Impresiones finales sobre China

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Cuando por primera vez incluimos China en nuestros planes de viaje como alternativa a Japón pensé que era jugar a una carta totalmente desconocida que podría salir de cualquier manera.

No conocía el país y tampoco a mucha gente que hubiese estado viajando por allí. Un par de amigos de Dublín me dieron expectativas bastante optimistas pero siempre queda en tu cabeza la imagen de un régimen político muy férreo con su población y mucha incertidumbre.

Después de haber pasado 3 semanas en el gigante asiático, creo que puedo decir que será una de las sorpresas más positivas de este viaje.

China es un país fascinante, enorme, antiguo y a la vez moderno, acogedor y con paisajes que quitan el habla. Como el Olimpo y el Edén están reservados a creencias religiosas, está claro que no es un lugar perfecto y la desigualdad social y la gran contaminación son para mi sus más grandes handicaps.

Estando ya en Laos -hace tan sólo una semana… ¡Y parece que hace un siglo!- conocimos a un personaje muy peculiar. Ernst es un alemán de 68 años, al que la Guerra Mundial dejó huérfano de padre y madre quedando a cargo de su abuelo en un pequeño pueblo. Creció leyendo libros de descubridores y aventureros, estudió filología oriental y llegó a dominar el chino, coreano y japonés. Algo no muy común en los años 60. Después de 24 años dando clases de inglés en una universidad de Seúl ahora utiliza su pensión para continuar con sus viajes por el Mundo, los cuales lleva toda su vida realizando.

Fue Ernst el que nos dijo algo muy importante para cuando vas a visitar China: “Yo cuando viajo en un país valoro a su gente, su cultura y costumbres, independientemente de cual sea el régimen político que está gobernando el país. No tienen porqué gustarme sus políticos, pero me puedo enamorar de sus gentes”.

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Y aunque, como en todos sitios, hay gente más y menos amable en China, creo que en general -y sobre todo cuando estás viajando como único occidental en un tren, bus o pueblo perdido- los chinos son gente muy amable, de antiguas costumbres y dispuestos a ayudar cuando estás perdido.

Como ocurre siempre, debes fiarte menos de las personas que tratan directamente y viven del mundo del turismo, pero eso pasa en todo Asia y parte del extranjero.

La Gran Muralla, los Guerreros de Terracota de Xian, las montañas de perfiles imposibles de Yangshuo o la cosmopolita Guangzhou son los complementos geográficos e históricos perfectos para un país tan diferente del que provengo.

El capitalismo está presente en todas las grandes ciudades pero aún muchísima gente vive en el campo y ésa es la parte que más me maravilló de China. El campesino que me regaló las mandarinas en Yangshuo, los que nos invitaron a a tomar el almuerzo con ellos, los que nos ayudaron a encontrar el camino entre signos y risas mientras apartaban un mapa que no podían leer ni en chino. Ésa es la China que creo uno debe conocer.

Los amantes de la cocina oriental se encontrarán en un paraíso de especias, sabores picantes, noodles, arroz y partes de animal que nunca pensarías comerte en Europa.

Si lo que te gusta es el trekking de alta montaña Kunming -cercano al Tibet- es tu región, desiertos, estepas y paisajes helados completan la orografía de este gigante que era pasto de los delirios conquistadores de mongoles y japoneses en otros tiempos y que hoy se erige como un gigante totalmente intocable.

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El país es inmenso y nos fuimos con ganas de haber conocido las montañas de Kunming, la ciudad de hielo de Harbing o las zonas cercanas a Mongolia tantas veces arrasadas por los Khanes.

Pero bueno, la vida es larga y habrá tiempo para explorar China de nuevo. ¡Ven a China!.

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5 Comentarios
  1. Juan Antonio 4 marzo 2011
  2. Marc 7 marzo 2011
  3. Fernando 9 marzo 2011
  4. Elena 22 agosto 2011
  5. Eva 22 agosto 2011