Esquiando en Chile

Esquiando en La Parva.

El fideo de Sudamérica es, sin lugar a dudas, Chile. Su morfología le hace ser un crisol de paisajes diversos e imposibles. Los áridos desiertos son los reyes del Norte; los glaciares y tierras yermas ocupan parte del Sur; y las cadenas montañosas se levantan espectaculares con picos de hasta 6.000 metros que se encuentran a un par de horas en coche de magníficas playas que saludan al Pacífico cada mañana. Ellas son las culpables de que esquiar en Chile sea una delicia.

Chile es uno de los países sudamericanos preferidos por aquellos que buscan descargar adrenalina a través del deporte al aire libre. Experiencias extremas en los desiertos; rafting y kayaking salvaje en los bravos ríos -como el Futaleufú– alimentados por el deshielo de los glaciares; trekking en paisajes que quitan el aliento y, cómo no, esquí y snowboarding en la cordillera andina cuando aquí, en España, nos estamos asando de calor.

Mis primeras dos visitas a Chile fueron en el verano austral y por ello decidí visitarlo en Julio del 2011, cuando las primeras nieves hacían su aparición. Para mi suerte, uno de mis mejores y más antiguos amigos, Richard, es socio de Crewadventure, una pequeña empresa -formada tan sólo por Richard y Cedric- que se encarga de que tu experiencia en las nieves chilenas sea inolvidable.

Tras ponernos al día mientras nos carreteábamos -así llaman los chilenos a salir de marcha- en la desfasada noche chilena, decidí ir con uno de los grupos que iba a subir a la montaña a pasar un día esquiando.

La cosa empezó con un madrugón de cuidado. Los anteriores días de no parar hicieron que quisiera patear el móvil cuando disparó su alarma, pero, no sé bien cómo, a las 7 de la mañana nos encontrábamos con el resto del grupo a las puertas del imponente Hyatt de Santiago. Allí me consoló comprobar que algunos de los caretos de mis compañeros de aventura eran incluso más penosos que el mio. No pain no gain, chicos. Éramos 8: una pareja de italianos, dos americanos, un inglés, un brasileño y un francés me acompañarían el resto del día. Gran mezcla internacional.

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Ernesto, un chileno de mediana edad y entera buena onda, arrancó el motor de la furgoneta y en un cuarto de hora llegábamos a la tienda de alquiler de material de esquí. Richard dispuso todo con la agilidad que dan los años haciendo un buen trabajo. Mientras la gente se probaba esquíes, snowboards, botas y ropa de abrigo, el aroma a café recién hecho se mezclaba con una música indie que nos empezaba a poner las pilas de buena mañana.

Con todo el mundo bien equipado, calentito y despierto por el café y el té, el nivel de conversación comenzó a subir al mismo ritmo que nuestra furgoneta escalaba las primeras rampas.

Ernesto nos contaba historietas chilenas que nos distraían de la gran cantidad de curvas que trillan la subida. Los cactus y el sueño iban quedando atrás y dábamos la bienvenida a la nieve y la adrenalina. Pasábamos de los 500 metros sobre el nivel del mar que tiene Santiago, a los 2.600 en cuestión de una hora.

Santiago y la cordillera nevada.

Aunque Crewadventure trabaja con las estaciones de Valle Nevado y La Parva indistintamente, escogí subir el día en que esta última era la elegida. Ambas tienen una excelente calidad de pistas, pero el hecho de que La Parva se encuentre en un pequeño pueblo chileno y tenga un ambiente más auténtico, acogedor y familiar, fueron razones de peso para decantarme por ella.

Valle Nevado es una estación algo más internacional con mayores hoteles.

Me enfundé equipo y botas y experimenté lo que era sentirse esquiador por primera vez en trece años. Ahí es nada. Volvía el Alberto Tomba alicantino: apártense todos.

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Yo comencé por una azul para pasar a la roja tras el par de horas que me llevó recuperar las buenas sensaciones de antaño.

Hay pistas para todos los gustos y están abiertas desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

Era genial volver a notar el viento helado en la cara al coger algo de velocidad, sentir la adrenalina fluir y todo ello bajo un Sol precioso y un cielo despejado que me permitía ver el hipnótico paisaje que me rodeaba. Picos entre 5.500 y 6.000 metros de altura compiten para ser los primeros en alcanzar lo que sea que haya más allá del cielo. Colosos formados hace millones de años que te hacen sentir pequeño e insignificante, pero, al mismo tiempo, libre, dichoso y muy, pero que muy vivo.

Para reponer energías existen pequeños barecillos en las pistas donde podéis comprar snacks y bebidas, mientras que en el centro de esquí hay restaurantes como el St Tropez o La Marmita. Fue en este último donde me metí una gran fondue de queso entre pecho y espalda. Richard me acompañó en tamaña empresa. Son de esas cosas que uno no debe hacer solo, como emborracharse o atracar un banco.

Una de las mejores cosas de la experiencia es la camaradería del grupo y el carácter internacional.

Después de comer seguí con el esquí y a las 5, puntual como un reloj, el bueno de Ernesto nos esperaba a todo el grupo en el St Tropez con unas empanadas chilenas regadas con el famoso pisco sour y unas birras. Yo elegí pisco y conversé en inglés y español con el resto del grupo. Caras cansadas, sonrisas de satisfacción, marcas de gafas de sol, pieles rojas en los más guiris, y muchas, muchas historias sobre un día que todos habían disfrutado a tope.

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Con el cansancio, el pisco y la cerveza iban destruyendo las pocas defensas de aquellos que eran un poco más introvertidos y, al poco, todo el grupo estaba integrado en varias conversaciones diferentes.

Al rato, Ernesto y Richard iban preparando las cosas para iniciar el regreso a Santiago.

A las 6.15 comenzamos a tomar curvas que no recordábamos de la ida. Esa misma noche nos juntamos los ocho esquiadores por un día y salimos por la famosa zona de Constitución. Con el brasileiro incluso quedé en Florianópolis -su ciudad natal- y pasamos unos días recorriendo juntos la zona. El inglés vendrá en 3 semanas a visitarme después de viajar unos días juntos por Argentina. La verdad es que me tocó un grupo genial.

Este tipo de cosas no se suelen vivir con empresas más grandes y es uno de los toques diferenciadores de esquiar con Crewadventure: la calidad humana y personal de la experiencia. Además trabajan con material de esa misma temporada, tienen una puntualidad británica y ofrecen un precio más barato que la competencia.

Un día fantástico de esquí rodeado de gente y paisajes inmejorables.

Sitio Oficial y fotos de Crewadventure.

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6 Comentarios
  1. Roser Goula 21 agosto 2012
  2. Richard Leclers 21 agosto 2012
  3. miguel 17 junio 2014
  4. Miguel 14 julio 2014
  5. Tori 30 octubre 2014
  6. David 30 octubre 2014