Un mochilero en un hotel de 5 estrellas

kilkennyirlandaviajarhotelAyer regresé a casa tras pasar un fin de semana largo en Kilkenny, una localidad bastante maja situada a unas 2 horas en coche de Dublín (dirección Sur). Kilkenny es popularmente conocida por dos razones: su castillo medieval que atrae a infinidad de turistas que se pasan por Irlanda; la otra razón, los inumerables pubs que abarrotan el centro de la ciudad haciendo de Kilkenny un destino predilecto para despedidas de soltero y de soltera.

Pero concentrénomos en mi viajecito de 3 días y 2 noches, porque aunque tal vez te sorprenda, he de confesarte que ni me pasé por el castillo ni me tomé una pinta en ninguno de los pubs. ¡Me he pasado el finde entero en el Lyrath, un extravagante hotel de 5 estrellas!

Para empezar te tengo que decir que no lo pagué yo sino que se ha tratado de un ‘regalo’ producto de una larga historia (te la contaré en otra ocasión). Con lo que cuesta una noche en este hotel me financio 100 noches de estancia en mi querido bungalow de Kao Thao, en Tailandia, pero bueno, a caballo regalado… Total, que me lo tomé como una aventura más y me propuse hacer tarea de investigación, de modo que me pasé el fin de semana enterito recorriendo y disfrutando de cada uno de los infinitos rincones que esconde este elegante hotel construído sobre una inmensa mansión fechada del siglo XVII.

La llegada al lugar en cuestión ya fue divertida. Allí aparecí sobre mis inseparables chancletas, pantalón corto, camiseta manga corta (hace un tiempo en Irlanda que no se lo cree ni el metereólogo más veterano) y mi mochila. Salí del coche tras detenerlo en frente de la puerta giratoria y rápidamente apareció frente a mí un simpático botones, conserje o como se le llame, embutido en un frac y con sombrero de copa (mira que hacía una calor…) para darme la bienvenida y para ofrecerse a aparcar mi coche con matrícula de 1998. Con una sonrisa de oreja a oreja y el careto sonrojado este tipo, entrado ya en sus 50 (rozando los 60) me cayó simpático desde el principio. Aparcó el coche mientras yo me registraba y llegó justo a tiempo para intentar cargar con mi mochila (muy educadamente no se lo permití) y acompañarme hasta el ascensor. Mientras paseábamos por los inmensos y monumentales corredores tuvimos tiempo de charlar un rato. Un personaje curioso, con sonrisa fácil y afable, típico irlandés. Mientras nos despedíamos me dí cuenta de que los fracs, los trajes caros o los zapatos de tacón que acompañaban a todos sus huéspedes, el pianista que ambientaba la tarde en el hall y la impecable alfombra roja que guiaba cada uno de mis pasos, no guardaban demasiadas cosas en común con mis chancletas y mi mochila, pero en fin, que le íbamos a hacer, ya estaba allí y no había más opción que disfrutar de esta experiencia.

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Cuando llegué a la habitación (tras una interminable caminata) no me lo podía creer, ¡era casi más grande que los 3 últimos apartamentos en los que he estado viviendo! Dos sofás y una TV de 50 pulgadas rodeaban una elegante mesa de cristal situada en el centro de una amplia sala de estar, ¡ja! A la izquierda un baño para invitados (?). Más adelante se encontraba el dormitorio, con un par de mesas, una al estilo escritotio con teléfono, agenda, folios en blanco y bolígrafos (realmente te animaba a sentarte y ponerte a escribir, lo que fuera) y la otra con una bandeja repleta de fruta y de chocolates y una tarjeta de bienvenida. De nuevo en el centro se encontraba la estrella de la corona; una cama inmensa repleta de almohadas, ¡por lo menos 10! ¿para que ponrán tantas almohadas? y a sus pies otra TV plasma, esta vez de unas 25 pulgadas. Siguiendo el pasillo un poco más adelante el baño principal, con una bañera en la que seguro que cabrían 4 personas, una ducha, dos picas y una puerta que te llevaba al lavabo. ¡Vaya habitación!

Lo primero que hice, tras chafardear en los 4 armarios, fue dejar la mochila en un rincón y tumbarme en la cama. Allí me quedé observando en silencio el verde puro de esta magnífica tierra irlandesa que se podía contemplar a través de los ventanales….

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