Helsinki: Viaje al país del orden y la tranquilidad


Salida del vuelo a Helsinki desde Barcelona a la una de la madrugada. Barato y más todavía porque uno se ahorra la primera noche de hotel pero no muy saludable. Llegué a Helsinki tras tomar el autobús 615 y a las 5 y media de la madrugada me encontraba ya por las calles de la capital finlandesa. Me tocó desfilar por una ciudad fría y acompañado de fantasmas durante unas buenas horas.

Pensé que llegado el mediodía la cosa cambiaría, pero no. La ciudad es tan tranquila que casi vi el mismo número de gente a las 6 que a las 12 del mediodía. Me dediqué a buscar hostal barato y la verdad que de barato hay poca cosa por estos países del norte. Por más inri, el dichoso Festival de Eurovisión, ese engendro donde se ha paseado lo peor de cada familia europea se había afincado e Helsinki para amargarme el primer día de vacaciones que me permitiría conocer Finlandia, los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y Polonia en tres semanas. Me dediqué a dar tumbos por la ciudad, pateándome todos y cada uno de los hostales (no muchos, por cierto) para encontrarlos todos llenos de vete a saber que tipo de gente amantes y seguidores aférrimos de Eurovisión.

Finalmente acudí a esa i internacional de turismo que encontramos en todas las ciudades turísticas –más que i de información parece decirnos i de ¡Idiotas, acudid!– y les pedí consejo sobre donde podía alojarme. Cinco euros por el servicio y me encontraron una pensión donde una mujer alquilaba una habitación por 40 euros. Teniendo en cuenta que me hallaba en un país nórdico y que ya estaba harto de dar vueltas, la tomé.

Lee también:  Viaje a Finlandia: World Design Capital Helsinki 2012

Ante Helsinki se abre un archipiélago de islas diseminadas ante ella. Hay numerosos parques que le dan vida a la ciudad y los edificios son de bajas proporciones. No hay estilos arquitectónicos que nos sorprendan pero sí crean una bella armonía entre ellos.
Una de las cosas más curiosas es sin duda la luminosidad que desprende el sol en esas latitudes tan altas. Da lo mismo que el reloj marque las 5 de la mañana o las 11 de la noche que va a ser la misma. Es como si el sol fuera una bombilla cuidadosa con el medio ambiente guardando su energía.

También sorprende la tranquilidad en sus calles, encontrarse con centenares de bicicletas aparcadas sin candado (no me extraña que lleguen a España y se quejen porque les robaron) los carriles bici se respetan, incluso los peatones lo respetan.

Fotografía Mikko Paananen

Sin ningún aumento de precio te facilitamos la reserva de tu viaje:

Puntúa este artículo