Guarda do Embaú: joya del sur de Brasil


Brasil me cautivó como ningún otro país hasta este mismo momento en mi viaje por Sudamérica del que aún me restan más de 3 meses. Enamorado de su clima, gente, playas, alegría, comida…Todo, decidí regresar a Brasil después de pasar la Navidad en Buenos Aires.

La compañía Pluma me llevó de la capital argentina hasta Floripa -como se conoce a Florianópolis en todo el continente- por sólo unos 150 Reais en un trayecto que debía durar 25 horas pero se alargó hasta las 30 por culpa del tráfico. La verdad es que fue una tortura que no le recomiendo a nadie. Un apunte: salió más barato el billete al comprarlo en la web como brasileiro -utilizando el número de identificación brasileño de mi novia- que si lo hubiese comprado en la taquilla de la estación bonaerense de Retiro. Os recomiendo que hagais ésto si teneis algún amigo o amiga brasileña porque no es necesario que el que viaja sea el mismo que el compra el billete o el que aporta su número de identificación para acceder a la compra.

Como ya había pasado 9 días en la Barra do Lagoa de Floripa, tomé otro bus y me dirigí a la Guarda do Embaú, a tan sólo una hora y poco al sur de la capital del Estado de Santa Catarina, en el Municipio de Palhoça.

Embaú es una de las capitales del Surf en el sur de Brasil. Pintoresca como pocas, ya que hay que atravesar el río da Madre para acceder a sus playa principal. Para atravesar el pequeño río puedes elegir entre simplemente nadar -si no llevas ningún tipo de atavío a la playa aparte del bañador- o utilizar el servicio que ofrecen los barqueros por sólo 2 pesos por persona y viaje. Está ubicada en el Parque Estadual da Serra do Tabuleiro, y es una playa pequeña, con posadas y residenciales simples, bares, algunos restaurantes y una exuberante vegetación atlántica.

Al pasar allí casi 4 días completos decidí no quedarme sólo en esa pequeña pero maravillosa playa sino que me llevé la mochila con toalla, agua y un sandwich y tomé el camino que sale a la izquierda justo antes de llegar al río. El camino bordea la costa y conduce a un par de calas minúsculas donde aún se agolpa demasiada gente -en temporada alta- debido a su proximidad al pueblo. Decidí no pararme allí y seguir en busca de lugares algo más solitarios.

Tras subir una colina desde donde había unas vistas preciosas proseguí camino hacia un segundo montículo tras el que no se adivinaba lo que podría haber. La costa es bastante rocosa y no albergaba muchas esperanzas de encontrar un buen lugar donde extender mi toalla y disfrutar de una tarde tranquila. Me equivoqué, pasando este alto y ya a más de una hora del pueblo, encontré una playa preciosa poblada por tan sólo unas 20 personas que disfrutaban de unas bellas aguas azules que lamían rocas que contenían a una vegetación salvaje que se apoderaba de la ladera de las colinas.

Tras comer allí y darme un buen baño me alejé atravesando las rocas de la costa y me interné en una zona verde siguiendo una senda bien marcada. Nuevas pequeñas cimas y nuevas vistas hicieron que disfrutase de una bella caminata y tomase buenas fotos.

La Guarda revienta de turismo en los meses de Enero y Febrero y sus restaurantes, pequeñas tiendecitas de souvenirs y su pub con música en directo a la vera de la playa se llenan de vida en estos meses. Parte del turismo argentino que no quiere pasar los agobios de Floripa se desvía también hacia esta zona, creando un ambiente argentino-brasileiro que hace que la fiesta continúe hasta altas horas de la madrugada mientras caipirinhas y fernets -bebida típica en Argentina- se entremezclan sin control. Para los viajeros solteros les recomiendo que salgan por la noche porque las mujeres de estos dos países son, para mí, de las más bellas de los países que conozco. ¡Si hay alguna mujer que nos lea que opine sobre los hombres!.

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Una respuesta
  1. Manuel Castro 12 noviembre 2009