Escapada de 5 días en Berlín (Parte 1)

La famosa Puerta de Brandenburgo

La famosa Puerta de Brandenburgo

Mi reputación como cronista viajero quedó irreversiblemente mermada desde que hice mi primer viaje a Nueva York y fui incapaz de reservar el tiempo suficiente para ir a ver la Estatua de la Libertad. Desde entonces me refugio bajo el seudónimo de Baresi para  poder seguir narrando mis esporádicos viajes sin temor a ser reconocido.
 
Si a pesar de esta confesión – que entendía necesaria- sigues leyendo este reportaje te agradezco tu confianza inmerecida y espero no defraudarte en este paseo accidental por Berlín. De todas formas para tu tranquilidad te confirmo que esta crónica ha sido repasada por mi mujer- quién no sólo me acompaña en este tipo de viajes, sino que es la auténtica artífice de ellos, delegando en mí aspectos cruciales del viaje como la elección del imán de recuerdo o las camisetas a comprar a los sobrinos-. Por tanto, y pese a mi tendencia natural a confundir sitios, nombres o colores, al final esta crónica resultará bastante exacta en su contenido.
 

Si no os queréis complicar la vida, aquí podéis reservar directamente vuestro traslado desde el aeropuerto de Berlin a vuestro destino final:

Nuestra escapada de cinco noches en Berlín del pasado mes de julio, nos permitió cubrir casi todos los hitos que ofrece esta ciudad. Otra cosa es cómo acabaron nuestros pies.

Desembarcamos en Berlín (Aeropuerto de Tegel) con un calor inesperado que nos acompañaría durante toda la estancia. Para llegar al centro lo más práctico es coger el autobús TXL que sale regularmente cada 7-10 minutos aproximadamente, y sólo cuesta 2,60€ (Zona AB). Tarda sobre 25 minutos en llegar hasta la famosa avenida Unter den Linden (Bulevar de los tilos, para los menos puristas),  que conecta la célebre puerta de Brandenburgo en la Pariser Platz con las inmediaciones del barrio de Mitte.

Bonita arquitectura en Berlín

Bonita arquitectura en Berlín

Nosotros nos alojamos en el distrito de Postdamer Platz que engloba la zona más vanguardista de Berlín y al que se accede descendiendo desde Branderburgo por la Ebertt Strasse. En torno a esta “L” se agolpan gran parte de los secretos de esta ciudad.

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En concreto nos alojamos en un hotel de la cadena Marriot, de la que hasta la fecha sólo habíamos disfrutado en la lejanía por su contribución rojiza en el luminoso skyline de algunas ciudades. Ahora, por azares de la web, pudimos reservar allí a un precio asequible (entiéndase sin tener que vernos obligados a estar comiendo kebaps el resto del viaje).

¿Poco tiempo en Berlín? Apúntate a una visita guiada en español para conocer al detalle los encantos de esta ciudad:

El primer día tratamos de recorrer la comentada “L”, tras tomar un capuccino medium por 2,90€ que, con ese precio, contribuyó en buena medida a nuestro despertar. En su recorrido se aparecen distintas paradas obligadas: El Monumento al Holocausto; la puerta de Brandenburgo y un largo paseo por el Bulevar del Unten Den Linden hasta toparse con el primero de los encauzamientos del río Spree. Justo antes, nos encontramos con el Museo de Historia de Alemania (Deutsches Historisches Museum) donde se incluía una exposición muy cuidada y documentada, conmemorativa del primer centenario de la 1ª Guerra Mundial.
 

El monumento al Holocausto

El monumento al Holocausto

A partir de aquí se abre un número incierto de recorridos, jalonados, por lo general, de puestos ambulantes de souvenirs, arte, música, así como terrazas al aire libre para tomar un tentempié. Casi todos te orientarán hacia la famosa isla de los museos, pero sólo si eres un consumado ironman podrías, después de lo caminado, soportar las colas y no acabar dormitando en el interior de un sarcófago. Mi recomendación es posponer esta visita e ir a la Alexander Platz

Según llegas, a tu derecha, dejarás varios edificios imponentes (Palacio de la República e Iglesia de San Nicolás principalmente). La plaza en cuestión no es especialmente atractiva. Es amplia y destaca una fuente (la Neptunbrunnen) en una temática muy similar (cuatro ríos) a la fuente de la Piazza Navona romana, aunque bastante más sobria para mi gusto (el que apenas tuviera agua debió influir notablemente). Luego está, por supuesto, la torre de Televisión que resulta ser el edificio más alto de Berlín (368m) y emblema de la ciudad y que dispone de un mirador en lo alto que permite visualizarla  en toda su extensión … Por lo que dicen, porque nosotros, haciendo bueno mis quiebros sobre lo indispensable, rehusamos subir.
 
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Junto a la plaza se encuentra el Rote Rathaus, sede de la alcaldía y que los arquitectos encontrarán interesante por su construcción íntegra en ladrillo rojo visto.
 
A estas alturas nuestro andar era penoso, así que pisoteando nuestros más elementales principios sobre cómo viajar, acabamos subidos en un hop on hop off. Triste confesión (y van dos), pero al menos regateamos y nos hicieron el precio como si tuviéramos la Travel Card; para que luego hablen de la ortodoxa rectitud prusiana.

Museo Nefertiti

Museo Nefertiti

Superando nuestras expectativas, -más allá de que mis cascos no iban y tuve que acabar compartiendo el de mi mujer- la ruta fue interesante, especialmente porque nos permitió ver la zona de embajadas que colonizan buena parte de los extensos jardines de Tiergarten. Una pena que ese mismo trayecto lo haga la línea 100 por una décima parte de lo que nos costó. En los aledaños del Tiegarten también vimos la estación de trenes (Hauptbahnhof)  que, arquitectónicamente hablando, es impresionante.
 
El segundo día lo centramos en la Isla de los Museos. Tras el cafetito de rigor, cogimos el metro y, tras un trasbordo, nos plantamos en las cercanías de la isla. Después de no demasiados cálculos optamos por comprar un billete de 4 viajes por 5,60€, un precio bastante razonable.

Al llegar, lo que parecía ser una manifestación contra Angela, acabó siendo la cola para entrar al museo de Pérgamo (oficialmente llamado Pergamonmuseum). Un frío cartel anunciaba una cola de 2 horas a pleno sol. ¡Planazo!, pensamos. De nuevo, los alemanes me decepcionaban; ni una triste pérgola corrida, parasol o artilugio que nos resguardase del sol. Por descontado que los bancos relucían por su ausencia. Total, que tirando del inglés de Ani (mi mujer)- con el mío aún estaríamos en el aeropuerto de Tegel- vimos la posibilidad de comprar un ticket que permitía acceder a todos los museos en un día por un precio de 18€. De esta forma invertimos el orden y fuimos primero al de Nefertiti (oficialmente llamado Neues Museum) y después, coincidiendo con la hora de comer (sobre las 14:00hr) ya hicimos una cola menor para entrar en el Pérgamo.

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Si bien el primero es aconsejable,-más allá de mi escasa sensibilidad hacia las vasijas, fragmentos decorativos y otros utensilios empleados en la noche de los tiempos – el de Pérgamo es casi una cita obligada y tampoco se hace especialmente largo. Obviar esta visita podría ser motivo de expatriación, según se rumorea.

Ishtar en el museo…

Ishtar en el museo…


 
Después de semejante ingestión cultural nos desvivíamos por una cerveza bien fría. Nos conformamos, sin embargo, con una cerveza fresquita y gracias. Algo más enteros, deambulamos por los alrededores del Centrum Judaicum y quizá debimos buscar una ruta menos amplia, pues aunque interesante el paseo, yo llegué al distrito Hackesche Höfe colorado y con calambres en un gemelo. El Hackesche trata de darle a la zona un aire bohemio y urbano, amparado en algún graffitti disperso y en sus patios conectados, algunos de los cuales, de forma simplista, logran un efecto muy placentero. Merece la pena un paseo relajado por toda esta zona.

Después, y quizá imantados por la irradiación de la antena de la torre de TV, acabamos de nuevo en la Alexander Platz. Confirmamos que todo estaba según el día anterior y nos cogimos un autobús que cuadraba ligeramente con la posición de nuestro campamento base.
 
Por las noches cenábamos tranquilamente en algunos de los locales de comida multicultural que se prodigan por la zona de Postdamer Platz. Nos gustó especialmente un restaurante indio (Amrit) situado frente al hotel. En todo caso, debido a nuestra insensibilidad gustativa  llegábamos absolutamente sobrios y con los pies abrasados a nuestra habitación.

Escapada de 5 días en Berlín (Parte 1)
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6 Comentarios
  1. Alberto 19 agosto 2014
  2. Six 20 agosto 2014
  3. Antonio Tovar 20 febrero 2015
  4. Maurice 25 marzo 2016
  5. Diana Melnik 25 marzo 2016
  6. JOAQUIN CERCOS COSTA 26 marzo 2016

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