INDIA (11) Manikaran, las aguas termales.


Pues estamos otra vez en Kasol, tras pasar unos curiosos aunque relajantes días en esa pequeña aldea perdida en las montañas llamada Pulga.

Fue el cumplaños de Nicole, así que lo celebramos con una cena, cortesía de la casa, en el restaurante de nuestro amigo Didoo; una botella de whisky comprada e introducida en el restaurante clandestinamente, y cómo no, unos cuantos chillums.

Lo de la clandestinidad que se gasta por estas tierras es un poco de andar por casa. En algunas tiendas de los alrededores, venden botellas de whisky y demás brevajes prohibidos por la religión del lugar, así que lo que hacen es envolverlas en una página de periódico (con la forma de la botella totalmente visible y perceptible), y problema resuelto. Una vez en los bares o restaurantes, los encargados se limitan a hacerse el loco y a mirar hacia otro lado, de forma que tú puedes disfrutar de tu bebida, siempre y cuando almuerces, cenes, o consumas de alguna forma en su negocio.

En fin, que allí donde fueres haz lo que vieres, así que botellón de whisky en el restaurante de Didoo, y a disfrutar de una fantástica velada.

A la mañana siguiente, antes de despedirnos de Nicole y emprender nuestro viaje hacia Rishikesh, decidimos acercarnos a Manikaran y darnos un bañito en sus famosas aguas termales, que al parecer, lo curan todo.

Manikaran significa ‘joya de la oreja’, traducido del sánscrito. Según la leyenda local, una serpiente gigante tomó los pendientes de Parvati mientras ésta se daba un baño. La serpiente inhaló dichos pendientes por la nariz, creando espacios por los que vertiría aguas termales para siempre.
Curiosa la historia de Manikaran, y espectaculares los 20 minutos que pasamos en sus aguas termales. Un regalo más de nuestra estimada y mágica India.

Ahora sí, llegó el momento de despedirse de Nicole y, junto a Roisin, emprender rumbo hacia Rishikesh.

Foto, tribuneindia

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