Experiencia de viaje en Venezuela


Susana Busquets nos cuenta su experiencia de viaje en Venezuela.

Cuando uno piensa en Venezuela, lo primero que le viene a la cabeza es Chávez, el petróleo, las miss-mundo, las cirugías plásticas, los culebrones y lo peligroso que es Caracas. Y si bien es cierto que hay un poco de todo esto en Venezuela, me parece que todos estos tópicos encubren algo mucho mejor detrás: un país de una belleza exuberante, de gran variedad y con unas gentes encantadoras, aunque para nada demasiado caramelizadas como uno podría pensar…

En realidad acabé yendo a Venezuela por puro azar, una cuestión económica, eso de esperarse al último momento para comprar los billetes y encontrarse todos los vuelos carísimos, menos uno a Caracas. Y entonces uno se pregunta, ¿Y por qué no Venezuela?”. Y a la que empiezas a chafardear, leerte la Lonely y preguntar a amigos y conocidos, uno empieza a emocionarse. Así que mochila a la espalda y, ¡para Venezuela se ha dicho! Y gran idea tuvimos, no tan sólo fue un viaje precioso, sino que además tuvimos la suerte de conocer a muchísima gente, reencontrar a viejos conocidos de aquí, y un montón de buenas sorpresas.

Antes de explicaros el viaje os comentaré unos temas, diría de “interés general”:

Venezuela no es caro, ¡es carísimo! La inflación aumenta a un ritmo trepidante y comer, dormir, contratar tours, etc. es todo un gasto. Lo realmente barato, la gasolina, no afecta demasiado al turista, porque yo no recomendaría a nadie conducir por ahí, ¡ya es suficientemente peligroso subirse con ellos!

Venezuela es un país poco seguro… Pero como en todos lados, la precaución es muy importante. Nosotras no tuvimos ningún problema, exceptuando un pequeño encontronazo con la policía, aunque sí es cierto que oyes sucesos a diario. Los venezolanos mismos son los primeros hiper conscientes de la realidad y a veces le meten a uno el miedo en el cuerpo. Muchos de los sucesos que pasan son o bien en barrios más alejados, o secuestros a venezolanos más bien estantes, pero también te cuentan historias sobre turistas, así que mejor tomar precauciones extras a las que uno tomaría en otros países, pero tampoco dejarse llevar por el miedo y perderse una parte del viaje.

A nivel de transportes, menos en Caracas donde recomendaría el metro, por el resto del país es seguro ir en bus (cuentan con una muy buena red de autobuses – eso sí, reservad los nocturnos con al menos un día de antelación, id bien abrigados porque es como estar en el polo norte y presentaros con tiempo porque a veces venden más billetes de las plazas reales) o en porpuestos, coches de 7 plazas que hacen recorridos fijos y que no se van hasta que se llenan. Se encuentran en las estaciones de autobuses. Lo único realmente peligroso aquí es la conducción. Pero por lo demás, son muy prácticos. Y por último, que a quien no le guste el ron o la cerveza, se va a perder una parte muy importante de la cultura venezolana, ¡porque los venezolanos beben mucho! Eso sí, siempre la rumbita y las sonrisas.

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En cuanto a la situación política… Los venezolanos tienden a hablar sobre ella abiertamente, y evidentemente se siente mucho la situación del país. Además de que la propaganda política es omnipresente, con muchísimos muros y pancartas por todos lados. Mejor no opinar demasiado, pero sí charlar, es muy interesante.

En cuanto a la ruta, para ubicarse, diría que lo mejor es dividir Venezuela entre la parte de Occidente y la de Oriente, y la parte central que abarca una extensión enorme llamada los Llanos. Nosotras recorrimos gran parte de estas zonas, pero para no extenderme me centraré en las que más recomendaría.

Occidente

Parque nacional de Henri Pittier. De Caracas tomas un bus hasta Maracay, y de allí otro que te lleva hasta Choroní (Puerto Colombia). La primera introducción al transporte público venezolano no tiene desperdicio. Uno va montado en un bus con la música a toda leche, por vuestra salud mental espero que sea salsa, porque también cae reggaeton de vez en cuando, a unas velocidades espectaculares, en medio de curvas, lluvia… El paisaje una vez empiezas a adentrarte en el parque es espectacular, humedad tropical, y verde que te quiero verde. Lo mejor es hospedarse en Puerto Colombia, la parte del mar de Choroní, que es en realidad donde se encuentran todos los restaurantes, hoteles y fiesta, o rumba como le llaman los venezolanos. Para quien la quiera, aunque el lugar es pequeño hay algunos bares, y sino una fiesta de tambores en el malecón que todo el mundo recomienda. Nosotras nos quedamos atrapadas con los mojitos en un bar y nos perdimos los tambores.

Puerto Colombia no tiene playa como tal, así que por la mañana te diriges al pequeño embarcadero y de ahí alquilas una barca que te lleve a las playas durante el día ¡Cruzad los dedos para que no se pase el día lloviendo los que viajéis en nuestro verano! La costa es preciosa, el parque húmedo y selvático se adentra a la costa, es muy agreste.

Los Llanos es una extensión enorme de humedales dentro de Venezuela. En época seca se ven multitud de animales, caimanes y anacondas entre ellos, ya que los animales se concentran en las zonas donde hay agua para beber. En época lluviosa, cuesta más, aunque el paisaje es más bonito, pero algunas cosas siempre se ven, además de cantidad de aves de todo tipo. Lo de los Llanos es divertido, es una especie de safari a la venezolana. Te alojas en unos campamentos y duermes en hamacas. Lo mejor: ¡tener una anaconda delante de tus narices!

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Oriente

Personalmente, creo que vale más la pena pasar tiempo en el Oriente venezolano: Canaima, el Delta del Orinoco, Mochima y Los Roques, que sería ya más parte central, frente a Caracas. No bajamos a la Gran Sabana, pero por lo que contaban otros viajeros, vale la pena. Y si uno está en forma, hacer el trekking del Roraima, el tepuy más famoso (los tepuys son un tipo de montaña en Venezuela con la parte superior totalmente plana). Tampoco nos adentramos en la Guayana, una zona de acceso restringida que seguro tiene que ser alucinante. Ciudad Bolívar, el centro para desplazarse a Canaima y al Delta la vimos en un breve paseo. Por suerte nos alojamos en una posada de un contacto en Venezuela, un lugar precioso para relajarse. El Salto del Ángel, es casi parada obligatoria. Canaima es muy bonito, lo único es que está más masificado, y en la selva, por ejemplo, no queda ya ni un animalito. Pero bueno… Vale la pena. Además se tiene que hacer en grupo y si tienes suerte puede ser muy divertido. El vuelo en avioneta desde Ciudad Bolívar es impresionante.

Después el Delta del Orinoco. Realmente increíble; para mi de lo mejorcito. Aparte de los mosquitos, el resto es muy recomendable. Además, la zona está habitada por la etnia de los indígenas warao, y como el turismo todavía no ha penetrado de forma salvaje, uno puede vivirlo todavía en estado más natural. Viven en casas de palafitos, de la pesca y los niños de pasan el día bañándose en el río desnudos… Uno ve curiosidades chavecianas, como que en medio de un lugar así, con casas de lo más básicas metidas en río, ¡tienen lavadoras! El Delta es un laberinto de canales donde perderse con el barco… Recomiendo un atardecer con un ronecito bien fresco.

En la costa Norte está Mochima, un parque nacional de islotes y playas… Desde la altura, antes de llegar se divisa todo el archipiélago, alucinante. En Mochima pueblo intentad reservar antes, se llena muchísimo. Es un pueblo pequeño y turístico, pero muy bonito. Nosotras tuvimos suerte que una alma caritativa nos salvó de la calle y nos hospedó en su casa, pero uno no puede fiarse de esto. Ahí lo mismo que en los otros lugares, de la costa, barquito y a recorrer playas. Imprescindible alquilarse una sombrilla, el sol del Caribe nada tiene que ver con las horas de tostarse al sol del Mediterráneo ¡quema, quema, quema! Y si se puede disfrutarlo con venezolanos, como fue mi caso, mejor que mejor. Se llevan sus cavas (neveritas con hielo dentro) y a pasar el calor con algo fresquito, a menudo ron o cerveza y degustar algún pescadito.

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Y finalmente, la joya de la corona: Los Roques. Ahí pensé realmente que el paraíso existe. Es caro, pero yo no me lo perdería para nada. Se vuela desde Maiquetía, el aeropuerto de Caracas, y el vuelo una vez te acercas al archipiélago es como un sueño. La isla principal, el Gran Roque, diminuta y que se puede recorrer a pie, tiene un pueblito de casas blancas donde se respira una tranquilidad inmensa. En los Roques básicamente uno va a relajarse, a pasar el día en el barco recorriendo playas y aluciando con la tonalidad de turquesas que uno va viendo, playas desiertas con cuatro personas contadas, y a bucear. Lo de bucear organizarlo bien, porque la formalidad no es el fuerte de los venezolanos y os podéis quedar sin hacer alguna inmersión de las que valen la pena ¡lo digo por experiencia! Además hay algunos barecitos al lado de la playa, uno puede estar más chill-out o acabar liándola… A pesar de lo que os digan, se puede encontrar posada una vez lleguéis allí. Hay algunas un poco más baratas. El vuelo recomendaría comprarlo antes, una vez sepáis fechas, en cualquier agencia por cualquier lado de Venezuela, nosotras lo contratamos desde Ciudad Bolívar.

En los Roques tuvimos la gran suerte de compartir barco con un diseñador venezolano asentado en París que nos buscó casa en Caracas, porque por algún motivo que desconozco ES MUY DIFÍCIL encontrar alojamiento en Carcacas, reservad con tiempo. Así que de vuelta de Los Roques pasamos dos días en Caracas con Caraqueños, lo que fue una experiencia inolvidable. Caracas así la recomendaría, de otro modo puede ser una ciudad dura. Así que nada ¡A hacer amigos venezolanos y para Venezuela!

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15 Comentarios
  1. David 24 julio 2009
  2. juala90 21 abril 2010
  3. David 22 abril 2010
  4. Luis Ramiro Rojas 20 mayo 2010
  5. Jesus Lanau 29 mayo 2010
  6. Christian 3 agosto 2010
  7. David 4 agosto 2010
  8. Euclides 26 marzo 2011
  9. Venezolano 3 agosto 2011
  10. Quique 3 agosto 2011
  11. Rodrigo Rodriguez 30 septiembre 2011
  12. jose avendaño 28 enero 2012
  13. Eduardo 9 marzo 2012
  14. Quique 9 marzo 2012
  15. Ana gomez 17 octubre 2012