Qué ver en Huelva: tres rincones imprescindibles

El paisaje marciano de las minas de Río Tinto en Huelva

El paisaje marciano de las minas de Río Tinto en Huelva

La Sierra de Aracena y su aire atemporal

Despierto sobre el frío cristal del autocar. A través de él, observo campos de verde intenso suavemente poblados por encinas. Un paisaje dócil y bello. Acabamos de empezar a subir las lomas de la Sierra de Aracena. Apartada, en esta lejana esquina de España, mantiene un cierto aire atemporal, quizás propiciado por sus bosques impenetrables y sus escasos recursos económicos, mal de los locales y suerte del viajero que se encuentra ante un escenario de cuento moteado por pequeñas aldeas centenarias.

El lugar ideal para alejarse del mundo un rato y de paso comerse uno de los deliciosos jamones provenientes de los innumerables cerdos ibéricos que pacen en las dehesas del parque.

En Aracena, centro neurálgico de la comarca, nos aguarda un curioso viaje a las entrañas de la tierra. Entre las calles adoquinadas y las blancas casas se abre una pequeña puerta a otro mundo. Un mundo subterráneo, novelesco, de estalactitas y pozas de agua transparente, donde imaginar sombras deslizándose por sus techos y sonidos del más allá. La Gruta de las Maravillas es una recomendable experiencia y uno de los sabores más ocultos de la provincia de Huelva. Una inesperada sorpresa en medio de esta atmósfera campestre.

El bonito pueblo de Aracena

El bonito pueblo de Aracena

De vuelta al mundo de los vivos, nos instalamos en un hotel rural de la villa, amontonándonos alrededor del vibrante fuego de la chimenea para sacarnos el frio con el que nos ha recibido esta noche de febrero. Las estrellas nos alumbran de camino al Convento. Y es que aquí se encuentra uno de los cielos más limpios y oscuros de Europa según la fundación Starlight.

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Un convento del siglo XVII reconvertido en hotel y restaurante, un entorno sorprendente que aúna presente y pasado, será nuestro refugio para la cena.

El cerdo ibérico es símbolo y plato estrella de la comarca. De él se obtienen todos los placeres que nos aguardan en la mesa. El chef del restaurante Huerto by Arrieros se encarga de que cada plato servido tenga el toque distintivo de esta pieza; y el postre, con harina de bellota, retumba en mi memoria todavía. Me encuentro muy lejos de la comida fácil y rápida a la que alguna vez acostumbre a mi cuerpo.

Visita a las minas de Río Tinto

A la mañana siguiente, medio desperezado y con el buche bien lleno, cogemos carretera y manta hacia la cuenca minera del Río Tinto, enclave desolado donde los ingleses construyeron, en 1873, la primera colonia británica en territorio español. Curiosa reminiscencia de la época imperialista, donde el racismo y el separatismo formaban parte de la vida cotidiana del lugar.

Río Tinto

Río Tinto

Ver este trozo de Inglaterra, con sus casas y clubes por donde entró el fútbol y el tenis – entre otros – a nuestro país, choca y estimula. Pero ni ésto nos prepara para lo que viene a continuación. El centenario vagón restaurado nos espera mientras bufa la locomotora. Más allá de estos hierros, a nuestros pies, empieza la magia. De repente ya no estamos en Huelva.

Un río, como pintado en sueños, va recorriendo la surrealista garganta en la que nos adentramos. Rojos intensos en el agua bañan tierras amarillas y de color ocre, montículos negros de aspecto volcánico, acantilados de mezclas naranjas y púrpuras, como si del cuadro de un genio loco se tratara. Si vienes a Río Tinto no viajas a Huelva, ni a Andalucía, ni a España., sino a un lugar descontextualizado y mágico que puede haya habitado alguna vez tu yo imaginario cuando soñabas con algún otro planeta de la galaxia. Este lugar es tan especial y extravagante que recientemente la NASA ha decidido estudiarlo por considerar que es el lugar de la Tierra que más se asemeja a Marte.

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La costa de Huelva: Ayamonte

Recuperándonos todavía del subidón de Río Tinto, después de un gran almuerzo en La Fábrica donde nos inflamos de jamón (¡cómo no!), recorremos la carretera hacia la costa donde Ayamonte nos aguarda.

Este puerto en el estuario del Guadiana, al borde del Atlántico y Portugal, me encandila y relaja. Puede que fuera por la brisa marítima que difumina el frío de las montañas; por su actitud bohemia que atrae a numerosos pintores que buscan captar su luz; o por ser una puerta de escape. Siempre me fascinaron esos lugares que te sugieren escapar, volar o viajar. Estaciones de tren, aeropuertos o muelles… Rompedores de rutina, símbolos de idas y venidas, de cambios, aventuras, renaceres y sueños. Quizás siento lo mismo en esta ciudad fronteriza, a unas paladas en remo de Portugal y a un paso de que la suave corriente te lleve hasta el Algarve, hasta el Atlántico… Y de ahí al Mundo entero.

La tienda de comestibles Orta en Ayamonte

La tienda de comestibles Orta en Ayamonte

La tienda de comestibles Orta es, sin duda, parada obligada en esta localidad. Más de un siglo y medio de tradición se puede observar en sus gastadas paredes. El olor a barrica de vino y las sillas de mimbre decoran esta pintoresca tasca llena de encanto y sabores. Me siento en uno de sus rincones, degusto un vino naranja con algo de caballa local, y me dejo seducir por este sugerente espacio.

El barco nos aguarda en el embarcadero, tiene aspecto de mula cansada. Navegaremos despacio, río arriba. A cada orilla un país. Historias y cuentos sobre el contrabando abundan por aquí. Puedo imaginar a los contrabandistas escondidos entre los arbustos de ambas orillas esperando el momento oportuno para echarse al río con sacos de tabaco, café, sal o medicamentos. Estos héroes anónimos ayudaron a mantener, de alguna manera, la economía del lugar durante la terrible depresión de la postguerra. Más de una estatua en los pueblos de la ribera corrobora la admiración de los locales hacia estos valientes hombres.

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Una respuesta
  1. jesus Navarro 27 agosto 2015

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