente mío, aprovechando que no le tocaba remar a él, agarró el recipiente metálico del que os hablaba, se acercó al borde de la barca, lo llenó de agua sagrada, ¡y se la bebió!

No os contaré nada más amigos. Tan sólo diré This is India, love it, or leave it! como dicen ellos. ¡Esto es India, ámala o lárgate!

¡Y yo la amo! aunque la abondonaré temporalmente por unas semanas… nos vamos a Nepal. Después de meditarlo bien, y pese a las informaciones que nos llegan de continuos altercados entre militares y maoístas, hemos decidido que tal vez nunca estaremos tan cerca de la cordillera Himalaya como lo estamos ahora, así que, la aventura es la aventura.

Próxima parada: Katmandú.

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