El palacio de Knossos en Creta

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Hace unos años viajamos desde Dublín a Creta aprovechándonos de un pack turístico a muy buen precio que nos ofrecía un vuelo directo a Heraklion y seis noches en una zona turística de la isla.

Aprovechamos la oferta para montarnos el viaje a nuestro gusto añadiendo a la aburrida semanita de resort un coche alquilado para visitar Creta durante unos días, un ferry que nos llevaría a Santorini para pasar un par de días y un vuelo doméstico para visitar Atenas.

Durante nuestra estancia en Creta, no podíamos perdernos la visita al palacio de Knossos (o Cnosos). Sin duda, uno de los lugares más legendarios del planeta.

Cuenta la historia que un hombre mitad hombre mitad toro se encontraba encerrado en el palacio de Knossos y solamente se alimentaba de carne humana. Sufría la consecuencia del castigo que el dios Poseidón impuso a su padre Minos II por no haber ofrendado un toro en su honor como había anteriormente prometido. Al engendro, lo llamaban el Minotauro. Por tal de esconder semejante pesadilla, Dédalo construyó un laberinto donde encerraron a ese ser mitad hombre mitad animal.

Durante años el rey ordenó llevar a siete doncellas y siete jóvenes venidos del subyugado pueblo de Megara al laberinto como alimento para el Minotauro. Teseo, una vez, se introduzco en el grupo de ajusticiados y se dirigió al laberinto con el propósito de acabar con la bestia y ganarse el corazón de la hija del rey Minos; Ariadna. Gracias a la astucia de la chica, con un cordel marcó el recorrido que realizaba, consiguió matar a la bestia y pudo retomar sus pasos hasta la salida. La bella Ariadna, hija del rey de Creta, se enamoró de él y juntos partieron hacia Atenas aunque Teseo, finalmente dejó a la chica abandonada en la isla de Naxos.

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Esa, a grandes pinceladas, es la leyenda del laberinto y uno en el autobús camino al palacio de Cnosos no puede evitar darle a la imaginación y revestir las ruinas en gigantes muros y, en definitiva, reinventar la realidad del presente con toques de un fascinante pasado de dioses, minotauros, amores y héores.

Desde Heraklion nos subimos a un autobús de línea que nos dejó a las puertas del palacio de Cnosos en unos 30 minutos.

Poco queda del antiguo templo en pie hoy en día. No en vano, se construyó alrededor del 2,000 a.C. y fue destruido por un terremoto tres siglos más tarde. Según dicen los arqueólogos, constaba de 1,500 habitaciones y comprendía un espacio de 17,000 metros cuadrados.

De todas maneras, hoy en día todavía se pueden admirar unas cuantas construcciones. Las columnas están decoradas con pintura nueva aunque no rompe en excesivo la construcción original. La mayor parte de la visita discurre bajo el sol excepto cuando se visita la Sala del Trono. Acostumbra a haber una larga cola de visitantes a la espera. De todas maneras, merece la pena gracias a los exquisitos frescos y esculturas que se diseminan en la cámara, lo mejorcito de la época minoica, como la diosa de las serpientes.

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