Entrevista a Yola: una viajera insaciable

yolaYola es una viajera insaciable. Se estrenó hace casi un año en los largos viajes emprendiendo un viaje alrededor del mundo y en estos momentos la encontrarás en el salar de Uyuni, en Bolivia. Yola se distingue por su tremenda curiosidad viajera y esto se nota al observar el recorrido escogido por el globo lejos de las habituales “vuelta al mundo” que acostumbran a concentrarse en lugares turísticos como Delhi, Bangkok, Sydney, Buenos Aires y Cuzco. A Yola le pone meterse donde no la han llamado y su viaje se distingue de los habituales circuitos por destinos menos transitados como Swazilandia, Mongolia, Pakistán, Laos, Mozambique o Namibia.

¿Cuál es el motivo principal que te movió a realizar este largo viaje?
Gané un billete RTW en un concurso y me encanta viajar (por eso me apunté claro), no era plan tirarlo a la basura. El billete lo puedes consumir entre 12 días y 12 meses, pero en mi cabeza no entra una vuelta al mundo de menos de 6 meses y, ya que me pongo, pues aprovecho al máximo. No me lo pensé dos veces la verdad, pero habría sido igual. Aunque cuando tocó decidir un poco la ruta me dí cuenta de que necesitaría varias vidas para hacer todo lo que me gustaría.

¿Cuál es el lugar que más te ha sorprendido hasta ahora?
Hay dos cosas que influencian mucho, una son las expectativas que te creas sobre un lugar por lo que has podido leer o te cuentan otros viajeros y la otra es el lugar previo, de dónde vienes cuando llegas. Esto, por supuesto sin olvidar los gustos personales. Por ello, el sudeste asiático me sorprendió muy negativamente, y en cambio la provincia de Xinjiang en China me sorprendió muy gratamente.

¿Necesitas un alto nivel de inglés para viajar por el mundo o con cuatro palabras ya basta?
Incluso puede valer sin esas 4 palabras, si tienes otros recursos de verdadera comunicación. En ocasiones he actuado como si no hablase nada de inglés, y han sido momentos memorables. Probablemente será porque mi inglés es más que deficiente, pero tras este largo viaje me queda la sensación de que limita mucho la comunicación, la de verdad, la de mirarse a los ojos, sentir, jugar a las pelis o al pictionari.

En Lanhzou (China), los uigures que conducían el bus hacia Jiayuguan, ¡incluso me escribían lo que querían decirme en chino!, ¿te imaginas las risas? Tenían poca imaginación para gesticular, pero con todas las tonterías que yo hacía se les quitaba el sentido del ridículo y la mímica con exclamaciones y onomatopeyas reinó hasta el punto que la usaban entre ellos. Todo esto genera una complicidad que el inglés resta.

Desierto_Namibia
Me queda la sensación, sobre todo después de lo vivido en el sudeste asiático, con tanto australiano y americano merodeando, de que el inglés es para mentes cerradas, un idioma fácil para quien no tiene otros recursos. No digo que sobre, me parece muy bueno conocer otros idiomas, pero no me parece imprescindible en absoluto. Yo soy más amiga de COMUNICARME, como te digo, mirando a los ojos. Pero me puedo equivocar lógicamente, y ya digo que probablemente esta opinión esté forjada por mi déficit en la lengua inglesa.

El mejor hostal…
En lo que a calidad de servicios/precios se refiere, cualquiera del sur de Vietnam podría valer. Por 7 u 8 $ USA, tienes una habitación individual, con aire acondicionado (muy necesario por estos lares), neverita, cositas de aseo, y limpieza impoluta, o sea, bueno, bonito y barato, lo que nos gusta tanto a los latinos. En cuanto a ambiente, el mejor lo encontré en Ají Hostel, en Santiago de Chile, pero, he de decir que venía deseando salir de Asia y reencontrarme con el mundo latino, o sea que me sentó muy requetebién el ambiente de snowborders, esquiadores, estudiantes de español y viajeros varios de primera y segunda juventud (¿o ya estoy en la tercera?), donde la fiesta nocturna, más o menos de tranqui, está asegurada. Si a eso le añadimos la disposición desenfadada, tanto de los dueños como del personal, pues le ponemos la guinda. Aunque es más que probable que haya otros muchos con buen ambiente. Las circunstancias personales influyen mucho y es más que difícil ser un poquito objetiva en estas respuestas.

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Pero si quieres que te diga la verdad, los mejores alojamientos han sido entornos naturales, desiertos, montañas, lagos, playas… Un buen colchón de arena y todas las estrellas encendidas en el cielo solo para ti.

La mejor hospitalidad la encontré en…
En Pakistán sin la menor duda. Después de Siria, me ha parecido el país con las personas más hospitalarias, de los pocos países que yo conozco.

El lugar donde me sentí más insegura fue…
Inseguridad por mi integridad física no he sentido en ningún lugar. Por el temor a que me robasen algo, idéntico en todas partes, aunque he de decir que a África llegué con el chip y la información europeos, por lo que quizá tuve algo más de reparo y, en consecuencia, de cuidado, sobre todo al principio, pero no por lo que hay allí, sino por lo que nos creemos en España que hay allí, no es ni más ni menos peligroso que cualquier otro continente o país, incluso yo diría que varios países africanos son menos peligrosos que la propia España.

Hipopotamo
Si sentí inseguridad en el sudeste asiático, quitando Tailandia, y especialmente en Vietnam, donde me las metían dobladas, todas en el mismo carrillo. Cada mañana salía feliz y cada tarde regresaba indignada por algún motivo, algunos días mucho. Eso me hacía pensar un par de veces, cada día, si quería salir a la bendita calle, donde ya sabía lo que me esperaba. Y también he sentido inseguridad logística en algunas zonas de Vietnam y en el centro de China, porque hay lugares públicos, pero solo para público nacional, es decir mucha discriminación tolerada y popular. Es muy habitual encontrar alojamientos que no admiten extranjeros. Claro esto solo sucede si te sales un poco de la ruta Lonely, cosa que yo intento siempre por aquello de encontrar precios más parecidos a los locales.

La mejor puesta de sol que has visto hasta ahora…
Buena pregunta. Siempre que me la hacen afloran a mi memoria un millón de amaneceres en los que, aunque quisiera, no pude retener las lágrimas. Ya ves, mañanera que ha salido una, me gusta más disfrutar del “nacimiento” de un nuevo día, que de la “muerte” de uno que termina. Me cuesta encontrar ese ocaso tan intenso como cualquiera de los amaneceres, pero vamos a intentarlo.

Cualquiera de los vividos en los desiertos son mágicos, pero más que por la puesta del sol, por la situación en sí misma y porque el sol cierra su puerta para abrir la de las estrellas, fenómeno intrínsecamente mágico cuando se vive en el desierto.

O ver cómo la inmensidad de frío Pacífico se traga la bola de fuego.

Pero hay dos que destacan por encima de todos, y con intensidades tan similares que soy incapaz de decantarme por uno solo. El primero y más especial para mí, es el crepúsculo en Estaca de Bares (Galicia). Disfrutar desde la montaña de cómo el astro rey se funde uniendo mar y océano. Aquél acantilado es mi sitio especial, mi sitio energético. He podido vivir varios ocasos allí, y seguiré haciéndolo siempre que pueda.

El ocaso vivido en el lago Karakul, al otro lado de los Himalayas, en la cordillera Karakorum. Atila, la prima de Heidi en los Himalayas, me enseñaba a pastorear con mi cabra Takim y sus tres ovejas, cuando nos sorprendió una montaña que parecía estar en llamas. Por algo la llaman “montaña de fuego”. Dejamos de brincar y bailar a orillas del lago. Me olvidé de Takim y me senté a disfrutar de cómo el astro rey pintaba el paisaje de asombrosos colores. Atila se sentó en mi regazo y allí, las dos acurrucadas por el frío, permitimos que las emociones rodasen por nuestras coloradas mejillas. Fue un rato realmente especial.

Aunque se que las fotos de naturaleza rara vez hacen justicia a lo visto y vivido in situ, a las pruebas me remito.
Panorama 2

Panorámica ocaso Karakul

¿Qué país no repetirías ni loca?
Tendría una respuesta muy fácil pero, por un lado está que no soy amiga de repetir lugares, el mundo es enorme y me encantaría conocerlo ¿todo? Me cuesta repetir y solo lo he hecho, hasta ahora, con un país, Egipto, y porque fueron dos viajes completamente diferentes (aunque creo que volveré); Con una provincia: Galicia, a la que siempre volveré; Y con una ciudad: París, por circunstancias de la vida.

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Por otro lado está aquello de “nunca digas, nunca jamás”. Hay países a los que yo jamás volvería en las mismas condiciones, pero son ideales, por ejemplo, para llevar a la familia, aunque suene contradictorio. Es decir, son países vacacionales, bonitos geográficamente pero desagradables para viajar de verdad.

No volvería ni loca a un país donde me han tratado mal, me han discriminado, o donde he pasado suficiente tiempo y he conocido todo lo relevante que tiene. Los que he conocido lo suficiente han sido Laos y Camboya, no quiero más y no creo que vuelva. Y el que reúne todas las condiciones, incluso para borrarlo de mi planisferio del despacho es Vietnam, al que no llego a odiar porque ni siquiera se merece sentimiento tan grande y profundo, que además me robaría mi energía. Ahora mismo, lo dicho, para mi como si no existiera. Igual suena un poco tremendista, y seguro que esta sensación disminuirá con el tiempo y la perspectiva lo irá matizando hasta convertirlo en una experiencia anecdótica e incluso divertida, pero de verdad me trataron tan mal, que ahora mismo…

¿Cuál es el lugar donde el contraste cultural te ha impactado más?
Esta me resulta extremadamente difícil, porque me ha parecido que todos somos iguales. Quizá mi capacidad de mimetismo me resta criterio en este sentido. O igual me doy cuenta de esas diferencias culturales cuando regrese. Por el momento, más bien me parece que el contraste está relacionado con un tema de desarrollo y educación social. Y resulta que los que pertenecemos a países más desarrollados, vemos como “contraste cultural” las costumbres que tienen en países menos desarrollados.

Geiser del TatioPor poner un ejemplo absurdo, nos llama la atención que escupan constantemente en los países asiáticos, y nuestros abuelos (o bisabuelos) también hacían eso. O la forma de conducir en algunos países, no hay que mirar muy atrás para ver la forma salvaje de conducir que había en España.

Quizá nos parezca que las religiones marcan serias diferencias, pero yo creo que todas hablan de hacer el bien al prójimo y a ti mismo, del amor absoluto y verdadero y, curiosamente, en todas ellas, los “fieles”, y siempre generalizando, se dedican a putear fastidiar al prójimo, consciente o inconscientemente, por una cuestión de intereses, lo que me invita a hablar del egoísmo personal reinante en el mundo. Por cierto los cristianos, católicos o como nos llamemos somos lo peores. Pero quiero hacer constar que personas buenas también hay en todas casi todas partes.

Nos llama la atención que la religión musulmana permite a los hombres contraer matrimonio con 4 mujeres diferentes. Entre tú, que eres tío, y yo (o mi 50% masculino) ¿cuántos hombres occidentales conoces que son realmente y por siempre jamás monógamos? No hace falta que contestes, conozco la respuesta, la verdadera, no la que daríamos públicamente. Y si hay alguno, ¿por cuánto tiempo lo es? Y para todos los que se puedan ofender con este comentario ¿quién mantiene la prostitución en el mundo? Yo no me trago que sean solo 4 degenerados, vamos creo que eso no se lo traga nadie. Cuando digo hombres hablo de ser humano, no vayamos a malinterpretar que las mujeres también nos las traemos, aunque creo que algo menos que ellos todavía. Estaría bien que nos liberásemos un poquito en este sentido y dejásemos de ser tan hipócritas con nosotros mismos. Hacemos lo mismo que ellos pero a hurtadillas, o ellos lo mismo que nosotros, porque son muy pocos los que “aguantan” a más de una mujer en matrimonio.

También nos asombramos en aquellos países donde se casan jóvenes de 16 años o incluso menos, aquellos donde lo hacen por un acuerdo entre familias y aquellas familias que tienen tantos hijos como para completar un equipo de futbol. ¿A qué edad se casaron nuestras bisabuelas? La familia de mi abuela eran 7 hermanos, y era considerada una familia pequeña. Los acuerdos matrimoniales entre familias han existido siempre, y si, también en España, aunque haga tanto tiempo que no seamos conscientes de ello.

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Tristemente he encontrado televisores de plasma de 32 pulgadas en chozas de madera que gemían en intentos de sostenerse en pie. En la yurta del Karakul había televisión, radio y energía para la luz y para cargar los móviles, alimentados con placas solares, en cambio la cocina era de leña (heces de yak secas) y la ropa se lava a mano con el agua del lago (helada). Me parece absolutamente vacío y contradictorio.

Desierto
Yo misma, de pequeñita, también era feliz con un montón de arena y un chorrito de agua, haciendo castillos y figuras todo el día. A lo que voy es a que no me parece del todo cierto que la gente menos favorecida sea más feliz con menos, o aprecien más las cosas tan básicas y esenciales. El niño que tiene una chapa quiere una canica y ese una peonza. Disfrutan de lo que tienen porque no les queda otra, pero quieren más. El de la peonza quiere un balón, el del balón una bici y el de la bici una moto. El mundo se ha convertido en un comodón ambicioso y lo que yo he visto en esos que parecen más felices es más bien una sensación de resignación, parece que han tirado la toalla porque creen que no tienen opción a más. No creo que sea cuestión de buscar culpables, creo que lo somos todos y cada uno de nosotros. Lo que si es cierto es que resulta prácticamente imposible escapar del sistema, me refiero al sistema mundial.

Si quieres, y por decir algo, me llamó la atención que en Pakistán todavía practican la circuncisión a todos los niños. Ellos creen es mejor por higiene y demás (lo que les quieran vender claro). En la parte que yo he conocido de China y también en Pakistán, todavía piensan que una mujer, cuando está menstruando, está impura o sucia, y por tanto no se puede practicar el sexo. Tenías que verme explicando al morito de turno que el sexo durante la menstruación es mucho más placentero para la mujer por el indudable aumento de la sensibilidad. La cara de mi “padrino” pakistaní no tenía precio. O que las mujeres no se lavan durante la menstruación. Pero volvemos a lo mismo, algunas de estas cosas, también las he oído en España, creo que es algo que irá desapareciendo con el tiempo, el desarrollo y la educación del personal.

Realmente no he encontrado tanto contraste cultural, sino más bien temporal o de desarrollo, un poco político (educación social) y, si quieres, algo de religioso.

¿Tras estos meses de experiencia viajando qué consejos le darías a la Yola virginal de hace un año que todavía no había salido a la aventura?
Yo creo, y quiero, que la Yola actual sigua siendo igual de virginal que la de hace un año, a ser posible un poquito más cada día. Y tampoco me considero quién, para dar consejos, ni a mi misma, porque ni me escucho ni me hago caso. Lo único que te puedo contar es lo que me he repetido a mi misma muchas veces durante el viaje. En la fase Africana me decía: ¿dónde estará el peligro del que tanto se habla? En la fase asiática: SIN PIEDAD Yola, SIN PIEDAD que se meriendan tu dignidad con arroz. Ahora, en la fase sudamericana, estoy como en casa, esto está chupao, así que nada de nada en consejos.

Y a pesar de que ahora no preparo nada de lo que voy a hacer, es decir, todo va surgiendo sobre la marcha, por las características de este viaje, sigo pensando que se deben preparar los viajes, informarse, mejor por boca de otros viajeros, de lo que se cuece por el país anfitrión, no sea que esperemos un entrecot y nos encontremos una ensaladita…

Leopardo

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7 Comentarios
  1. David 2 noviembre 2009
  2. David 3 noviembre 2009
  3. Yola 3 noviembre 2009
  4. David 3 noviembre 2009
  5. Félix 3 noviembre 2009
  6. Yola 4 noviembre 2009
  7. Olga Pierra 29 julio 2011